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El fenomeno social de las maras

Alan Edgardo Argeñal Pinto

Honduras



SURGIMIENTO DEL FENOMENO SOCIAL
LAS MARAS

Por: abogado ALAN ARGEÑAL

A principios de los años 80’ llega a los Estados Unidos, principalmente a Los Ángeles (California), un grupo numeroso de inmigrantes salvadoreños que escapaban de las sangrientas guerras internas que vivía El Salvador. Algunos de estos jóvenes forman las agrupaciones que tomarían el nombre de “Maras” y cuyas dos vertientes son: Mara 18 y la MS 13. La palabra “mara” deriva de las hormigas africanas marabuntas en alusión a la forma en que éstas se expanden, invadiendo y devorando todo lo que encuentran a su paso. La palabra Salva trucha estaría formada por El Salvador y ”trucha”, expresión que define al sujeto que es hábil o astuto para escaparse de la policía. Sus miembros son conocidos como mareros. Con el tiempo, otras comunidades latinas se van sumando a las maras, en particular nicaragüenses, guatemaltecos, hondureños, ecuatorianos, mexicanos y peruanos, siendo los principales los de la ”Mara Salva trucha” Ms13 y la Mara 18.

La palabra “mara” deriva de las hormigas marabuntas en alusión a la forma en que éstas se expanden por barrios y colonias.La expresion Salva trucha estaría formada por El Salvador y ”trucha”, expresión que define al sujeto que es hábil o astuto para escaparse de la policía. Sus miembros son conocidos como mareros. Con el tiempo, otras comunidades latinas se van sumando a las maras, en particular nicaragüenses, guatemaltecos, hondureños, ecuatorianos, mexicanos y peruanos.

El fenómeno social llamado Mara, o fenómeno antisocial, es lamentable su proliferación de pandillas en el país, la policía creo la UNIDAD DE PREVENCION DE MARAS (UPM); su finalidad es rescatar a los jóvenes que integran estos grupos, aproximadamente existen unos cuarenta mil miembros de maras. De acuerdo a las estadísticas se hace una lista detallada de los delitos cometidos con frecuencia.
· Robo
· Posesión distribución de drogas de consumo.
· Violación.
· Homicidio
· Homicidio en grado agravado
· Parricidio en su grado de ejecución.
· Estafas.
· Portacion ilegal de armas.
· Homicidio en grado de tentativa.
· Homicidio culposo.
· Hurtos
· Desacato a la autoridad
· Lesiones.
· Lesiones culposas.
· Homicidio simple.
· Tentativa de robo
· Trafico de drogas y posesión.
· Secuestro.
· Asesinato consumado
· Amenazas a muerte.

Las clases de mara en Honduras, para los efectos de este trabajo investigativo se encuentran dos grandes grupos:

· Mara Salva trucha (MS 13)
· Mara 18

Otro grupo encontrado en los centros penales de Honduras los famosos PAISAS, quienes son delincuentes comunes no pertenecientes a ninguna de las maras antes mencionadas.

Las maras surgen en un principio como organizaciones de protección de los barrios, colonias, o en las calle y sectores donde ellos habitan para impedir que otras maras distintas a la que pertenecen se apoderen de su territorio. Ejerciendo un control y dominio absoluto de la zona. Ej.- Villanueva, cortes, Comayaguela, chamelecon, López arrellano, La Rivera Hernández etc.

Lo que caracteriza a las maras es el uso abierto y sancionado de la violencia formando parte del crimen organizado ya sea como protección o como agresión, y la convivencia permanente al delito. El consumo de drogas y el aumento constante en la adquisición y el uso de armas aceleraron esta espiral de violencia hasta límites extremos.

Pronto el narcotráfico, el tráfico de armas, los asaltos, homicidios y otras actividades delictivas se convirtieron en las acciones principales de las maras. La pertenencia a una mara les otorgó a muchos jóvenes desocupados, sin familia, sin documentos y provenientes de hogares destruidos.

CAUSAS QUE PERMITEN LA PROLIFERACIÓN DE LAS MARAS.

