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VAGABUNDOS

Antonio Nadal Pería

España



En todos los barrios hay algún pesado, algún músico callejero y algún vagabundo sin techo. En mi barrio de Torrero de Zaragoza, España, hay dos pesados, que con la mínima excusa te paran en la calle y te cuentan lo que les viene más mano para que les escuches. Son sosos, además de pesados, y algo tontos, pero tienes que aguantarles si no consigues evitarlos a tiempo. Hay también un músico callejero que siempre toca al acordeón la misma melodía. Un día le preguntó una mujer por qué tocaba siempre lo mismo y el músico contestó que porque la daba la gana. Varios músicos con aspecto de extranjeros que pululan por la ciudad tocan el acordeón. Todos tocan el acordeón, y no parece un instrumento fácil. En mi barrio hay dos vagabundos, una pareja de hombre, en silla de ruedas, y una mujer. Tienen unos cuarenta años o algo más. Siempre piden para que sus hijas coman. Lo malo es que todo el barrio los conoce porque vivieron allí muchos años, sobre todo ella, desde pequeña. La droga y malgastar el dinero es lo que les ha llevado a la situación penosa de vivir en la calle. No son los primeros del barrio que han vivido en la calle. Durante muchos años vivió en la calle otro hombre que dormía bajo un puente y decían que había malgastado el dinero que le tocó en la lotería en juego, alcohol y mujeres. Esta pareja de vagabundos duerme un día en un sitio y otros días en otros, a la intemperie o debajo de algún tejado o porche. Lo malo de pedir en un barrio en el que se ha vivido es que todos conocen su historia y no pueden engañar. La pareja de vagabundos pide para que coman sus hijas o su hija, porque un día tienen una hija y otro día tienen dos hijas. Todos los habitantes del barrio saben que la mujer tuvo una hija con un gitano y éste se la quedó. Una hija que ahora tendrá más de veinte años. Pues esa pareja pide para sus hijas pequeñas, y es curioso que los sábados piden para que coman "hoy y mañana". En realidad son ellos los que tienen que comer todos los días, como cualquier hijo de vecino. Se les ve todos los días con helados y cerveza de litro, además de fumar en cantidad. Si alguien le reprocha algo a la mujer o le dice alguna impertinencia, ésta se revuelve con rabia y profiere a gritos las palabrotas, insultos y maldiciones que se le ocurren.

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