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LYÓN

FRAGMENTO (Versión Bilingüe Español - Française)

Valentín Justel Tejedor

España



 

Apoyado sobre la grísea balaustrada, que rodea la colina Fourviére, se encontraba el profesor Jeannot, caviloso introspectivo y con escasa actitud propositiva.Su mirada perdida en el distanciado horizonte, y su insondable abstracción de la realidad, delataban una angustiosa situación personal, impregnada en tintes dramáticos e inquietantes.

Nadie en su entorno más cercano, hasta el momento, conocía los verdaderos motivos que habían sumido al profesor Jeannot, en aquel desesperado y caótico estado. El mismo, tampoco les había querido revelar, los detalles de unos hechos espeluznantes y sorprendentes, que tarde o temprano trascenderían a la opinión pública.

 

El eufónico rumor de la mañana, repentinamente se quebró, cuando un vehículo policial con sus estroboscópicos destellos azules, y sus sonidos penetrantes e interválicos, atravesó a gran velocidad, el níveo y combado Pont du Maréchal Juin.

 

La vida alrededor del profesor Jeannot parecía transcurrir con total normalidad. Los turistas deambulaban de un lado para otro, recorriendo la amplia explanada, que alberga el impresionante mirador de la colina Fourviére.

 

Desde allí, se columbraban unas espectaculares panorámicas de Lyón y de sus municipios conurbanos. La ciudad aparecía, allá abajo, abrazada por los caudalosos Ródano y Saona. En sus orillas, se tendían interminables hileras de plátanos de sombra, ornamentando con sus copas redondeadas, y sus hojas palmeadas y caedizas, los bulevares ribereños. En las plazas y calles, se vislumbraban los enverdecidos maples y tilos de buen porte y tupido follaje. Las gráciles edificaciones del Vieux – Lyón, se desdibujan en un entorno laberíntico e inextricable.  

 

Jeannot, repentinamente se giró, al escuchar el ensordecedor sonido producido por un helicóptero, que sobrevolaba, a baja cota, las cuatro torres, y el campanario de la Basílica de Nôtre Dame de la Fourviére. El aparato transportaba un gran reflector parabólico, para emplazarlo en la Eiffeliana tour metallique, situada junto al santuario.

 

La curiosidad que aquella circunstancia suscitó en los turistas, los cuales, rápidamente, se aproximaron a la zona donde operaba el autogiro, fue aprovechada por el profesor, para tomar la decisión más importante de su vida.

 

En tan sólo unos instantes, había descolgado sus piernas por el exterior de la barandilla, y tan sólo le restaba, dispensarse un pequeño impulso, suficiente como para provocar su caída al vacío.

 

Pero, afortunadamente eso no sucedió, pues una joven lionesa que ejercía de cicerone para unas amigas suyas parisinas, y que se encontraban visitando la ciudad, se dio cuenta de las nefastas intenciones del profesor Jeannot.

 

Así súbitamente, corrió hacia donde se encontraba éste, y con voz contenida a la vez que nerviosa, le dijo:

 

- ¡No lo haga, por favor!

- Piense en las personas a las que dañará suicidándose.

 

Jeannot atónito al escuchar aquellas palabras, se giró y enunció con voz irresoluta.

 

- Señorita no se quien es Vd. pero desconoce mi drama personal.

- He llegado a la conclusión de que esta es mi única salida, aunque no lo crea.

- Esta no es ninguna salida. Seguro que existen otras muchas, replicó la chica con voz más firme.

- Este es el final de una historia muy larga de narrar, le contestó Jeannot.

- Pues sea valiente, confie en mi, y cuéntemelo todo, le escucharé. Quizá sin saberlo yo pueda ayudarle.

- No lo creo, porque cualquier persona que conozca estos hechos, inmediatamente correrá el mismo peligro que yo.

- ¿Que peligro es ese del que me habla?

- Prefiero, desaparecer y llevarme conmigo uno de los secretos, que harían estremecer a la humanidad.

- Creo que puedo ayudarle soy Psiquiatra forense, y trabajo en la unidad criminalística de la Interpol en Lyón.

- Vaya, parece que entonces es mi día de suerte, expresó irónicamente, Jeannot.

- Véalo como quiera, pero si no baja de ahí ahora mismo, tendré que detenerle, expreso con indignación Loraine.

- Esta bien Vd. gana, pero no le contaré ni una sola palabra, de todo este asunto.

 

Loraine suspiró aliviada, al ver que su declamación había funcionado.