· Desintegración familiar.
· Desempleo.
· Factor socioeconómico.
· Deserción escolar.
· Perdida de valores espirituales y morales.
· Cuotas de poder en los barrios.
· Obtención de dinero fácil (Robo, asesinato etc.)
· Rechazo a la sociedad.
· Rebeldía juvenil.
· Inducción directa de amigos (curiosidad).
· Falta de amor, cariño, compresión en hogares.
· La deportación de ilegales de Usa, a Honduras.
· La abolición del servicio militar obligatorio por uno educativo.
· Influencia de programas de televisión de violencia.

En los barrios en que habitan con un estilo de “vida loca”, sin importarles el mañana, el futuro, y solo el presente, proclamando el lema: “Por mi madre vivo, y por el Barrio muero”. Con los tatuajes se generó una especie de identificación de los integrantes de las maras para demostrar su pertenencia de una familia diferente demostrando lazo de fraternidad al grupo antisocial que tiene afinidad.

Otro aspecto de analizar es la solidaridad entre los miembros de la maras significó una total indiferencia y hasta el desprecio por el resto de la sociedad.

La reacción del gobierno Hondureño no se hizo esperar patrullando las fuerzas armadas y la policía para brindar protección ciudadana, al comprobar la gravedad de la situación de criminalidad producto de los altos índices de violencia, se necesita de emergencia políticas criminales para encarcelar y enjuiciar a los miembros de estas organizaciones delictivas. En el año 2000 los gobiernos estadounidense y de Honduras firman un acuerdo por el cual el país del norte se reservaba el derecho a deportar a todo ciudadano Hondureño que cometiera delito.

En la grafica se puede apreciar la aprehensión de un marero que sembraba el terror en Tegucigalpa.

CARACTERISTICAS DE LAS MARAS

Los símbolos de la Mara Salva trucha son el numero 13 y las letras MS, que suelen tatuarse junto a otros motivos, en diferentes zonas del cuerpo. Lo mismo con el número 18, en el caso de la Mara rival. Sus integrantes se distinguen por tener el cabello rapado, pantalones muy holgados y el cuerpo decorado con tatuajes, sobre todo en los brazos, pecho, espalda y rostro. En las maras de honduras algunos de los cabecillas se distinguen por tatuarse un ataúd por cada vida cobrada de un policía.

Tres puntos en la zona del codo, en los nudillos o en el espacio entre el dedo pulgar y el índice significarían, según algunos, “la-vida-loca”, que es como los jóvenes definen su forma de vida. Otros motivos de tatuaje son: calaveras, cruces gamadas, la imagen de la Virgen -en la mayoría de los casos la Virgen maria, telas de arañas, las dos caras simbolizando la tragedia y la comedia, murciélagos, tigres, dragones, serpientes, alacranes.

Los integrantes de las maras son jóvenes de entre 12 a 35 años, aunque se da el caso de que niños de hasta 9 años de edad se integran a estos grupos. Además de identificarse con los tatuajes, utilizan una especie de código gestual que denota pertenencia. Al principio, se utilizaron muchas palabras y expresiones provenientes del inglés, pero con el tiempo se han substituido por giros locales. Suelen también “marcar” sus zonas de control con graffiti, con símbolos que denotan la mara que “gobierna” la zona. Imágenes religiosas, como la de la Virgen María, o leyendas en estilo gótico son también muy frecuentes. Así como los tatuajes pretenden reflejar la historia del individuo que los porta, los graffiti simbolizarían la “historia” del Barrio.
El ingreso a la mara asume distintas formas según la región o el país. Una de las ceremonias de iniciación en la Mara Salva trucha es que el candidato soporte 13 segundos de golpiza. En este ritual llamado “brincamiento” el candidato se debe pelear con tres pandilleros y en algunos casos con cinco. En otros casos debe pasar por un “túnel” formado por “hommies” quienes se encargan del maltrato. Otra de las obligaciones sería matar a un miembro de una organización enemiga.

El consumo de drogas es cotidiano, desde aspirar pegamento hasta el uso drogas más pesadas como cocaína o crack. Se consume también marihuana, anfetaminas, heroína y otras drogas. El consumo de alcohol también es corriente (cerveza, ron, tequila, guaro, etc). Las armas más usadas son piedras, puñales, machetes, granadas de mano y todo tipo de armas de fuego (pistolas, escopetas de caño recortado, metralletas, etc.).

