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MISTICISMO Y FÍSICA MODERNA (I)

César Rubio Aracil

España



El hombre es un solo ser, manifestado en la variedad.

Es normal que las palabras “misticismo” y “ciencia” puedan parecer antagónicas. De hecho, si nos atenemos a la interpretación que de las mismas se hace desde la visión reduccionista como aportación científica de Newton y Descartes al progreso, es evidente la confrontación. Sin embargo, no sucede lo mismo al estudiar el significado de ambos vocablos de acuerdo con los portentosos avances científicos que, a partir de finales del siglo XIX y sobre todo por la contribución de la Física al desarrollo humano, deja obsoleto el paradigma mecanicista.

Newton y Descartes concibieron el comportamiento universal como el de un perfecto mecanismo de relojería. Todo fenómeno (físico, químico y biológico) respondía a la ley de causa y efecto o acción y reacción y cada pieza del monumental puzzle tenía su misión específica en el engranaje cósmico, aunque a ningún elemento se le atribuía influencia sobre el conjunto del que formaba parte. Por poner un sencillo ejemplo: Ahora sabemos que una alteración psíquica puede perturbar el buen funcionamiento hepático y, por derivación, crear una seria patología cardíaca, renal o pancreática. Es lo que se conoce como efecto psicosomático. A la inversa, un órgano enfermo puede afectar a la mente. Es decir, cada parte del cuerpo biológico tiene una estrecha o íntima relación con el todo viviente. Lo mismo sucede con el llamado ecosistema (si esquilmamos las aves insectívoras crecerá el orden zoológico del que forman parte los insectos).

Con el advenimiento de la física moderna (relativista y cuántica) se operó un notable cambio en el modelo de pensamiento científico y, por extensión, del concepto social que se tenía de las cosas en aquellos momentos. Max Planck, Einstein, Bhor, Broglie, Heisenberg, Schrödinger y Dirac, entre otros físicos (no sin llegarse a grandes discusiones, como las que mantuvieron Bhor [representante de la Escuela de Copnhague] y Einstein sobre sí o no a la ley de causa y efecto en el submundo atómico) aportaron ideas y soluciones capaces de convulsionar a la comunidad científica internacional y a todo otro ser pensante. Es aquí, en este punto, donde podemos constatar la confluencia que se da entre ciertos conocimientos místicos y los nuevos descubrimientos de la Ciencia.

Los místicos, por ejemplo, decían -y aún sostienen la creencia- de que el punto “Laya” (pura materia virgen) es fecundada por “Bindu” (esperma cósmico). En paralelo, muchos científicos piensan que algunos cometas, portadores de proteínas, fertilizan determinados planetas en formación al colisionar con aquéllos.

Otra coincidencia entre místicos y científicos:

Los místicos siempre han sostenido que observador y objeto observado forman parte de un mismo sistema. Los físicos han descubierto que la simple observación modifica el objeto observado. Es el caso del artificio mental denominado “Gato de Srödinger”, para hacer posible al vulgo la comprensión de por qué el electrón es a la vez onda y partícula.

El "gato”, según se desprende de los estudios científicos, está vivo y muerto a la vez. Esto quiere significar que el electrón, como queda dicho, es a la vez onda y partícula. Sin embargo, en el mismo instante del experimento, cuando el físico abre la caja donde está el gato, lo encuentra vivo, o tal vez muerto, pero nunca vivo y muerto, como en realidad lo está por su propia naturaleza de onda y partícula (recordemos que el gato simboliza el electrón). ¿Qué ha sucedido? Sencillamente que, al ser observada, la sustancia queda modificada. Por eso mismo los físicos pueden determinar exactamente dónde está un electrón en su orbital, o su velocidad, pero nunca han logrado establecer a la vez la velocidad y el momento del componente atómico.

