Imprimir este artículo Enviar este artículo a un amigo "GABRIEL MIRÓ Y OSCAR ESPLÁ"

Fecha: 8 abril 2007
GABRIEL MIRÓ Y OSCAR ESPLÁ
 
 
 
 
 
 Gabriel Miró fue, desde su infancia, un gran aficionado a la lectura y a la música, y ambas disciplinas contribuyeron a su formación cultural y artística. Esa inclinación por la música le llevaría a incluir en sus escritos nombres de compositores, títulos de partituras, instrumentos musicales, convertir a alguno de sus personajes en músico, e incluso su prosa está plagada de recursos y motivos sonoros. Esta inclinación por la música le llevaría a buscar la amistad de intérpretes y compositores, aunque la relación más significativa sería la mantenida con el también alicantino Oscar Esplá.
 El mismo año en que Gabriel Miró recibía el premio de “El Cuento Semanal” por la novela Nómada, su amigo el compositor Oscar Esplá publicaba el Scherzo para piano. La aparición de esta primera partitura editada (aunque no la primera compuesta) de Esplá provocó gran revuelo incluyendo discusiones en la prensa de la época. Ante la expectación provocada por el Scherzo, Miró quiso conocerlo (no sólo por curiosidad de amigo sino porque tenía cultura musical a diferencia de la mayoría de escritores españoles del momento), y acudió a la casa de Esplá para escuchar el Scherzo para piano.

El músico Óscar Esplá en su casa de Alicante

 Ese día el compositor le contó al escritor el deseo de escribir una obra para gran orquesta, quizá, pensaba él, un poema sinfónico que era la forma de moda en la época; y como todo poema sinfónico necesita de un argumento en el que basarse, Esplá pidió a Miró que se lo proporcionase. Esplá quería un “asunto poético y apartado del costumbrismo pintoresco del que ya se abusaba en el sinfonismo español[1].

 A los pocos días Miró le entregó un poemita corto, inspirado en la mitología griega, “ingenuo, pero con los rasgos del estilo mironiano[2]. Era El sueño de Eros, y sobre este texto, escrito poco antes que Las cerezas del cementerio (terminado en la primavera de 1910) Esplá escribió su primera composición para orquesta que permanecería guardada hasta que, tras recibir el premio de Viena, sería estrenada primero en Munich y después, con el texto transformado y ampliado por Miró (como era su costumbre), en Madrid.
 Está totalmente documentada a través de cartas y escritos, propios y ajenos, la profunda amistad y admiración mutua que se profesaron los alicantinos Oscar Esplá y Gabriel Miró, a pesar de la diferencia de edad y condición artística. Esplá era más joven que Miró, por eso siempre le llamó su “hermano mayor”, “hermano espiritual”, “hermano-amigo”, porque Miró se comportó como un hermano con Esplá aconsejándole cuando fue necesario, pero también fue un verdadero amigo prestándole su apoyo incondicional antes de alcanzar la fama, cuando aún no era conocido por nadie, y después de saborear el éxito.
 Oscar Esplá y Gabriel Miró se vieron por vez primera en casa del prestigioso abogado de Alicante don José García Soler. Este hombre, poseedor de una gran cultura y apasionado de la música (tocaba el piano), vivía en la plaza que hoy se llama de Gabriel Miró. En la parte superior de su casa tenía un amplio estudio, con dos pianos, diversos instrumentos, y una surtida biblioteca musical. En este estudio se reunían amigos músicos, profesionales y aficionados, se celebraban conciertos y tertulias a las que asistían Miró y Esplá, aunque nunca habían coincidido hasta el día en que tuvo lugar el concierto de un famoso Cuarteto Francés.
 Esplá era un joven estudiante de Ingeniería y Filosofía, mientras que Miró „Ÿsiete años mayor„Ÿ, ya había encauzado su carrera literaria. Miró se acercó a Esplá, al que sólo conocía de vista y de haber asistido a algún concierto suyo en el Ateneo (sin que Esplá lo supiera jamás), y casi le ordenó que se dedicara por entero a la música. Esplá siguió sus estudios en Barcelona, aunque, por supuesto, sin dejar la música.
 Esplá en su Evocación de Gabriel Miró narra la siguiente anécdota acontecida tras ese primer encuentro en el estudio del abogado García Soler:
 