Las maras son agrupaciones estrictamente jerárquicas, a pesar de semejar “fraternidades”. Los cabecillas son, en general, quienes han demostrado mayor sangre fría en la práctica de los delitos, o quienes poseen una mayor capacidad de liderazgo. Sin embargo, con frecuencia se hacen votaciones -por ejemplo, qué castigo recibirá algún miembro de la mara que haya violado una de sus reglas-, lo que da una cierta ilusión de participación.
Muchas son las reglas que regulan el funcionamiento de las maras, y varían de acuerdo a las regiones. Las reglas más frecuentes son, por ejemplo, la prohibición de alternar con alguien de la mara enemiga y la obligación de participar en toda pelea en la que la mara esté envuelta. Otra regla común es la obligación de reaccionar y responder toda provocación, aunque se esté en condiciones de inferioridad.

Cuando se ingresa a la “Maras”, se ingresa para toda la vida. No está permitido el abandono de la misma, que es considerado como “deserción”. Es aceptado, sin embargo, que los jóvenes que pasan los 30 años lentamente vayan alejándose de la actividad delictiva -“calmarse” o “frenar”-, por lo menos los pocos que tienen la fortuna de no haber terminado en prisión, en el hospital o en el cementerios.

LA INTEGRACION DE LAS MUJERES A LAS MARAS.

Los roles de los sexos en las maras son los tradicionales, fijados por una sociedad machista. En un principio, las jóvenes sólo tenían el rol de ser las novias de los mareros, y si participaban en forma activa de las “acciones” de la pandilla, era solamente para servir de mensajeras o “correos”.
Pero actualmente las jóvenes adoptan más y más las costumbres de sus compañeros: ejercer la violencia, usar armas y tatuarse al igual que los muchachos. Ej. El famoso caso de la diabla.
El rito de iniciación de las muchachas en las maras tiene dos variantes: la “tradicional” golpiza de los trece segundos; la otra es el contacto sexual obligatorio con el jefe, cabecilla de la mara.

La mayoría de las jóvenes que ingresan en las maras tienen entre 16 y 18 años y, en general, permanecen menos tiempo que los muchachos. Muchas son atraídas por la aparente fraternidad de la “Mara” pero al poco tiempo se dan cuenta que los esquemas de poder son los mismos que en los de la sociedad en general. Mientras que los jóvenes dicen ingresar a la mara para recibir “respeto” y ganar poder, las jóvenes van en busca de la amistad que no encontraron en otros ambientes. La mayoría de las jóvenes se alejan de las bandas al quedar embarazadas, lo que sucede con mucha frecuencia, puesto que poco y nada se sabe de métodos anticonceptivos. Todas dicen desear un futuro mejor para sus hijos, lo cual es un deseo que suele ser muy difícil de llevar a la práctica.

Las jóvenes que roban, se drogan, tienen relaciones sexuales con los “homeboys”, se tatúan y utilizan la violencia, rompen con muchos más tabúes que los muchachos, reciben una condena mucho más dura de parte de la sociedad y les resulta enormemente más difícil separarse de la mara y reinsertarse en la sociedad.

La religiosidad está también presente en la vida de los mareros. Muchos se consideran, paradojalmente, creyentes, y las iglesias son espacios neutrales, respetados cuando hay pelea. En las iglesias tampoco, por lo general, se porta armas. La idea es que sólo Dios comprende a los mareros, y no los juzga.

Todos los miembros de la mara, al ingresar, reciben un nuevo nombre, o seudónimo. El seudónimo funciona como símbolo de una nueva identidad y también para marcar la doble vida que muchos llevan. Con frecuencia se sabe solamente el apodo de los “homeboys” y no su verdadero nombre.

