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SOBRE HABLA POPULAR (I)

Una manera de enriquecer nuestro idioma.

Raimundo Escribano

España



SOBRE HABLA POPULAR (I)

Trabajo de Raimundo Escribano. En el Curso de lingüística general, obra póstuma de Ferdinand de Saussure publicado por sus discípulos Ch. Bally y A. Séchehaye en 1916 (otros dan la fecha de 1919) se establece claramente la diferencia entre lengua, como sistema de signos, integrada por tanto en la semiótica (Saussure la denomina Semiología) y el habla o aplicación de la lengua como vehículo de comunicación. Maravilla la riqueza del idioma español para expresar con justeza no sólo el concepto a transmitir, sino también la ironía, la intención, la retranca, ese sabio decir del pueblo llano que arranca del Siglo de Oro y con los nombres de Quevedo, Lope, Calderón y, sobre todo, Cervantes- de quien lingüísticamente somos herederos- llega hasta nuestros días. Y aunque las distintas regiones (hoy Comunidades) conservaron su lengua propia o su peculiar acento dialectal, siempre han coexistido en nuestro país diversas hablas populares. Así, en los años setenta y coincidiendo con la popularidad devenida sobre determinado personaje, se conoció un microidioma, arraigado entre los denominados quinquis, gentes automarginadas por su forma de vida libre, que incluye términos como: Chinorri (muchacho); vinar (vender); mechar (comprar); peta changa (carnet de identidad); rachí (la noche); gaché (pueblo); rengue (tren). La lista sería interminable. Y está el “caló” de la etnia gitana cuyos destinos rige Ondebel durante el yacunó y en las demás estaciones del año. Una gitana puede invocar, mientras mira las rayas de la mano, que Undebé nos traiga sustirí. Modernamente han inventado el cheli, vinculado a la movida madrileña y, a partir de las nuevas tecnologías, está naciendo un nuevo lenguaje: el de los chat, a través de Internet, donde algunos, sobrepasando a García Márquez en sus ideas libertarias sobre la ortografía, escriben kaballo y kolega, jibarizan palabras y frases como insti, abrir un privi (un privado); tq (te quiero) o pq (porque); mensa (por mensaje), crean nuevos lexemas como bul (trasero); yuyu y kikii (cópula) o hacen de clic un sustantivo de pleno derecho, cuando hasta hace poco sólo era la onomatopeya de colgar el teléfono. En el chat, alguien nos dejó un e-mail, un peta es un porro; rulárselo equivale a liárselo; coloqueta (sobran aclaraciones) y un hacker es un pirata informático. El hombre es, por naturaleza, creador. Cuando no crea arte, crea palabras., que son, para el académico Valentín García Yebra, los retratos de su pensamiento. Y cuando por pobreza léxica (V. García de la Concha dixit) se le hace difícil expresar con exactitud los conceptos, inventa palabras que, aunque no tengan valor fuera de su ámbito, suelen quedar incorporadas al habla popular como adherencias pegadas a la piel del idioma. No se trata de variantes dialectales ni articulatorias (yeísmos, aliteraciones, aspiraciones o asimilaciones fónicas). Tampoco encajan en lo que Zamora Vicente llama lenguas de tránsito, aunque hoy, muchos de esos localismos, surgidos entre las clases menos ilustradas, han desaparecido o han modificado su significado inicial. Pondré un par de ejemplos: el “verbo” engaliar (de engañar y liar) que sacó a la luz el poeta Eladio Cabañero o el término cuevero que cita José Aureliano de la Guía en su trabajo El localismo manchego-criptano, como habitante de alguna de las cuevas existentes en la sierra de los molinos de su pueblo (y el mío). Al decaer el uso de este tipo de viviendas, el término cuevero ha quedado con el significado de vulgar, bajo, ordinario, etc. Rebuscando en mi memoria y entresacados de mis notas, transcribo algunos localismos del habla castellano-manchega, a los que no cabe buscarles el ADN semántico ni investigar sus ancestros etimológicos porque casi nunca los tienen. Se trata de lexemas que están, o estuvieron, en boca de la gente y eso, junto al hecho de que buena parte de la actual población alicantina es originaria de aquellas tierras, son motivo suficiente para que me ocupe de ellos: ablentar (aventar); ¡adiús! (¡ahí va!, ¡atiza!); álgara (huevo descompuesto); almorzá (lo que cabe en el hueco de las dos manos); balduendo (suelto); bribón (vago, gandul); burche (burro joven); buruño (ovillo); cagüen (me cago en); cambrión (carro para transportar pipas de vino, que se izaban con un torno sinfín); canear (pegar a alguien); cañamique (canica muy pequeña); carlancón (guasón); chambra (blusa femenina); escoba de algarabía (hecha con ramas de mijo); folludo (trompo mal liado); jirulo (bobo); melonera (danza manchega); mellico (falto de dientes); pintarrazá (ave bermeja); pijuar (una parte de la cosecha); pueque (puede que); rabiche (tasa que se cobraba a los vendedores ambulantes en los pueblos); rabisco (furioso); riochá (conjunto abundante); sosca (guasón); tarimero (habitual de los bares); templar (afinar un instrumento). Continuará

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