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LA PINTORA Y SU VECINA (1ª PARTE)

ANTECEDENTES DE UN DIBUJO OBSCENO

Antonio Nadal Pería

España



Es una mujer madura, una artista pintora. Llega a casa cargada con varias bolsas de compra. Le abre la puerta una joven vecina, estudiante de arte, que vive en el piso de enfrente y se presta a ayudarle a subir la carga. "No te preocupes, cojo el ascensor y ya está", le dice la mujer. La joven insiste. La pintora la invita a entrar en su casa. Dejan las bolsas en la cocina, la primera habitación de la vivienda, a mano izquierda. La joven profiere una exclamación de admiración al ver las paredes del largo pasillo cubiertas con cuadros colgados. "Tiene una exposición en casa". Recorren el pasillo mirando y comentando los cuadros pintados al óleo, carboncillo y pastel. cuando terminan con el pasillo, cree la joven que ha terminado de ver todos los cuadros de su vecina pintora. "Tengo muchos más, ¿los quieres ver o tienes prisa?". La joven le dice que no tiene prisa y que le gustaría ver más. Abre una puerta y lo primero que ve la joven es una serie de cuadros ordenados uno detrás de otro en el suelo. "Te recomiendo no mirar todos de una vez, necesitaríamos unas cuantas horas", le dice la artista, y añade: "La pintura también emborracha". A la joven le llama la atención los cuadros colgados en las paredes que representan dibujos de desnudos femeninos en poses atrevidas. "Es una serie que me apeteció hacer con mujeres conocidas. Como ves, a ninguna se le ve la cara, así no se negaban a posar de forma tan obscena", le informa la pintora. "Sí que fueron atrevidas. A mí me daría mucha vergüenza", comenta la joven. "Pues me gustaría dibujarte como a ellas". La joven se sonroja y niega con la cabeza. "Piénsatelo, nadie te reconocería". "Gracias, pero no me atrevo". La pintora le ofrece un refresco o comer algo, pero la joven alega que ya empieza a tener prisa, tiene que sacar a su perro a pasear. Unos días después, al abrirse el ascensor en el que han bajado la pintora y su marido, el perro de la joven vecina se abalanza sobre ellos y tira al hombre, que se golpea la cabeza contra una barandilla. El susto es memorable. El marido de la artista queda atontado unos segundos. La joven pega a su perro, que ladra asustado. Se excusa mil veces la joven. "Es que el perro es muy joven y quiere jugar". Poco a poco, el marido de la artista se siente mejor, se levanta con la ayuda de su esposa y le dice a la joven que no se preocupe, que no ha sido nada. Un día después, la pintora y la joven coinciden en el patio de casa. "Tuvimos que ir a urgencias y a mi marido le dieron dos puntos en la cabeza", le informa la pintora. "Lo siento muchísimo. No sé cómo recompensarles por el susto". "Yo sé cómo nos has de recompensar", le dice la artista. "Haré lo que sea", asegura la joven. "Posa para mí como te pedí", le propone. "Pero eso no beneficia a su marido". "Le beneficia si asiste al dibujo mientras posas". Tras un minuto de pensarlo, la joven acepta. "¿Cuándo?", le pregunta. "Mañana, sábado, por la mañana, a mediodía". "De acuerdo, pero le pido que no se entere nadie. A mis padres no les gustaría nada". "Lo que tú digas, aunque eres mayor de edad".

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