RECLUTAMIENTO

La violencia de las maras es brutal, impiadosa, injustificada y, sobre todo, visible. Los jóvenes integrantes de las pandillas viven en la calle, ostentan sus cuerpos tatuados y no ocultan su acceso a las armas o su afición por las drogas. Representan la violencia visible y personificada, pero no debemos olvidar que forman parte de una sociedad con una carga de violencia constante en todos sus estratos: violencia de parte de las autoridades y de la policía, y violencia en la esfera privada: el maltrato a las mujeres y a los niños, el machismo, los roles de género, la discriminación: desde las estructuras de poder hasta las estructuras familiares, todo está traspasado por esta cultura de la violencia.
Aproximadamente existe una población carcelaria actualmente de unos 20 mil mareros en diferentes cárceles Ej. Nacaome, Tamara, Ceiba, Comayagua, La paz etc.
Consideran a los miembros de la Mara como su verdadera familia

Son muchos los motivos por los cuales las maras siguen reclutando jóvenes. Es una historia compleja sin soluciones rápidas o unilaterales. Muchos afirman que mientras el problema se enfoque como problema policial y se deje de lado su aspecto social y cultural no se podrá frenar este fenómeno. Las sangrientas guerras civiles con su herencia traumática y la influencia de las pandillas norteamericanas han contribuido a su formación, pero también la pobreza, el desempleo, las corrientes migratorias del campo a la ciudad, la creciente urbanización, el derrumbe de la estructura familiar, los padres ausentes, la búsqueda de la identidad de los jóvenes, la cultura de la violencia siempre presente. Y no menos el problema del hacinamiento: las viviendas ínfimas, donde, estadísticamente, conviven 3 personas en cada habitación, pero donde no es raro que hasta 5 adultos y 5 niños vivan en un sólo cuarto y cocina. En familias donde reina el desempleo, el alcoholismo y la violencia, los niños y jóvenes que no quieren o pueden permanecer en su casa tienen una sola alternativa: la calle. Y ya en la calle son presa fácil de las clicas, que les ofrecen una identidad y la ilusión de pertenecer a una “familia”.

Otras alternativas no existen: el tiempo sobra, los adultos no tienen trabajo, los niños con frecuencia no van a la escuela y no hay canchas de fútbol, bibliotecas, cafés, discotecas o espacios donde los jóvenes puedan reunirse para actividades positivas. Queda sólo el “Barrio” o la “esquina”. Abandonar la escuela es, cuando no causa del ingreso a la mara.

Su consecuencia. Y quien no deja voluntariamente la escuela luego del ingreso a la pandilla, deberá dejarla a la fuerza, puesto que las escuelas cierran sus puertas a los mareros. El temor a la violencia, el uso de drogas, las armas, son motivos atendibles, pero es, a la larga, una situación insostenible.
El contacto con la policía es, más que contacto, un choque. Ambos grupos se aborrecen. Los mareros ven en la policía a sus enemigos y los policías suelen usar violencia no provocada y apalear a los mareros en cuanto se les presenta la oportunidad. Las dos partes recurren a la violencia como la aparente solución de los problemas, lo cual llevan este espiral de violencia a crecer aún más.
La mayoría de los jóvenes integrantes de las maras acaban tarde o temprano en la cárcel. Se calcula que cerca del 70% ha cumplido una condena de prisión al menos una vez (3). La mayor parte por delitos de asalto, maltrato u homicidio.

Si bien existen algunas instituciones para la rehabilitación de jóvenes pandilleros, la gran mayoría acaba en las cárceles comunes, donde se los mezcla con delincuentes comunes y con integrantes de las maras rivales. La situación de las cárceles deja mucho que desear: hacinamiento, malas condiciones de sanidad, prisioneros que permanecen meses y hasta años sin juicio y sin sentencia. En las cárceles se reclutan nuevos adeptos a las maras, lo que hace de este castigo una contribución a la espiral de violencia.

La vida como marero es, desde todo punto de vista, desgastante. De entre los jóvenes que han pertenecido a la mara más de cinco años, 8 de 10 quieren alejarse (según encuestas de la UCA, Universidad Centroamericana y por UNICEF). Pero es un deseo enormemente difícil de realizar, puesto que son jóvenes “marcados” por sus tatuajes y su dependencia de la droga. No tienen trabajo y las escuelas se niegan a recibirlos. Carecen de familia, vivienda y una red social y familiar que los apoye. Hasta ahora ha sido la Iglesia Católica, en colaboración con algunas organizaciones de cooperación internacional, quienes intentan crear espacios donde estos jóvenes puedan recibir apoyo en su reinserción social, pero aún queda mucho por hacer.