 

Seguidamente,  se despidió de sus amigas, haciéndoles saber, que se trataba de un asunto especial, relacionado con su trabajo.

 

Así, Loraine y Jeannot, abandonaron la Place de Fourviere, cruzando la puerta de rejas azules, que cierra el perímetro exterior del templo, encaminándose calle abajo por la Monteé du Cardinal Decourtray.

 

Mientras andaban, Jeannot le decía un poco aturdido a Loraine.

- Todavía no se porqué estoy haciendo esto.

En una clara actitud ambivalente propia de su estado.

¿Por qué ha confiado en mi, replicó Loraine.

- ¿Vd. cree?, respondió el profesor Jeannot.

-  Si lo creo, añadió Loraine.

 

Tan sólo habían recorrido unos cincuenta metros, cuando al llegar al primer recodo de la calle, Jeannot se excusó diciendo a Loraine, que iba a entrar un instante al Restaurant Le Coquemar, para comprar un paquete de tabaco.

 

Loraine, decidió acompañarle al interior, por temor a que Jeannot pudiera urdir alguna trama.

 

Una vez dentro del resturante, mientras Jeannot compraba su tabaco en la máquina del local, Loraine se distraía unos instantes observando los platos que componían el menú del día.

 

“Escalope de foie gras chaude et sa brioche. Fricassée de Saint Jacques et d`ècrevisses…”

 

Así, una vez salieron a la puerta del establecimiento, Jeannot encendió un cigarrillo, y ambos se dirigieron calle abajo dejando atrás el edificio del patronato de la Mere de Misericorde.

 

Sus pasos efímeros y escasamente rumorosos, apenas retumbaban en las paredes de las edificaciones adyacentes, devolviendo un eco mudo y calladizo.

 

Así, al pasar delante del Lycée Saint Exupéry, observaron como un Renault Megane de color blanco y con los faros encendidos, enfilaba la pendiente de la calle a gran velocidad. Su motor estrepitosamente rumoroso, bramaba debido a la elevada aceleración, que su conductor le proporcionaba. En régimen de marcha corta y altamente revolucionado, el vehículo asordaba en la distancia. A través de la ventanilla del lado opuesto al conductor, sobresalía una mano que empuñaba una pistola semiautomática del calibre veintidós, letal en la corta distancia, pues su poder de penetración hace que el proyectil una vez dentro del cuerpo describa una trayectoria errática e imprevisible, causando con ello unos daños internos considerables y a la vez mortales.

 

En ese momento, el profesor cogió rápidamente la mano de Loraine, y con brusquedad la introdujo en el interior del Lycée Saint Exupéry. Fueron instantes de pánico e incertidumbre. Así, una vez hubo pasado el vehículo, Jeannot se asomó sigiloso, al portón azulado del liceo. Afortunadamente, el peligro ya había pasado. Sin embargo, allí estaban las huellas de dos proyectiles que habían impactado; uno sobre la nívea fachada, y el otro convirtiendo en añicos el cristal de un tablón de anuncios, existente junto a la puerta de entrada del instituto.  

 

En ese momento, Jeannot le aconsejó a Loraine que siguiera su camino y que le abandonara, pues aquello podría volver a repetirse en cualquier instante.

 

Loraine, lejos de amedrentarse por la situación, se mantuvo firme en sus convicciones, e instó a Jeannot a continuar calle abajo.

 

Así, al llegar a la bifurcación, tomaron la Rue Cleberg, en dirección al Vieux –Lyón, fue entonces cuando Jeannot dijo a Loraine:

 

- Espere un momento, tengo que telefonear a mi hijo Pierre urgentemente, al menos para avisarle de que le he dejado un sobre, con una serie de indicaciones precisas, en el doble fondo del cajón de su escritorio.  

 

En esos mismos instantes, casi a mil kilómetros de distancia, en la sede de la Embajada de Estados Unidos en Bratislava, el embajador se mostraba preocupado por la suerte del profesor Jeannot.

 

-Cierre la puerta, y haga el favor de contactar con el profesor Jeannot inmediatamente, no sabemos nada de él desde ayer, articuló el Sr. Sewgitk, visiblemente enfadado.

-Sí, señor embajador.

-Su teléfono comunica Sr. Embajador, respondió el agente de enlace perteneciente a la inteligencia americana.

-Pues, continúe intentándolo de nuevo hasta que lo consiga, ordenó el plenipotenciario, en un tono acre.

-Necesitamos conocer algunos porqués de su extraña actuación, continuó expresando el diplomático.

