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España
DIFICULTADES DEL POEMA LIBRE
La palabra, puesta al servicio del arte

15 de marzo de 2006

par César Rubio Aracil

Inteligencia y emoción son consustanciales en poesía.



En base a mi propia experiencia.

No son pocos los poetas que consideran el verso libre o suelto de manera inapropiada. Si bien es verdad que el poema libre prescinde del metro y de la rima, no es menos cierto que, con ello, no quedan superadas todas las dificultades que se presentan durante su elaboración. Según se me ha enseñado, y he leído en algunos tratados sobre preceptiva, deben evitarse las asonancias, no digamos las consonancias, y también, salvo en casos especiales, las aliteraciones (recordemos el verso de Rubén Darío, “ya se oyen los claros clarines”). En cuanto a las cacofonías, resultan tan desagradables en cualquier poema que no merece la pena abundar sobre el particular. Son molestas e incluso, hirientes. Por ejemplo, en este verso que me invento: “Engaña la espadaña en el silencio...” “Engaña” y “espadaña”, por muy hermosa que resulte la imagen estrófica, o el verso en sí; por muy logrado que haya quedado el poema, desluce e invalida la creación del mismo. Ambas terminaciones (“aña”), cuya consonancia muerde, aun estando algo alejadas de sí mismas, me suenan a música ratonera. No voy a entrar en tecnicismos, sino a exponer mis ideas al respecto y, con un lenguaje sencillo, tratar de transmitir algunas de las experiencias que vivo mientras elaboro poemas blancos, y a veces versos libres. Por poner un ejemplo, analicemos el poema que transcribo a continuación, corregido tres veces por nuestra amiga de Mundo Cultural Hispano, Diana Gioia, profesora lingüista de la Universidad de Valencia, y lo mismo en Metáfora (escuela literaria en Internet).

Primera versión

Tengo desgajada el alma

 y cosida la memoria.

 De mí sólo quedan briznas

 tejidas a pie de amor

.

 Hilachas de sol errante,

 los recuerdos montan guardia;

 atisban el horizonte,

 vigilan mi liberrtad.

 

¿Quieres ser otra vez vuelo

 en la cruz de la veleta?

 "¡Alarma!", grita iracunda

 la coz del último adiós.

 

Mas luego, rima indulgente

 de consonante caricia,

 el abrazo del olvido

 viste a las sombras de tul.

 

 Ni cantos ni chirimías.

Amortajados anhelos

 escrutan cielos prohibidos.

 -¡Luz de mi luz!

                       -¡Aquí estoy!

 

Respuesta de Diana Gioia

"Augus, conviene luchar contra las asonancias (Ret. En prosa o en poesía, uso inmotivado de voces que se corresponden unas con otras, hiriendo el oído. DRAE. Todos los paréntesis de este análisis son míos). Sigue Diana: “desgajada-alma” (primer verso del poema). Hay otras que no están en el mismo verso: “cosida-Briznas-tejidas”. Lleva cuidado con las asonancias en formas verbales: “atisban-vigilan”. Y las rimas agudas: ser-vez."

 

Puedo aseguraros que antes de publicar este poema en Metáfora, lo miré con lupa. ¿Frustración? ¡Qué va! Quedé satisfecho de sentirme aprendiz de poeta, puesto que sé de mis limitaciones y quiero progresar, y de poder contar con una amiga de la talla intelectual y humana de Diana.

 

Segunda versión

Tengo brujos en el alma

 y en la memoria pespuntes.

 De mí sólo quedan briznas

 hiladas a pie de amor.

 

 Hebras de mi sol errante,

 los recuerdos montan guardia,

 otean el horizonte,

 descubren mi libertad.

 

 ¿Quieres emprender el vuelo,

 amigo de la veleta?

 "¡Alarma!", grita iracunda

 la coz del último adiós.

 

 Mas luego, rima indulgente

 de consonante caricia,

 el abrazo del olvido

 viste a las sombras de tul.

 

 Ni cantos ni chirimías.

 Amortajados anhelos

 escrutan cielos prohibidos.

 -¡Luz de mi luz!

                     -¡Aquí estoy!

 

Puede que haya quedado algo mejor. No obstante, seguiremos puliendo. Gracias.

 

Respuesta de Diana

"Sólo encuentro dos rimas agudas en el último verso del primer y tercer cuarteto (“amor-adiós”), y algo de importancia, una rima consonante: ANHELOS-CIELOS. Ésa sí que hay que eliminarla, Augus".