COMBATE DEL ESTADO A LAS MARAS.

La asociacion ilicita. (Ley de antimaras)

Los delitos que los mareros cometen van desde robos simples hasta operaciones complejas con características de comandos paramilitares, crímenes por encargo, el paso por la frontera de ilegales y disputas de territorios por el control y el manejo de drogas. Los mareros son también utilizados, sobre todo los más jóvenes, por los carteles de la droga. Son la carne de cañón de los barones del narcotráfico: a sueldo, aprovisionados de dinero, armas pesadas y drogas para consumo propio, son pagados para introducir el comercio y vigilar la zona.
Sus filas están formadas en su mayoría por jóvenes pobres y sin educación, lo que los deja en una situación de exclusión social sin inserción en el sistema. Los más arrojados suelen ser los miembros más jóvenes, de apenas 12 o 13 años de edad, quienes desean ganar status en la mara. También utilizan a los inmigrantes recién llegados, los cuales son más baratos y temerarios, al venir de situaciones de una pobreza extrema. Cabe aclarar que no sólo de pobres e inmigrantes se nutren las maras, ya que entre ellos se puede encontrar a personas que han pertenecido a las fuerzas armadas y de seguridad de países centroamericanos. Algunos de éstos provendrían del área de inteligencia y fuerzas especiales. Por otro lado, han resurgido las agrupaciones clandestinas de represión a la manera de los Escuadrones de la muerte, ahora conocidas como la temida “Sombra Negra”, que se dedican a secuestrar o “eliminar” a objetivos seleccionados dentro de las maras. Se ha detectado la presencia de, entre otros, miembros de la policía como integrantes de estos grupos.
Varios países centroamericanos han legislado para intentar frenar este problema. En julio de 2003, Honduras promulgó reformas a su Código Penal, que culminaron en la mal llamada Ley antimara, la cual desató una campaña inmediata de detenciones.

Tres meses después, en octubre de 2003, El Salvador aprueba una mal llamada ley antimara que define como marero a todo aquel “que se reúna habitualmente, que haga señas o tenga símbolos como medio de identificación, que se marque el cuerpo con cicatrices o tatuajes”, la cual dio origen a detenciones muy controversiales. En Honduras, al año siguiente (2004), se procedió a la tipificación del “Asociacion ilicita”Regulado en el articulo 332 del codigo penal, que facilita la detención alos cabecillas o jefes de pandillas o el tan solo hecho de pertenecer a estas bandas.

Al leer este articulo puedes tu hacer tu opinion acerca de las maras en los diferentes paises.

Este artículo tiene © del autor.

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1 Mensaje

  • El fenomeno social de las maras 2 de junio de 2008 03:37, por yesenia

    Es lamentable que en nuestras calles encontremos a chicos influenciados por pandillas en la cual se les engaña o se les hace creer que en ellas encontraran realmente a un familia, pero echemos un vistazo a la realidad, donde vemos violaciones, asaltados, robos y un sin fin de delitos, estos chicos necesitan ayuda urgentemente, y nosotros como personas ""adaptadas a la sociedad"" debemos contribuir para regenerarlos, hay que dejar de criticar al Estado, al gobierno, a las pandillas, a los lideres mundiales, TAMBIEN NOSOTROS TENEMOS LA CAPACIDAD DE CAMBIAR AL MUNDO, no por que los demas tengan dinero y el mundo entero a sus pies me voy a quedar como tonta esperando que ellos hagan algo, hay que quitarnos esa idea de nuestra cabeza, hay que reflexionar acerca de lo que estamos creando: niños que van directo al vacio, no hay que dejar todo al gobierno para que lo resuelva, de todos modos ellos no hacen nada, mejor hay que tomar la iniciativa como sociedad, hay que sembrar mejores pensamientos, si se puede, yo se los garantizo, y no me digas que no tienes la capacidad para hacerlo, a poco te vas a resignar tan facilmente, que lastima si piensas asi,
    COMO SOCIEDAD DEBEMOS EMPEZAR A CAMBIAR. Y LA MEJOR MANERA PARA COMENZAR ES POR TI MISMO.

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