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DOLOR DE ESPALDA (2ª PARTE)

Antonio Nadal Pería

España



Carlos y Marta entran en la habitación de masaje. María yace boca abajo sobre la camilla con una sábana que le cubre todo el cuerpo, a excepción de los brazos y los pies. Carlos coloca en el aparato musical un disco de música relajante y Marta enciende un par de inciensos, uno con aroma a cáñamo y otro a patchuli. Carlos se coloca a la cabeza de María y Marta a sus pies. "Relájate lo que puedas, confía en nosotros", recomienda ella. Carlos baja la sábana hasta la cintura de la joven, descubriendo su espalda y María la sube para descubrir las piernas. Carlos masajea la espalda de arriba a abajo y Marta las piernas, que separa un poco, de abajo a arriba. La música y el aroma intenso de los inciensos, además de la media luiz que proviene de una lámpara de sal, procuran un ambiente agradable e íntimo. María se siente pronto muy bien, flotando en una nube, olvidada de problemas y tensiones. Las manos de la pareja de masajistas son cálidas, envolventes y expertas, poco a poco más audaces por su joven cuerpo. Llega un momento en el que a María le da lo mismo lo que hagan con ella, y así lo expresa cuando Marta le pregunta si se siente bien y si quiere que profundicen más en el masaje, hacerlo más íntimo. "Hagan lo que quieran", musita ella. Marta le quita la sábana y Carlos le baja la braga, que su mujer termina por quitarle a la joven. Esperan unos segundos para comprobar la reacción de la dependienta, pero ésta se muestra tan a gusto y concentrada en su placer que no dudan en seguir adelante. Marta le separa más las piernas, se inclina sobre ella, separa sus nalgas y le pasea la lengua por la hendidura. Se separa un momento de su cuerpo para dejar que Carlos haga lo mismo, que inclinado sobre su espalda le pase la lengua entre las nalgas. María suspira de placer. Marta la introduce la lengua en la vagina y, a la vez, Carlos en el ano. María gime de placer. Marta acude junto a su cabeza y le pregunta si quiere darse la vuelta en la camilla. "Hoy no, ya es mucho esto", alega María. ¿"No quieres que sigamos?", le pregunta Carlos. "Hoy no, el próximo día tal vez, por favor". Marta la cubre con la sábana y ambos masajistas se retiran. "Reposa todo el tiempo que quieras", le dice antes de abandonar la habitación.
María sale de la habitación diez minutos después, con expresión feliz. "¿Quieres beber algo frío?", le pregunta Marta. "Una Coca Cola si tenéis", contesta ella.
Carlos va a la cocina a por el refresco y un par de cervezas para él y su esposa. Las encuentra sentadas en el sofá. "¿Tienes novio"?, le interroga Marta. "Sí, pero no le contaré nada de esto". ¿"Te avergüenzas de lo que ha pasado ahí dentro?", quiere saber Carlos. "No lo sé, estoy confusa. ¿Les debo algo?". "No nos debes nada. Los masajes en casa son gratuitos, los damos por nuestro propio placer", aclara Marta. "Para los puramente profesionales tenemos el gabinete en el centro", dice Carlos. "¿Volverás?", pregunta Marta". "Me ha gustado, pero no lo sé".
"Nosotros queremos que vuelvas, nos ha gustado mucho tu cuerpo", le dice él. 

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