Otro ejemplo nos viene a decir lo mismo en esencia, como sucede con el experimento de la doble rendija. Consiste en lo siguiente:

Imaginemos tres elementos. Un foco emisor de fotones, una placa con doble rendija y una pantalla que situaremos en la última posición. Cuando el fotón queda liberado penetra a la vez por ambas rendijas (se ha comportado como onda). Si la placa situada entre el foco emisor y la pantalla sólo contiene una rendija, el fotón se comporta como partícula. Y al final del experimento se sabe (se puede calcular de antemano) las veces que un fotón impacta sobre ésta u otra parte de la pantalla; pero es imposible (al menos por hoy) conocer fotón por fotón dónde dejará su marca cada uno de ellos. La accidentaliad, o llamémoslo azar, es evidente.

Einsten sostenía (al parecer equivocadamente) que en el mundo subatómico rige, como en el caso de la física newtoniana, la ley de causa y efecto. De ahí su disputa con la llamada Escuela de Copenhague. Creía en lo que él llamaba variables ocultas. En definitiva, sugería que la ciencia no había avanzado lo suficiente como para poder estudiar en el comportamiento de las partículas las causas y sus correspondientes efectos.

Si la Religión y la Ciencia se diesen la mano, ¡cuánto iba a ganar el mundo! No me refiero a las religiones oficialistas (cristianismo, judaísmo, islamismo, etc.) que todo lo que tocan lo embrutecen por sus ansias de poder, sino a la religión natural como parte consustancial del ser humano. El místico siente la integralidad del universo, porque él mismo es un microcosmos en el que está contenido el saber universal. El científico representa la parte analítica de la existencia: divide el todo para estudiar sus infinitos fragmentos. Análisis y síntesis son partes complementarias e indispensables de la unidad para ir arrancando a la Naturaleza sus secretos. Enigmas que les están vedados a los dogmáticos.

Yo quisiera desde esta página web motivar a los lectores de Internet en una búsqueda incansable de la verdad. No de la certidumbre axiomática, o de la convicción basada en el artículo de fe, sino de la verdad cambiante capaz de enriquecer al espíritu humano. Porque lo que hoy supone una prueba irrefutable por motivos matemáticos, mañana, inevitablemente, ¡sorprendámonos!, con la ayuda de las mismas matemáticas se tornará anticuado. No obstante, cada certeza se convierte en un peldaño de la eterna escalera del conocimiento y, al final, cuando nos entreguemos al sombrío mundo del silencio, otros recogerán nuestro testigo para encontrarse con otra evidencia que, por determinación de lo Incognoscible, quedará conservada en el desván del olvido. Sin embargo yo, que me considero suficientemente tolerante como para poder atisbar una pequeña luz en los confines de mi conciencia, sólo creo en la verdad de que lo múltiple forma parte del todo. En otras palabras: tú y yo, amigo lector, somos un solo ser, hoy, desgraciadamente, fragmentados de la unidad como la astilla del leño.

“Hemos nacido en este mundo de división, de desintegración. Éste es un mundo realmente de pecado, un mundo de desintegración, en el que todo se está desintegrando, dividiendo y acabando en la muerte. Pero, más allá de todas estas divisiones y fracturas de nuestra naturaleza humana que nos afecta a todos, a nuestras relaciones con el mundo y a todas las cosas, por debajo y más allá de todo se halla la totalidad indivisa, y es esa totalidad la que todos buscamos. Todos estamos fragmentados y tenemos esta añoranza de la totalidad, de la unidad”.

NOTA
Aun a pesar de que se necesita el correspondiente permiso editorial para transcribir cualquier parte de un texto publicado, me he permito la licencia de copiar un fragmento del ensayo de Bede Grifftths titulado “La visión de la no dualidad en las religiones del mundo”, publicado por la Editorial Kairós (“El espíritu de la ciencia” ) en el año 2000, que corresponde al último párrafo de este, mi trabajo. Lo he decidido para cerrar con dignidad un escrito que adolece de la profundidad que podemos apreciar en el libro referenciado, y, al mismo tiempo, recomendar su lectura a quienes estén interesados en el tema. Merece la pena leerlo. Repito: Editorial Kairos. Numancia, 117-121. Barcelona (España).

César Rubio (Augustus).

Este artículo tiene © del autor.

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