-Sus instrucciones eran bien precisas Señor, debía abandonar el proyecto justamente antes de entregar las muestras, señaló el oficial de inteligencia (…)

 

LYÓN

Pris en charge sur le grisea balustrade qui entoure la colline de Fourvière, a été professeur Jeannot, la couvaison, introspective et avec une attitude positive peu. Son regard perdu dans l’horizon lointain, et son abstraction de la réalité insondable, trahissait une détresse personnelle, colorants imprégnés dans les dramatiques et troublants. 

Personne dans leur environnement immédiat, jusqu’à présent, savait les véritables raisons qui avaient plongé le Jeannot enseignant, dans cette situation désespérée et chaotique. Lui-même n’avait pas voulu révéler les détails d’un faits choquants et surprenant, que tôt ou tard l’opinion publique transcendent. 

Le son euphonique de la matinée, s’est soudainement effondré quand une voiture de police avec clignotants stroboscope bleu et pénétrer les sons et les intervalles, traversé à grande vitesse, la neige et le Pont du Maréchal Juin déformé. 

La vie autour d’enseignant Jeannot a semblé passer comme d’habitude. Les touristes erraient d’un endroit à l’autre, le long de la plaza de large, abrite le point de vue imprenable sur la colline de Fourvière. 

De là, il aperçut une vue panoramique spectaculaire de Lyon et de ses agglomérations municipalités. La ville semblait bien au-dessous, adopté par le puissant Rhône et la Saône. Sur ses rives, il a eu tendance interminables rangées de platanes, la décoration avec des lunettes rondes, et des feuilles de palmier et de feuillus boulevards côtiers.Sur les places et les rues, entrevu les érables et les tilleuls écologisation de bonne taille et le feuillage épais. Les bâtiments gracieuse du Vieux - Lyon, s’estompent dans un labyrinthe et inextricable. 

Jeannot se retourna brusquement, en entendant le bruit assourdissant d’un hélicoptère, qui volait à basse altitude, les quatre tours, et le clocher de la Basilique de Notre Dame de Fourvière la. Le dispositif de transport d’un grand réflecteur parabolique pour le situer dans la tour metallique Eiffeliana, à côté du sanctuaire. 

La circonstance qui a suscité la curiosité des touristes, qui, rapidement approché de la zone où il a dirigé l’autogire, a été utilisé par l’enseignant, de faire la plus grande décision de sa vie. 

Dans un instant, avait abaissé ses jambes en dehors de la grille, et elle ne restait plus, passer un coup de pouce, assez pour les faire tomber dans l’air. 

Mais heureusement ce n’est pas arrivé, comme une jeune femme ayant pratiqué comme cicerone Lyon à Paris des amis à elle, et qui ont été visiter la ville a réalisé les intentions néfastes de professeur Jeannot. 

Alors soudain, courut à l’endroit où il était, et supprimé la voix tout nerveux, il a dit: 

- Ne faites pas cela, s’il vous plaît! 
- Pensez aux gens qu’ils nuisent au suicide. 

Jeannot stupéfait d’entendre ces mots, il se retourna et irrésolu voix énoncés. 

- Miss sais pas qui vous êtes, mais mon drame personnel. 
- Je suis venu à la conclusion que c’est mon seul moyen de sortir, croyez-le ou pas. 
- Ce n’est pas un moyen de sortir. Il ya sûrement beaucoup d’autres, la jeune fille répondit d’une voix ferme. 
- C’est la fin d’une longue histoire à raconter, dit-il Jeannot. 
- Alors, soyez courageux, la confiance en moi et tout me dire, je l’écoute. Peut-être sans savoir que je peux aider. 
- Pas vraiment, parce que toute personne qui connaît les faits, il suffit d’exécuter le même danger avec moi. 
- Quel est le danger de me parler? 
- Je préfère s’en aller et de prendre avec moi l’un des secrets qui allait ébranler l’humanité. 
- Je pense que je peux aider psychiatre légiste, et de travailler dans l’unité médico-légale d’Interpol à Lyon. 
- Eh bien, il semble que puis c’est mon jour de chance, dit-il ironiquement, Jeannot. 
- Pensez-y comme vous voulez, mais si ce n’est à partir de la droite il ya maintenant, je dois l’arrêter, il a répondu avec indignation Loraine. 
- D’accord vous gagnez, mais je ne vais pas dire un seul mot, toute l’affaire. 

Loraine un soupir de soulagement en voyant que sa déclamation avait travaillé. 

