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EL CUENTO TRECE

Oscar Deigonet López Posas

Honduras



Yo no pude cargar con aquella culpa. He mantenido mi espíritu en paz, por no errar el blanco. Ahora que recuerdo, solo buscaba un motivo para estar ocupado en algo, sin importar que fuera querer ser su amigo. Ahora señora, dígame, si obtendré el empleo, que tanto necesito.

Salud a la distancia.

Daniel.

El cuento trece

Bien, por favor procura percibir esta extraña sensación de incertidumbre que un hombre como yo pueda arrastrar, sin encontrar solución a un problema tan cotidiano, sin considerar que en determinado momento de nuestras vidas, todos lo pasamos. No lo se, quizá sea una de esas bondades que a veces da la vida. Lo digo, por mi propia condición de ser humano. La vida, de algún modo, ha sido generosa conmigo, y he podido observarlo como una constante. Esto ha producido en mí, una indiscutible seguridad al grado de sentirme afortunado. Si, eso es. Solicitar la ayuda a lo divino no ha sido un problema, me he mantenido en una relación estrecha con lo divino. Digamos que las respuestas las he tenido casi de inmediato y no es porque no tenga problemas. De hecho, nunca han faltado. Digo que en cinco años no he podido superar esta situación, de ahí, hay cosas que por resolución interior no puedo contarte. No quiere decir con esto, que soy un acomodado. Estoy claro, de qué posición tengo en este engranaje social y creeme que no considero que sea nada bueno. Siempre he sido, solo uno más de los tantos, de los que se aprovecha este sistema injusto y endemoniado. Ahora llevo a este encantador espejo a la máxima expresión de la confesión humana reemplazando al sacerdote, y claro, no hay mejor confidente que mi propio ego. Pues, como a veces digo, te agitas preocupado, tratando de resolver acertijos que la vida misma te presenta y, no son un juego, no son diversión, ni nada de eso. Son tus propios problemas, por las razones que los hayas creado. Sos el autor de tus propias, virtudes, o de tus propias desgracias, y cuando no actúas en concordancia con la decencia, o la moderación, se te disparan las escopetas de tu actitud. A mí, en lo personal me ha ocurrido esto, y ha habido instantes en los que me he sentido asaltado por algún mal sueño. Desde hace ya algunos días, la buena suerte, esa que han inventado los idiotas, ha desaparecido del escenario virtual en que me he encontrado los últimos quince años. Da la impresión de estar alejado de toda realidad. Hoy, he salido muy temprano en la mañana, con el objeto, único de encontrar trabajo, lo que he hecho en estos días anteriores a esta improbable depresión que me ha superado por momentos, sin descanso. He sufrido fuertes dolores de pecho y cabeza. He pensado visitar al medico pero este es un asaltante más del sueño, así que mi resolución es optar por la automedicación: analgésicos y más analgésicos y mantener toda esta putada, a raya. Mi cita con la procuradora, justo a las 8:00 am. Se ha pasado de lo estipulado. Ayer concerté cita con esta señora, por teléfono, para emplearme aunque sea en un puesto de medio tiempo. Me regocijo, pues me entero que a lo largo y ancho de este país, miles van en busca de un puesto de trabajo, y ahora, en lo que sea. Me dijo que le atendería un grupo de alumnos de varios niveles, y que el salario no era bueno, pero que de algo serviría. El programa, dijo, es una filantropía de empresas extranjeras para ayudar a los empleados de estas, que desean optar a un nivel académico superior. ¡Filantropía! si no supiera que es una miseria la que devuelven por todo lo que se roban por evasión de impuestos. Y dele que dele con lo mismo, la palabra filantropía, siempre me ha producido dolor de cabeza. De nuevo, me tomo otros analgésicos, para controlarlo. Pero y el trabajo, al fin, ¿Qué va a pasar? ¿Me lo van a ofrecer? Veremos. 8:30 am y la procuradora no me ha visto. Tengo ya varios años de no verla. La conozco desde hace ya mucho tiempo. Se ha cruzado en mi vida un sinfín de veces y siempre ha sido muy buena. La verdad, hemos sido compañeros, en otros centros educativos. En varias ocasiones la ayudé a cruzar la situación de empleo en que hoy y por esas cosas de la vida me encuentro. Por mi costado derecho está la puerta de entrada al complejo y justo en este momento cruza un carro rojo con dos chicas, que juegan con el volante. Me ven, ríen, se ven y vuelven a reír, todo en un par de segundos. Entra una muchacha al complejo y me pregunta donde está la oficina de las inscripciones, y estirando mis labios apuñados le indico el camino. Está justo a su derecha, me da las gracias y la veo entrar en el recinto. Veo desde hace algún rato a otras personas que me conocen, pero que parece que no me conocen. Sigo parado allí sin ser observado por nadie. La procuradora aún sin verme. La veo sin que me vea. Lo último que supe de ella es que se había divorciado. Me sentí algo apenado, por su situación. Esto lo supe ya hace varios años después que en una ocasión debí llevarla en mi carro hasta el pueblo vecino en unos parajes exóticos de este municipio. Aún recuerdo el olor a pino en esos meses de abril o mayo. Si que no recuerdo muy bien la fecha pero que despertó en mi ego, cierta incertidumbre de macho cabrío, que aun tengo presente en los huesos. Sus conversaciones eran ráfagas de aire envenenado que penetraban mis venas. Estaban sueltas por encontrarse sola en aquellos recónditos lugares donde la satisfacción podría haber sido latente, real. Su respiración agitada perturbada, perturbaba igual