Portada del sitio > LITERATURA > Crónicas > CRÓNICAS DE LA VIDA COTIDIANA
Grabar en formato PDF Imprimir este artículo Enviar este artículo a un amigo

CRÓNICAS DE LA VIDA COTIDIANA

FRAGMENTO

Valentín Justel Tejedor



 

Martín azacaneaba en casa todos los días después del trabajo, la galana para él no existía. Él era uno de esos pocos hombres, que veía con claridad la igualdad entre sexos. Así, mientras su mujer Virtudes preparaba algo de cenar, Martín bañaba a los hijos de la pareja. 

 

Para Martín bañar a los niños, resultaba un auténtico rito. Primeramente, acercaba la canastilla, para tener a mano todo lo necesario. Después, introducía el termómetro en el agua, para comprobar que la temperatura fuera la óptima. Una vez verificado este extremo, arrojaba varios chorros de jabón neutro sobre el agua de la bañera. Seguidamente, blandía la masa espumajosa, agitándola suavemente, esparciéndola por el interior de la tina. Posteriormente, Martín cogía con sumo cuidado a Alejandro, un bebe de cuatro meses, sujetándolo con una mano por debajo de la axila. Mantenía la cabecita del niño situada sobre su antebrazo, mientras con la otra mano le frotaba su cuerpecito con una esponja hidrófila, más suave que el terciopelo. Alejandro era  una criatura adorable, parecía un auténtico muñeco, pero a diferencia de éstos era zullenco y quejicoso. El otro vástago David, era algo mayor, contaba con tres años, era muy travieso y tenía una “lengua de trapo”, que pronunciaba, articulando a su manera, casi todo aquello que oía a su alrededor. Su única condición para dejarse bañar diariamente, pasaba porque en el interior de la bañerita, estuviera flotando sobre el agua jabonosa un patito de goma, de esos amarillos con el pico amaranto. Así, mientras su padre le enjabonaba con mimo, él se divertía estrujando el patito, para que saliera el agua acumulada en su interior, por un agujero existente en la base. El vertical chorro se precipitaba hacia el agua de la bañera, atravesando la superficie espumosa, como quien atraviesa un trozo de gelatina con el dedo, formándose seguidamente un exiguo remolino, que despejaba de jabón ese área orbicular, surgiendo simultáneamente un leve burbujeo.

 

Así, cada vez que David apretujaba el patito con sus dos manos, manteniendo sus bracitos rectos, y caía el agua, éste soltaba una risilla pueril, que maravillaba a su progenitor.  

 

Poco después, y una vez secados ambos pequeños, con sendos albornoces ebúrneos, su mujer Virtudes era quien se encargaba de acostarlos. Dejando en cada una de las habitaciones, una lamparilla de esas que proyecta figuras de luz sobre el techo, a la vez que gira y emite una lisonjera musiquilla infantil. Los niños se arrullaban rápidamente al compás de aquellas dúlcidas melodías, quedando dormidos en unos minutos (…)

Este artículo tiene © del autor.

2292

Comentar este artículo

   © 2003- 2015 MUNDO CULTURAL HISPANO

 


Mundo Cultural Hispano es un medio plural, democrático y abierto. No comparte, forzosamente, las opiniones vertidas en los artículos publicados y/o reproducidos en este portal y no se hace responsable de las mismas ni de sus consecuencias.

Visitantes conectados: 17

Por motivos técnicos, reiniciamos el contador en 2011: 3238061 visitas desde el 16/01/2011, lo que representa una media de 754 / día | El día que registró el mayor número de visitas fue el 25/10/2011 con 5342 visitas.


SPIP | esqueleto | Conectarse | Mapa del sitio | Seguir la vida del sitio RSS 2.0