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HISTORIAS DE ESCALERA

Antonio Nadal Pería

España



Un vecino me comentó el otro día que de noche, desde la cama, cuando no pega ojo y oye que funciona el ascensor, cuenta los segundos que le cuesta subir a un piso y así se entera qué vecino llega a casa a esas horas. Dice que subir cada rellano le cuesta al ascensor cuatro segundos. No podía imaginarme que alguien se entretuviera en la cama de esa manera e imagino que este hombre en vez de contar ovejas para llamar al sueño cuenta el tiempo de funcionamiento del ascensor. Lo malo para él es que en nuestra casa no vuelven muchos vecinos después de las diez de la noche. Los vecinos son gente de orden, matrimonios o parejas formales y varios jubilados, aunque ha habido épocas de tener que soportar a malos inquilinos por culpa de propietarios poco escrupulosos a la hora de alquilar su vivienda. Las dos vecinas que viven en los pisos bajos, una viuda y la otra solterona, me contaron el otro día que los vecinos tiran por las ventanas toda clase de objetos, que quedan en la acera de la calle a poca distancia de sus ventanas. Un día olía la escalera a quemado y se veía algo de humo, un vecino alarmista enseguida llamó a los bomberos. Aparentemente no existía incendio alguno y un par de ellos llamaron a todas las puertas para averiguar en qué vivienda se había quemado algo. Comprobaron que se había quemado la comida de una pareja del sexto piso, que se sorprendieron mucho al ver que el cuerpo de bomberos se interesaba por ese incidente. Los que habitan en el primer piso, un matrimonio con dos hijas adolescentes, cada vez que salen de casa y cierran la puerta lo hacen con tanta fuerza que tiemblan las paredes de los pisos de alrededor. Según ellos, la cerradura funciona mal y tienen que cambiarla, pero no la cambian. Al vecino soltero del séptimo se lo encontró muerto en su casa una hermana que vive cerca de allí con su marido. El hermano solía comer todos los días con ella y su cuñado, al no acudir a su casa se preocuparon y se encontraron con ese espectáculo. 

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