mi aliento de ser humano en una situación de soledad, y realidad increíble. El desamparo, se hizo presente. Su figura de mujer pequeña, me delataba una necesidad latente, junto a una descarga descomunal de feromona galopante, y junto a este irreconciliable ataque debí detener el carro, me baje un instante, respiré profundo, para oxigenar mis sesos que a estas alturas estaban totalmente torcidos. Cavilé por un rato tratando de tomar una decisión acertada. Vi desde lo alto del cerro, El antílope; el valle que estaba enfrente de mí y admiré la belleza de este pueblo que ya es una ciudad. El pito del carro me sacó de cavilaciones, voltee a ver y la señora me observaba y me hizo una seña que entrara en el carro y nos fuéramos. Resuelto a continuar el viaje procuré aligerar la marcha para no llegar tarde a nuestro destino y con aquel asalto a la moral disuadido sin rencores y manos libres no guardo por esto alguna culpa. 8:40am, veo venir hacia mí un sujeto de los que ya conozco, se me acerca lo más que puede hasta colocar sus labios en mis orejas. ___Compita ¿como le va? ___Pensé que este también me seguiría ignorando, me digo hacia adentro. Lo trago con fuerza, como si fuera una cucaracha. ¿Todavía trabaja allá en Robert Canion inc.? ___ Me dice otra ves ___, ____No, ya no, le digo con voz suave___ a falta de algo que decir, pregunte ___ ¿y usted que hace amigo?____, ____ Yo estoy desde hace algún tiempo en otra empresa, dice, muy emotivo. Bajo la mirada hacia un masetero con flores secas que está a mi alcance, para disimular un poco mi desaliento; vaya si que esta mierda de hablar de trabajo, como si no hubiera otra cosa que hacer y justo cuando uno da muestras de desesperación por querer resolver los problemas más íntimos. Ahora mismo es de lo que menos quiero hablar, peor de recordar ese pasado de desgaste y derroche. 8:45 am salgo del espacio donde estoy y me decido a llamarla por el teléfono móvil. Le diré que estoy aquí, pues no me ve. Según me dijeron se divorció de su esposo por que éste la encontró gozando de placeres extremos con su director. Ahora que la veo me pregunto como llegó al puesto en que está, y aunque no deba importarme, me late que fue él quien la colocó aquí con sus influencias. Mi amiga metió preso al marido, pues éste le propino semejante paliza que la dejo por muerta. La sentencia, tres años en prisión por violencia de doméstica. Vaya chiste. ¿Qué te parece? Que tal si hubiera sido yo, el responsable de semejante desastre. 8:55 am. La señora que entró con sus nietas fue subdirectora del colegio de señoritas. Ella tampoco me recuerda y tampoco me ve. Ya se le olvidó que fui el promotor del proyecto para construir el edificio de dicho colegio y donde al final, pudo obtener una muy buena jubilación. ¡Que irónico!; ¡no me conoce! Y por esas cosas de la vida su nieta fue mi alumna en el Carmen María. No lo sé. ¿Será que estoy muerto?; ¿Cómo es posible esto? ¡Nadie me ve! Me pregunto, si al cruzar la calle hace un rato frente al banco mercantil, no me atropelló un carro. No. No puede ser, pues la mucha que entró hace un rato, preguntando por la oficina de inscripciones me vio. El sujeto ese, que casi me muerde la oreja derecha, hablándome de trabajo, también me habló (...) ¿Qué está pasando? No. Pero realmente no estoy muerto, además, según dicen los que han vuelto de la muerte, allá, no hay dolor, ni angustia, ni preocupaciones. Y yo sigo preocupado, y el dolor en la nuca no desaparece. Esta realidad es tan fresca como las solicitudes que hice al divino en solo la mañana al levantarme. Me decido. Llamaré a la procuradora y le diré que estoy aquí. ____Hola procuradora, soy Daniel___, ___Hola Daniel, ¿como está? Cuando guste pase por aquí y yo con gusto lo recibo y traiga su hoja de vida. ____Si, bien, estoy aquí mismo, no la quise interrumpir, la veo muy ocupada____, ____Pase entonces, Daniel, con confianza____ ,___Bien, voy para allá____. Me ve me regala una sonrisa algo extraña, como una mueca de dolor antiguo, le entrego los papeles y luego de un saludo corto y cortes, me retiro, por el lugar donde entré con la promesa de que me llamará, que no me preocupe. Realmente sí pudo percibir en mi esa tristeza esa que nos deja la incertidumbre de no poder realizar tus sueños mas anhelado, frustrados por un sistema hijo de puta, que solo favorece a sus allegados, vernáculos. Ella si que sabe distinguir un estómago frustrado por el imperio del caos. Él no permite oportunidades para los débiles. Ella que vivió un mundo de soledad ínfima, que tuvo, a falta de un proveedor de testosterona legalmente expuesto, romper las barreras de la ley de un papel, sinuoso lazo que la ataba a nada, y decidió gozar de lo lindo y lo extremo con su director; batió por fin las barreras de esta sociedad podrida y desgastada y encontrar un lugar de dignidades. Ahora que te he expuesto todo esto de la realidad que vivo, quien sino vos que sos mi confidente para pararme aquí frente a mi propia realidad y expresarte , sacando el corazón de milagros latentes, viéndome rodar como mi propia casa, montaña abajo, huyendo de lo insólito y vulgar., para comprenderme. Debo expresarte que no intento llevar una vida de opulencia. Solo deseo tener una vida digna, como todo ser humano. Creo que ya es hora de salir de este baño, porque huele a caca recién restregada, y realmente debo seguir buscando que hacer, hasta que lo encuentre; al fin y al cabo, ya reza el viejo dicho; el que busca, haya.

Este artículo tiene © del autor.

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