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Sobre habla popular (II)

Raimundo Escribano

España



Nuestra lengua evoluciona y crece pero le pasa lo que a un niño con su ropa: a medida que se desarrolla, le va quedando estrecha y, parte de ella, inservible. Cuando la lengua crece demasiado deprisa, su traje -el diccionario- se le queda pequeño. De ahí la regularidad en las ediciones del DRAE y la proliferación y puesta al día de los “otros” diccionarios: ideológico, de dudas, de argot, de sinónimos y antónimos, del español actual, de extranjerismos, fraseológicos, de refranes, etc.

Con tanto cambio y renovación siempre hay un buen número de lexemas que se pierden o cuyo uso queda restringido a zonas reducidas, pero que merece la pena guardar documentalmente porque son los indicadores de por dónde se trenzaron, con los hilos del tiempo, las viejas formas expresivas. Urge, por tanto, recoger esas voces antes de que pierdan su sentido inicial o queden obsoletas y pasen a ser arcaísmos que desaparecerán con el paso de los años. Sirva como ejemplo, encalle, eje direccional del carro, vehículo éste ya desaparecido del mundo rural. O el término pesetero.  Desaparecida  la peseta como unidad monetaria, el significado que le asignó el habla popular como persona tacaña, apegada al dinero -la peseta-carece, hoy, de sentido. Otro tanto ocurre con la expresión mirar la peseta y con algunas viejas monedas, como perra gorda o perra chica, llamada también perrilla, por lo que la expresión estar desperrillado, (no tener dinero) carece de virtualidad. Tal conservación incumbe, principalmente a la Universidad y estamentos relacionados con la lingüística No estaría de más que los catedráticos se acercaran a los viejos en las plazas de los pueblos, aunque Severo Pop no les considere “informadores” idóneos, ya sea por viejos, ya por iletrados, en muchos casos).

Aunque se sigue produciendo el fenómeno a que me refería en mi anterior entrega, esto es, la formación de “microidiomas” al margen o sin respetar las reglas académicas establecidas (últimamente más en el mundo virtual), la creación de nuevos términos en el habla popular entre la población donde la cultura tiene menor asiento, viene siendo más lenta en los últimos años, sin duda por el poder comunicativo y la influencia de los medios a los que la técnica ha otorgado la capacidad de llegar a todos los rincones.

Continuando mi modesta aportación al conocimiento del habla popular castellano-manchega ofrezco una nueva serie de lexemas que, bien por  hallarse en desuso o por haber adquirido significado distinto al que les reconocen academias y diccionarios (p.ej. el apelativo chica con que en algunos lugares el marido acostumbra llamar a su mujer en el seno de la familia) suelen escapar al estudio de los especialistas. Otros ejemplos: canutero, en lugar de cañutero, tubo con tapa roscada para guardar agujas;  pijotero, exigente, puntilloso; chaspante, parlanchín, hablador.

Entre los fenómenos lingüísticos que registra la pronunciación de muchos de estos lexemas, es de notar la frecuencia con que desaparece la d, ya sea final de palabra: libertá, mercé, verdá, ya sea intervocálica en los participios de los verbos: vendío, llegao, en adjetivos: cansao, relajao e incluso en  nombres:  mercao, cercao, etc.

También se producen aliteraciones notables: alredor (alrededor); callase (callarse) muchismo (haciendo, incluso, desaparecer el efecto esdrújulo); apócopes: na (nada), mu (mucho), to (todo) pa (para).

En algunos lugares de Castilla un fenómeno muy extendido consiste en el empleo de sufijos que apenas aparecen en el habla culta: He aquí algunos: “ete” (mocete, perrete, helaete); “ota” ( chicota); “eta” (molineta);  “eja” (goteja, copeja); “ote” (listote, mandote).

 Asimismo hay lexemas formados por la distorsión de la eufonía de otros:  mesunje por mejunje; palancana por palangana, escalabrar por descalabrar, corbetera por cobertera, roína (deshaciendo el diptongo) por ruina, casolidá, por casualidad.

Algunos de los localismos que aquí figuran pueden haber incurrido en lo que Ferdinand de Saussure  denomina “mutabilidad de los signos”, cambiando su significación en los últimos treinta años, fecha a la que ha sido capaz de transportarme mi memoria retrospectiva, habiendo añadido los que, en mi condición de modesto  rastreador de palabras,  he ido recuperando  acá y allá.