Puis il dit au revoir à ses amis, leur faire savoir qu’il s’agissait d’une question particulière liée à leur travail. 

Ainsi, Loraine et Jeannot, a quitté la place de Fourvière, les bars de la porte bleue, qui ferme le périmètre extérieur du temple, de descendre la rue de la Montée du Cardinal Decourtray. 

Tout en marchant, Jeannot dit un peu étonné de Loraine. 
- Vous ne savez pas pourquoi je fais cela. 
Dans une ambivalence claire de leur propre État. 
Pourquoi a confiance en moi ", a déclaré Loraine. 
- Vous penser?, Jeannot, dit le professeur. 
- Si vous pensez, dit Loraine. 

N’a parcouru une cinquantaine de mètres, en atteignant le premier virage de la rue, Jeannot Loraine s’est excusé en disant qu’il allait entrer un moment pour Restaurant Le Coquemar d’acheter un paquet de tabac à priser. 

Loraine, a décidé de l’accompagner à l’intérieur, de peur que Jeannot pourrait monteraient un complot. 

Une fois à l’intérieur du Resturants, tandis que Jeannot a acheté son tabac à priser dans la machine locale, Loraine été distrait pendant un moment à regarder les plats qui composent le menu. 

"Escalope de foie gras et sa brioche Chaude. Fricassée de Saint Jacques et écrevisses d `..." 
 
Ainsi, une fois arrivé à la porte de l’établissement, Jeannot alluma une cigarette, et ils descendirent dans la rue devant le bâtiment de quitter le conseil d’administration de la Mère de miséricorde. 

Ses pas éphémère et murmure à peine, à peine un écho dans les murs des bâtiments adjacents, écho de retour calladizo muets. 

Alors, allez en face de la Exupéry Lycée Saint, observée comme une Renault Mégane blanche avec ses phares allumés, prendre la pente de la rue à grande vitesse. Votre moteur gronde bruyamment, rugissant à cause de la forte accélération, ce qui lui donna son chauffeur. En cours d’exécution à court et très révolutionné assourdir le véhicule dans la distance. Par la fenêtre, en face du conducteur, mettant la main brandissant un pistolet semi-automatique de calibre vingt-deux, mortelle dans la courte distance, pour leur pouvoir de pénétration du projectile fait une fois à l’intérieur du corps décrivent une trajectoire erratique et imprévisible, causant ainsi un dommage considérable interne et aussi la mort. 

A cette époque, le professeur a rapidement saisi la main de Loraine, et brusquement introduit à l’intérieur du Lycée Saint Exupéry. Ont été des moments de panique et d’incertitude. Ainsi, dès que le véhicule avait passé, la furtivité Jeannot regarda la porte bleue de l’école secondaire. Heureusement, le danger était passé. Cependant, il y avait des traces de deux balles qui ont frappé, une sur le front de neige, l’autre brisé la vitre devient un tableau d’affichage, existant à côté de la porte de l’école. 

A cette époque, Jeannot Loraine conseillé de suivre son chemin et de laisser, parce que cela pourrait se reproduire à tout moment. 

Loraine, loin d’être intimidés par la situation, a été ferme dans ses convictions, et a exhorté Jeannot à poursuivre dans la rue. 

Alors, pour se rendre à la fourche, prit la rue Cléberg, direction Vieux-Lyon, a alors dit Loraine Jeannot: 

- Attends une minute, je dois appeler mon fils Pierre urgence, au moins pour vous avertir que j’ai laissé une enveloppe avec une série de données précises, dans le double fond de son tiroir de bureau. 

En ce moment même, près d’un millier de miles de là, au siège de l’ambassade américaine à Bratislava, l’ambassadeur a été préoccupé par le sort du Professeur Jeannot. 

-Ferme la porte, S’il vous plaît contacter l’enseignant immédiatement Jeannot, nous ne savons rien de lui depuis hier, M. Sewgitk articulé, visiblement en colère. 
-Oui, Monsieur l’Ambassadeur. 
-Votre téléphone est occupé à l’ambassadeur, a déclaré l’officier de liaison appartenant aux services secrets américains. 
-Eh bien, continuez d’essayer à nouveau jusqu’à ce que vous obtenez, a ordonné le plénipotentiaire, dans un acre ton. 
-Nous avons besoin de savoir quelque étrange raison, pour son action, affirmant que le diplomate a continué. 
-Ses instructions étaient très précises Seigneur, doit abandonner le projet juste avant la remise des échantillons, a déclaré l’officier de renseignement (...)

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