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LA PLAYA DE LA ALMADRABA

Fragmento

Valentín Justel Tejedor



                 LA PLAYA DE LA ALMADRABA


Aquellas embarcaciones eran mecidas por el capricho de las olas del mar. Se balanceaban a barlovento y sotavento, siguiendo una rítmica y acompasada cadencia. Se trataba de un movimiento persistente incesante y sempiterno. Contiguo a las lanchas se erigía, un luengo y apaisado espigón. La rocosa escollera servía de refugio a una singular y heterogénea flotilla, formada por la Caleta, Marsol, Calma, Samara, el Calypso y otras barquichuelas denombradas.


El severo dique estaba formado por un sendero central, de ocre dorado y almagre, salpicado de minúsculos fragmentos de pétreo argento. El camino semejaba un vasto tapiz de diseminadas guijas y volátil arenisca. El paso estaba gofrado por las innúmeras huellas de los pescadores que por allí deambulaban. En sus márgenes, unas abruptas rocas poliédricas y toscas, se iban estrechando hasta formar en su extremo una línea peñascosa, que inopinadamente se sumergía dentro del mar y emergía de él.


En la cara Este del rompeolas, los días de Lebeche, el viento formaba sobre la superficie del mar una marejada de albos nacáreos y marinos navales; de níveos marfileños e índigos añiles; de discontinuos reflejos ambarinos y güeros, que tornasolaban el piélago como fulgurantes estrellas irisadas. El gríseo también se encontraba presente, contagiando con su plateada y engañosa melancolía un ambiente enérgico, radical e impetuoso.


Con cada ráfaga de aquella ventolera, los cabellos se desordenaban describiendo caprichosos movimientos espontáneos y erráticos. A medida que avanzaba la mañana, la fortaleza del viento parecía apoderarse de aquel espacio abierto.


Desde las aguas, a popa se divisaba la bahía de la Albufereta en la lontananza. Se columbraban las edificaciones prominentes, encumbradas en las obnoxias alturas. También se oteaba la protegida playa de la Almadraba, con sus gaviotas sobre las limonadas boyas de señalización marítima. A proa, se distinguía entre la tenue neblina, la silueta de la bella ciudad de Alicante con su mayestática e imponente fortaleza....(...) 

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