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aguarón (bolsa de esparto, para cargar cántaros u otros objetos sobre caballerías); ahijón, por aguijón (extremo del palo en que se ensambla el aspa del molino); ajopatatas  (guiso a base de este tubérculo y algunas especias); alcatrapas (término de dudoso significado; estar hasta las alcatrapas); anca (a casa de) apagacandiles (libélula, insecto volador de colores vivos); apescao subido en la vara o estribos del carro); apuntador (en las bodegas llevaba el control de las pesadas de uva); arañón (araña de cuerpo pequeño y patas muy largas); arfada (cabeceo, movimiento atenuado); arreglo de boda -generalmente “arreglo boda”-    petición de mano; solía ir seguido de fiesta); artesilla (artesa alargada para lavar la ropa a mano); asadillo (fritura similar al pisto pero predominando el pimiento rojo); atacarse (vestirse, subirse los pantalones después de hacer de vientre); atascaburros (gachas manchegas con patatas fritas dentro); atralsillar (rodear, envolver); barquinazo (dar o pegar el, irse a la ruina un negocio); belorcio (atontado, medio lelo); berza (verdura, legumbres; en el cocido lo que no es la sopa ni la carne); blanquinuso (blanco, vacío, huero); boleón (canica de mayor tamaño que las corrientes); bombo (construcción abombada con piedras en el campo manchego): borrucho (asno, burro); boterilla (calleja corta y estrecha); breve (guiso con hígados y picante); briareo (en el lenguaje literario molino de viento, símil de Aegeón, el mítico gigante de los cien brazos); cabestrillo (parte del arado); cabezuela (elevación del terreno); cagurria (diarrea, vientre suelto); calina (calor excesivo); caliche (juego, consta de un palo -trozo de horca, etc.- y herraduras); cañamique (canica del tamaño más pequeño); capota (rosa); cascabil (parte dura de la pezuña del cerdo); cata (orilla de pan ahuecada y rellena de aceite, tomate u otro alimento; cebolo (tontorrón, bobo); cibanto (pedregal); cocero (pequeña casa de campo con fuego bajo, camastros y pesebres para las caballerías; colgaeras (uvas para colgar y posterior consumo); continico (con continuidad, llueve continico); corcusilla (el hueso sacro); cosario (recadista, trajinero); croncho (agrietado, labios cronchos por las colillas); culsebrar (remendar los harapos); curcuño (ovillo); chiflos (tripas de cordero guisadas); chirro (voz con que se llama al cerdo); chota (tupé, cabello que cae sobre la frente); chucha (mucho calor, bochorno); chupón (trozo de hielo); denguno (ninguno); empancinar(se) llenarse la panza de comida o líquido); encascabelar(se) (quedarse embobado, prendado por algo o alguien); enca  (en casa de); encebollado (fritada de conejo con cebolla); encodrijar (endurecerse un alimento -patatas, lentejas, etc.- por mal cocidos); entalamo (toldo de carrizo y lona en los carros); entinacado (podrido, descompuesto); esbrear (tundir a golpes); escabillo (escabel, apoyo para los pies); escobón (escoba muy gastada y corta; se usaba en el jalbiego); esgonce (lo que está fuera de escuadra) espiga de lobo (espiga silvestre, sin grano); espindargo (persona muy alta y delgada); espoleo (estropicio, desorden); espuerta (pareja de vendimiadores); excusado (retrete); flemón (parte del arado de vertedera); follar -las gachas- (hervir cuando ya están casi a punto de cocción); fondinga (humor, genio, generalmente mala fondinga); galapacho (zurrón, bolsa); gandingar (hacer el vago); goterales (antiguo nombre de la contribución sobre fincas); gracia, tener (poseer facultades paranormales), guadramaña (embuste, artimaña); guifo (mueca, gesto); hijada (parte del arado); jaripeo (juerga, bulla); lejío (lugar apartado y solitario); lonja (en algunos lugares de La Mancha, tienda de tejidos); macocas (que gusta de caricias); malfachado (mal formado, contrahecho); maseguero (segador del carrizo); mayos (serenata nocturna que durante ese mes dedican a la Virgen, a las novias, madres, etc. los rondadores); moniquito (hablar en voz baja); mozo viejo (hombre que permanece soltero a determinada edad); mudete (mudanza, cambio de casa o traslado de ajuar); muéllega (piedra de sustentación en el mecanismo del molino de viento); orilla (en el pan de hogaza, corte alargado de un trozo en uno de sus bordes); pairón (vigilante, vigía); pajujo (no pagar o entregar nada: ni un pajujo); palillo (paluduz; mandar a alguien a sacar palillo); pan de rabo (pan especial de sabor exquisito); pasivoleo (limpieza rápida y ligera); pelifustero (pícaro, truhán, mala persona); pernales, por pedernales (trozos cortantes de sílex:, trilla con pernales); peyuela (albóndiga de pan rallado, huevo, ajo, perejil y si se desea, bacalao); picacoz  (caminar sobre un solo pie); pierde, no tener (no tener pérdida, es fácil llegar); pinche (pincho, rastrillo de pinches); posijo (asiento bajo, generalmente, de pleita o anea); presente (parte del cerdo que se regalaba a familiares, amigos, etc. en las matanzas; provincia (en el pan redondo de hogaza, su cuarta parte) rabote (parte del  molino); rastral (pieza que se acopla al pedal de la bicicleta); realenco (caballería sin domar) revientalobos (comida a base de guindilla muy picante); rige (uso de razón; no tener rige, estar loco); ronde (redondel, círculo pintado en el suelo para juego de niños); rueda catalina o del aire (pieza principal del molino); saber (recibir carta o noticias de alguien); siempresobra (el laurel, en las comidas); somallao (guiso parecido al tiznao); surto(a) (campo o tierra en calma, gen. viña); tablilla (cartel que en las bodegas  anunciaba diariamente el precio de la uva en la vendimia); tiznao (asado de pimiento rojo, bacalao, tomate y patata en aceite crudo); toquillón (toca larga, de lana, con flecos, que aún usan algunas mujeres en los pueblos, como abrigo); toreras (en el lenguaje infantil de las niñas, muñecas recortables); torro (espectáculo pesado y aburrido); trechera (parte del molino); trompiqueta (voltereta); tupía (cosa excesiva; p.ej. darse una tupía a trabajar); vacie (lugar en las afueras donde depositar escombros, enseres, etc.); virusa (órgano genital masculino; en los niños, pilila); voltijear, por voltejear (voltear las aspas del molino); zalandro (trozo grande de pan); zirote (excremento humano o de diversos animales; zufra, por sufra (correa ancha que aguantaba las varas del carro en sus extremos).

 

                                                                                               Continuará

Este artículo tiene © del autor.

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