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EL PUENTE DE LOS POETAS

Valentín Justel Tejedor

España



EL PUENTE DE LOS POETAS

El río Duero avanza mayestático y solemne, con paso lento y premioso. Su curso pleno de sosiego, discurre laxo frente a Zamora, para poder recrearse admirando con prolijidad las bellezas de la capital. Su anchuroso y profundo cauce viene escoltado por verdinas orillas, con ribazos en declive, que besan sus obsecuentes aguas. A su margen, desde las ribas hasta la cercana lontananza, aparecen las tierras de regadío, tierras de feracidad, cuadros glaucos y esmeraldas. En la distante lejanía, se vislumbran las tierras de pan llevar, las tierras de cereal, ambarinas, jaldes y güeras.

Aguas arriba, con su pendiente suave aparece severo y riguroso; encumbrado por la belleza natural de sus sinuosos y bellos meandros, que le otorgan un carácter firme y una fisionomía majestuosa. Desde las sáxeas murallas, se columbra su caudal generoso, su discurrir elegante. El Duero desfila como aguerrido soldado, con valentía, con arrojo y denuedo frente a Zamora. Su uniforme de garzos y zarcos; de sinoples y verduzcos, le camuflan con las paralelas y equidistantes riberas. Entre luces, todavía se distinguen los turquíes, los marinos y los celestes de sus rápidos y sus corrientes. Con el crepúsculo sus aguas se tornan obscuras; denegridas y azabaches, se confunden con el nocturno firmamento vacuo de estrellas. La que dicen fue casa del Cid; la Catedral y su cimborrio bizantino; y el Castillo y sus adarves, y hasta la Puerta de la Libertad, contemplan su sigiloso y noctívago transito en la más cerrada nocturnidad. Su agárica estela aparece nacarada y bruñida por el argénteo reflejo de la luna nueva.

Inesperadamente, un sonido ácueo y persistente comienza a escucharse. La lluvia se precipita sobre el desnudo cauce. Su rumoroso y eufónico fragor, resuena continuadamente. Los tejados de las casas del barrio de Olivares, pronto muestran un liento y acharolado esmalte. La enardecida rubescencia de los aleros destaca sobre un paisaje nuvoloso y grisáceo. Los ufanos chopos de las islas del Duero tambien aparecen más avivados por la llovizna, con sus colores verdosos acuarelados.

Tras la desabrida tormenta, en la ennegrecida y revuelta noche, se vislumbra una línea de amacigada luz, que cruza de orilla a orilla, las aguas del Duero. Es el nuevo Puente de los Poetas, que destaca por su esbeltez y sus líneas combadas, con su diseño contemporáneo y moderno, pero al tiempo fiel a las tradiciones y valores de esta Tierra del Pan y del Vino.

 

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