Portada del sitio > LITERATURA > LA ANTESALA
Grabar en formato PDF Imprimir este artículo Enviar este artículo a un amigo

LA ANTESALA

Antonio Nadal Pería



Se enciende la luz. Me encuentro en una habitación desnuda, sentado en una silla, a mi lado una joven que reconozco sentada en otra silla, es una prima de la mujer de mi hijo. ¿Qué haces aquí?, le pregunto. Pregúntate mejor qué hacemos los dos aquí, contesta ella. Miro alrededor, no comprendo la situación, no recuerdo las circunstancias por las que ambos nos encontramos en este misterioso lugar. Creo que nos morimos los dos el mismo día, a la misma hora, en el mismo hospital, cuenta ella, y me estremezco. Fatal coincidencia. Nos hallamos en una antesala, la antesala de un nuevo estado, la antesala de la entrada a la no vida o de otra vida, especula ella. Intento recordar de qué morí. Yo, de un cáncer, tú de un problema de aorta, me informa la joven como si hubiese leído mi pensamiento. Entonces, ¿a qué esperamos aquí?, me pregunto en voz alta. Creo que alguien vendrá a buscarnos para llevarnos a no sé dónde, dice la prima de mi nuera. Si estoy muerto, lo que más lamento, además de perder la vida, es dejar sola a mi mujer y no ver crecer a mi nieta, no disfrutar más de su compañía y que ella no me conozca, es aún muy pequeña y no me recordará, expreso con gran tristeza. Yo lamento simplemente no haber vivido más, pronuncia ella, soy demasiado joven. Se oyen unos pasos y la puerta que está enfrente de nosotros se abre lentamente. Aparece un fondo de claro oscuro y se dibuja avanzando la silueta de un hombre. Al cruzar el umbral de la puerta y detenerse a poca distancia de la chica, ella lo reconoce. Es mi abuelo, me dice alegrando la expresión de su rostro. Su abuelo extiende el brazo y abre su mano, ella se levanta de la silla, toma la mano de su abuelo y me dice: Adiós, que tengas suerte, seguro que vienen enseguida a buscarte los tuyos. Ambos salen de la habitación y la puerta se cierra suavemente. Transcurren unos minutos, oigo pasos, la puerta se abre de nuevo, otra vez el mismo fondo claro oscuro y unas siluetas que avanzan, cruzan el umbral y se detienen frente a mí. Reconozco a mi abuela, a mi padre y a mi madre sosteniendo en brazos a un bebé, que seguro es mi segundo hijo, fallecido a pocas horas de su nacimiento. Extienden sus brazos hacia mí y me brindan sus manos abiertas. Ven con nosotros, no temas, estarás bien, dice mi madre. Te esperábamos hace tiempo, dice mi abuela, pero no quisiste venir antes. Me levanto tranquilo y confiado y me voy con ellos, cogido de la mano de mi abuela.

Este artículo tiene © del autor.

135

Comentar este artículo

   © 2003- 2015 MUNDO CULTURAL HISPANO

 


Mundo Cultural Hispano es un medio plural, democrático y abierto. No comparte, forzosamente, las opiniones vertidas en los artículos publicados y/o reproducidos en este portal y no se hace responsable de las mismas ni de sus consecuencias.

Visitantes conectados: 9

Por motivos técnicos, reiniciamos el contador en 2011: 3241481 visitas desde el 16/01/2011, lo que representa una media de 739 / día | El día que registró el mayor número de visitas fue el 25/10/2011 con 5342 visitas.


SPIP | esqueleto | | Mapa del sitio | Seguir la vida del sitio RSS 2.0