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EL “HUERTO DE LOS MINUTOS” DE CARLOS LEÓN CRUZ

Frank Otero Luque

Perú



"Hay un río que riega el sueño de los pueblos: ¡América!"
Carlos León Cruz

Cierta vez, Carlos imaginó que, para hacer poesía, en el cielo había muchas palabras que no habían sido bajadas, que estaban flotando allí, esperándolo. Cuando les prestó atención y las tomó para él, entonces pensó en el Huerto de los minutos...

Éste es un pueblo imaginario que Carlos fundó a partir de su propio pueblo, de Huaranchal, situado en la sierra de La Libertad (Perú).

Él cree en un pueblo fuerte y desafiante como la piedra. Nos dice que la piedra -a diferencia, por ejemplo, del oro o de la plata, que normalmente se esconden- se expone y se encumbra retando al viento y al agua. Y al conocer su sabor, es afilada o moldeada sinuosa.

En el Huerto de los minutos, el ave que vuela, la hojita que cae, las serpentinas del sol... todos quieren decir algo. Por eso, quien lo desee ardientemente, puede volverse hortelano en este huerto y cosechar el buen tiempo de cada minuto sembrado. Allí vive Nacor, el personaje anónimo, hombre o mujer, en cuya casa nace el río y es capaz de domeñar la agreste tierra, que hizo y que hace la historia.

En esta ocasión, Carlos nos invita a reparar con sabiduría en el tiempo, a realizar todo con especial deferencia, a aprender... Como decía Platón: “Aprender es recordar”.

Este artista del pincel define su oficio como un acto cargado de entrega y respeto, de aproximación sincera al ser humano y a la naturaleza. Por eso, los personajes de sus cuadros están íntimamente ligados a su entorno. Tanto así que todos los elementos -sencillos y cotidianos- también son personajes en las creaciones de Carlos. Incluso el título de cada pintura es inmanente a la obra misma.

Los objetos que nos rodean son imanes de estrellas; tienen un nombre, un espacio, una función y nos lo dicen de mil formas. El pintor los invita al diálogo y conversa con ellos como amigo, como hermano. Es la actitud de Carlos hacia los personajes, y la de ellos hacia él, lo que sirve de hilo conductor a esta muestra pictórica, dedicada al río que riega el sueño de los pueblos: ¡América!

Carlos nos relata haber tenido una infancia de ensueño: jugaba con las cigarras como si fueran cometas, con el cachipul (arcilla de colores) fabricaba alcancías, que luego quebraba para sacar mucho aire y pocas monedas, pero volvía a hacer otra. Se engastaban a su cuerpo los granizos, que solía recibir con la boca y los brazos abiertos.

Su pintura es sólo el eco de tantas experiencias buenas que recrea un eterno e ingenuo niño. Pero otra parte de Nacor sí crece y, ávido de conocimiento, aprende cada vez más la historia de su pueblo y se hace depositario de sus expectativas, que luego impulsa a través del pincel.

Esto explica por qué, en la obra de este artista, se observan dos vertientes bipolares: una naive y otra lítica, casi arqueológica. Si Carlos hubiese nacido en otro pueblo distinto al de su eterna infancia, no sería posible entender su pintura.

Huerto de los minutos reúne once magníficas pinturas: Estela de balsa banana con mantarraya, Frutero de colibrí, Habitantes de una burbuja, La anuencia del pez perico, Las quenas del taller del pájaro carpintero, Panzas de piedra, Pueblo camote, Retablo I, Retablo II, Rostro, y Sabio con bastón de pistilo.

La técnica es mixta: acrílico y óleo sobre tela. El formato predominante es de un metro cuadrado de sueños y esperanzas.

Este sencillo, sensible y talentoso hombre -que comparte el halago con el río, con la nube y hasta con el silencio de sus cuadros elogiados- tiene siempre algo que decirnos y su pintura le da la oportunidad de expresarlo cada vez mejor.

A través de su obra, intenta poner en relieve los valores que nunca deberíamos olvidar. Carlos cultiva ese tipo de mensajes, los riega y los pinta, para luego verlos florecer en una sala de exposición o en la pared de un hogar.

El Huerto de los minutos refleja la forma cómo Carlos se enfrenta a su tiempo y se aproxima a las cosas. Es un regalo estético, filosófico y espiritual que nos hace este gran artista, quien se identifica con todos los pintores honestos y, a la vez, con ninguno en su afán de ser genuino.

En el Huerto de los minutos, “con sólo ver el árbol uno puede llenarse de naranjas el corazón”.

P.-S.

Muestra pictórica expuesta en el Club Social Miraflores (Malecón de la Reserva 535, frente a Larcomar), desde el 30.11.05 hasta el 14.12.05.

Ver en línea : El

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