¡Jesús, qué cruz!”, pienso, y me da por sonreír. ¿Qué podía hacer? ¿Flagelarme? Todo lo contrario: seguir aprendiendo y poner más atención. Podrá parecer una nimiedad que en un poema blanco se dé alguna que otra asonancia. ¡Pues no! La poesía, como cualquier arte, precisa del retoque. ¿Por qué un pintor puede, y debe, dar cien pinceladas para retocar su obra, y un poeta no? El poeta, en mi criterio, es un pintor de la palabra. Sentimiento, sí; pero también, a la par, arte. La conjugación de ambos conceptos, son imprescindibles para elaborar un buen poema.

 

Tercera versión

Cuando los versos, en lo fundamental, no salen a la primera, mala cosa. Este poema ha nacido condenado. No siempre la Musa está dispuesta a coronar con laureles la cabeza del poeta. Cuando esté dispuesto a escribir versos me vestiré de mujer, a ver si de este modo puedo enternecerla, porque he perdido toda capacidad de seducir a las diosas. Insistiré en las correcciones. A lo mejor tengo suerte y de la Hipocrénides mana el agua que necesito para saciar mi sed. Voy a ello.

Tengo brujos en el alma

 y en la memoria pespuntes.

 De mí sólo quedan briznas

 -íncubos de mala fe-.

 

Hebras de mi sol errante

 los recuerdos montan guardia,

otean el horizonte,

desvelan mi libertad.

 

¿Quieres emprender el vuelo,

amigo de la la veleta?

 ¡Alarma!, grita iracunda

 la coz del último adiós.

 

 Mas luego, rima latente

 de consonantes caricias,

 el abrazo del olvido

 viste las sombras de tul.

 

 Ni cantos ni chirimías.

 Mortaja de mis tinieblas

 escrutan cielos prohibidos.

 -¡Luz de mi luz!

                      -¡Aquí estoy!

 

De nuevo Diana

"Tus versos han ganado con los cambios. Siempre ocurre así, no estoy de acuerdo con que cuando no salen a la primera es mala cosa, tú lo sabes bien, los mejores son los más elaborados, ¡no los más rápidos! No hago ahora otra cosa en poesía que corregir, y cuando comparo ... nada que ver con lo que salíó al principio!"

 

Mi opinión

Estoy de acuerdo con Diana, como asimismo con Ricardo Monforte (entrañable amigo, profesor en Metáfora, que lucha por defender la buena poesía). En este aspecto, no puedo contar con el mismo criterio de conocidos poetas y escritores, más dados a los “nuevos tiempos” que al respeto de la preceptiva. ¿Qué nos sucede cuando contemplamos una escultura, o pintura, actual, de trazos y relieves antiestéticos, a lo peor excelentemente valorados por críticos y expertos en arte? A mí, por lo regular, me causa desazón. “¿Será que carezco de fina sensibilidad?”, pienso algo atormentado por mi tosca preparación. Pero no. Hay cosas en arte, que ni con embudo me entran. Mucho menos, cuando se trata de música o de poesía. El poema que hemos tratado de analizar, no es un modelo del buen hacer poético; soy consciente de ello y lo admito con la satisfacción de quien da de sí mismo cuanto posee. Pero si no alcanzo la altura poética de otras personas, ¿por qué preocuparme? Lo importante para mí es que trabajo e intento hacer las cosas lo mejor posible. Si con ello motivo a ciertas personas inquietas, que tienen más talento que yo, ¿no es suficiente para sentirme gratificado? Con el verso libre, la cosa se complica bastante más. No sólo basta con respetar la preceptiva; también es necesario guardar la cadencia (aire, ritmo, compás) que, al tratarse de versos con distinta medida (octosílabos, endecasílabos, eneasílabos, etc.), dificultan la elaboración del poema. De lo contrario, como sucede a menudo, y eso todos lo sabemos, el poema se convierte en una mala prosa. El sentimiento, cuando estamos creando, nos sale a borbotones, ¿no es cierto? Entonces, si no me equivoco, ¿no es conveniente ordenarlo y darle la forma que le conviene a la emoción? ¿Por qué dejarlo huérfano de nuestra inteligencia? ¿Qué sucede con el diamante en bruto? ¿Tiene el mismo valor cuando aún no está pulido? ¿Acaso la poesía no es un diamante del espíritu, que necesita de una buena talla? ¿No es el poeta un orfebre del sentimiento? No sé mucho más acerca del verso libre, y en este punto me planto. Sólo sé que, si no sigo aprendiendo, le haré un flaco favor a la Poesía.

Augustus.

César Rubio Aracil