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RAJOY VERSUS PODEMOS

César Rubio Aracil

España



Claro, hablar mal de Podemos haciendo referencias concretas no le es favorable a Rajoy; es preferible despotricar del adversario con vaguedades: “Otros, en cambio, seleccionan a sus representantes para las Municipales en las cafeterías”, pongo como ejemplo, y a renglón seguido se atreve a pronosticar colapsos sociales, hecatombes y cuantas desgracias nacionales seamos capaces de imaginar si el PP no gana las elecciones. ¿Se puede tener más cinismo? ¿Es posible que un estadista pretenda hacer creer a millones de votantes desprotegidos por la incultura política, a hombres y mujeres más o menos confiados, más o menos temerosos pero inocentes por el sólo hecho de haber nacido aquí, en esta España de políticos embusteros, de auténticos trileros, de habilidosos embaucadores del toco mocho, ofreciéndoles con descarada premeditación lo que no es capaz de cumplir, lo que no ha cumplido en toda una legislatura? Sí, y mucho más si la ocasión requiere seguir mintiendo, seguir atropellando a parados, inmigrantes, enfermos de hepatitis C, desahuciados, estafados por la Banca… ¡ay, Dios! sin tener en cuenta terribles sufrimientos, colas humanas en Cáritas implorando un plato de lentejas, al tiempo que la ambición de los politicastros de siempre, insaciables devoradores de conciencias invade el ámbito social de los menos dotados de poder; en definitiva, y sin recurrir a la exageración, del grandísimo detritus social –perdóneseme la expresión- que forman una gran mayoría de españoles. Digo “detritus” y no escoria humana, que al fin y a la postre son expresiones casi equivalentes, porque el latinajo explica la descomposición de la masa sólida; es decir, del ser humano desprovisto de la conciencia que le ha sido robada, puro apelotonamiento de partículas inservibles. Eso es lo que somos quienes hemos tenido el infortunio de haber venido al mundo en España, desnudos como todos, pero desamparados por la intromisión en nuestras vidas respectivas de las minorías dirigentes que hoy se erigen, con desvergüenza, como líderes de la razón y la justicia.

¿Cuándo ha de llegarnos la valentía suficiente para recluir en el ostracismo a tanto sinvergüenza -se me agotan los epítetos- que, además de serlo, tienen la desfachatez de querernos asustar todavía más? ¿Cuándo ¡oh Dios! el levantamiento popular? ¿A qué esperamos cuando, legislatura tras legislatura, se nos promete lo mismo y se incumple de variadas maneras el cuasi juramento de los patriotas de siempre, más amigos de la Cosa Nostra que del santo rosario?

Me duele expresarme en términos lacerantes para liberarme de la rabia que me invade. Quisiera encontrar en la templanza la manera de zaherir a tanto hideputa, pero no puedo. He aguantado mucho durante suficiente tiempo como para cabrearme a tope ahora que comprendo porque quisimos arrojar de España a Napoleón y defendimos con arrojo a Fernando VII, gran violador de memorias.

César Rubio (Augustus)

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