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SILENCIOSO Y CONCLUYENTE AMOR

Manuel Parra Pozuelo

España



Véase la íntima unión entre el amor y la muerte

SILENCIOSO Y CONCLUYENTE AMOR

Su horizonte vital había ido reduciéndose, primero dejó de hablar con compañeros y compañeras de trabajo, con los unos porque era incapaz de soportar sus disquisiciones futbolísticas y sus tribulaciones económicas y sentimentales, y con las otras porque nunca sabía interpretar sus palabras, y nunca era capaz de saber si estaban motivadas por un verdadero interés por su persona o por la natural coquetería que buscaba solo darse la satisfacción de rechazarlo. Después dejó de saludar a los vecinos de su edificio. Finalmente, ordenó a la compañía telefónica que desconectase su terminal, y sólo se comunicaba con otros seres gracias a la pantalla de su ordenador. Ese era su mundo, allí podía contemplar, en el más absoluto de los silencios, los rostros más atractivos y los ojos más profundos.

Así pasaban monótonamente sus horas laborables y las dedicadas a sus imprescindibles desplazamientos. Estos eran siempre tiempos dempacientes esperas, mientras llegaba el momento de ponerse ante su ordenador, en el que, escribía en el buscador “amores imposible y definitivos”, “amor hasta la muerte” y otros enunciados, tras los que encontraba poemas y mensajes que le conducían a un mundo de sensaciones y estremecimientos sin palabras,

Obsesionado por sus mudas promesas de amor, era incapaz de abordar una relación que le obligase a un intercambio verbal. En las duermevelas de sus noches insomnes aparecía una mujer bellísima que jamás hablaba pero que solo con sus ojos y su semblante le comunicaba sus deseos y que, en la serenidad y la soledad de la noche, lo amaba con toda la ternura de sus caricias y toda la intensidad de su pasión.

En diversos foros iba dejando sus poemas en los que evidenciaba el contenido de sus sueños, en uno de ellos escribió:

“Antes de que naciese el universo,
cuando la nada sola
reinaba omnipotente,
ya habías llegado a mí,
ya estabas en mi sangre,
Ahora cuando la furia,
cuando el ruido insufrible
sólo mi anhelo vuelve
al silencio contigo,
Nos sobran las palabras,
La muerte ha de ser sólo
retornar a las sombras,
donde se escuche sólo
tu corazón latiendo,
tu corazón amando.
Después la nada incólume,
donde estás aguardando,
donde yo he de alcanzarte,
y besar a la muerte
que cerrará tus labios,
de donde no nacieron
mentirosas palabras,
que no muestran, ni dicen
las turbadoras ansias
que habitamos nostálgicos
del amor y la nada
que nos están llamando.“

Pasados unos días encontró en su correo electrónico un mensaje que era, sin duda, una respuesta a su poema y decía:

“También yo busco, sola,
un ser tan silencioso
como lo soy yo misma.
No quiero más palabras
que ocultan y que engañan..
deseo solo miradas,
y caricias y besos.
Espero tus silencios.

Enmudecido espíritu”

Utilizando el recurso “responder”, el hombre dirigió a “enmudecido espíritu” un escueto mensaje que decía:”Yo te espero en silencio”.

Cuando regresó a su casa, el hombre leyó otro mensaje de su desconocida y silenciosa corresponsal, en la que le citaba a la puerta del archivo municipal, que, prácticamente desierto, ofrecía un refugio muy adecuado para los interanutas voluntariamente enmudecidos.

Callados y silentes entraron uno de sus amplios y casi desnudos ámbitos, y ubicados frente a frente, en una de sus mesas, permanecieron mirándose intensamente durante una hora, que les pareció un instante, y concluyo cuando la mujer , tras escribir en una de las fichas del archivo para solicitar los servicios del encargado "mañana a la misma hora", se levantó sin que ni ella ni el hombre hubieran pronunciado una sola palabra , al igual que los del hombre, aunque, en determinados momentos, el ansia y el deseo había hecho sus humedecidos labios se entreabrieran .

Un vez en la calle, tras estrechar sus manos apasionadamente, comenzaron a caminar en direcciones opuestas,

A lo largo de dos semanas compartieron , en los días laborales , las solitarias salas del archivo municipal, el segundo domingo tras su primera cita, cuando el hombre ya desesperaba anhelando la llegada del lunes para que volviese a abrirse la puerta de su silencio refugio, al conectar el correo de su ordenador, descubrió un nuevo mensaje de “enmudecido espíritu” que anticipaba:
“Espero amor y muerte.
A la hora habitual
en el lugar de siempre”

Su respuesta fue inequívoca y contundente.

“En el final del túnel:
tus labios y la nada.
El sueño está esperando
sin arpegios ni canto
ni gritos ni lamentos.”

A la hora convenida, coincidieron en la puerta del archivo, que no atravesaron, puesto que mirándose intensamente se dirigieron hacia una de las calles de edificios rehabilitados del viejo barrio .Se detuvieron ante uno de las puertas que la mujer abrió .En el ascensor, al pulsar el botón que señalaba el sexto piso, la mano del hombre aprisionó por un momento la de la mujer. Entraron en un piso limpio y ordenado, y el hombre, siguiendo muy de cerca a la mujer, se introdujo en el que supuso su dormitorio. Estuvieron un tiempo casi interminable mirándose apasionadamente adivinando e imaginando sus cuerpos ocultos, hasta que sus labios se unieron en un beso infinito y urgente. Se despojaron de sus vestidos e hicieron el amor furiosa y salvajemente, con un lenguaje tan sincero e intensamente comunicativo que hizo superfluas las palabras.

Aún no había amanecido, cuando la mujer extrajo del cajón de su mesa de noche un frasquito, que parecía una de las botellitas de licor que ofrecen en algunos trenes. Tras beber la mitad su contenido lo dejó en la manos del hombre que acababa de amarla y que apuró el contenido que le ofrecía la que se hizo llamar enmudecido espíritu Al ir a besarla ya había comenzado a cerrar sus ojos y al apoyar su cabeza sobre la almohada aún tuvo tiempo de estrechar una de las manos de la que ya le estaba esperando en el más absoluto de los silencios, en el más puro vacío donde la nada reina , al que, juntos y sin palabras, ya estaban accediendo.

MANUEL PARRA POZUELO

P.-S.

AGRADECERIA OPINIONES Y CRÍTICAS

Este artículo tiene © del autor.

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