Nuestras primeras conversaciones fueron un poco cautelosas. Y a fuerza de querer mostrarnos cada uno digno del otro, nuestros diálogos se atusaban de inútiles galas culturales. Nos pasamos toda una noche en Elche, a donde fuimos de excursión, invitados por el ingeniero Lafarga, discutiendo las doctrinas de Hegel; hasta que ya de madrugada, despuntando el alba, se me ocurrió preguntarle: 
Pero, ¿usted ha leído a Hegel? 
Y con una llaneza displicente que me dejó absorto, me contestó: Yo, no, ¿para qué?
Tenía razón; le bastaban mis insinuaciones hegelianas para darse cuenta de su alcance y apoyarlas o rebatirlas, pues no conservo memoria de quién de los dos hablaba a favor y quién en contra de Hegel. Lo que sí recuerdo es haberle aclarado, en seguida, que a mí todo aquello no me importaba un ardite y me salía por una friolera. Nos dimos un abrazo, nos fuimos a dormir, y, al día siguiente, empezamos a tutearnos.
 
 Este pasaje es interesante porque en él vemos a un Esplá joven, un músico que a diferencia de la gran mayoría de músicos es un hombre poseedor de una vasta cultura que abarcaba todos los ámbitos (ciencias y letras). Es rara la existencia de músicos con tales características, y tal vez Esplá quería demostrar a Miró, con el que aún no tenía excesiva confianza, que no era como la generalidad de artistas de su condición, es decir, un ignorante que sólo se ocupaba de la técnica musical. Pero Miró ya admiraba al compositor, preveía su prometedor futuro y no necesitaba ningún tipo de prueba que le demostrase nada: su música y sus escritos lo decían todo.
 En 1919 Miró dedicaría a Esplá una de sus obras más autobiográficas El humo dormido, obra en la que podemos leer pasajes que confirman la predilección del escritor por la música. Su amigo Oscar escribiría un prólogo titulado Gabriel Miró. Impresiones sobre el artista y su obra, en el que, al margen de las muestras de respeto, admiración y cariño, también encontramos un profundo análisis de la prosa y el estilo del escritor.
 La amistad entre estos dos alicantinos ilustres duró toda la vida de Miró, puesto que Esplá viviría muchos años más que su “hermano-amigo”.
 
Rosa Elia Castelló Gómara




[1] Exposición Oscar Esplá y la música de su tiempo, celebrada en Alicante en mayo de 1993.
[2] Idem

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Preámbulo
por Auca
Editorial
por María José Arques Cano
GABRIEL MIRÓ Y LA NOVELA MODERNA
por Miguel Angel Lozano
LA RELACIÓN ENTRE ALICANTE Y GABRIEL MIRÓ: DESDE LA DESCONSIDERACIÓN AL MERECIDO RECONOCIMIENTO
por Manuel Parra Pozuelo
Las ratas
por Francisco Alonso Ruiz
LA SANTA COMPAÑA HACE AMIGOS
por Airam Lebasi
Ruta mironiana
por José Antonio Suarez García
AÑOS Y LEGUAS: UNA MIRADA COMPLACIDA
por Rafaela Lillo
Dulce nombre de cereza
por María José Arques Cano
GABRIEL MIRÓ Y FRANCISCO FIGUERAS PACHECO EN EL ATENEO SENABRINO
por Luis S. Taza Hernández
ALFABETO MIRONIANO
por Francisco Javier Fernández
Sobre pedestal de piedra
por María Amparo Benito Díez
GABRIEL MIRÓ Y OSCAR ESPLÁ
por Rosa Elia Castelló Gómara
GABRIEL MIRÓ Y EL ARTE
por Francisco Alonso Ruiz
El humo dormido
por Sergio Gadea
VICENTE RAMOS HABLA DE GABRIEL MIRÓ
por Mati Bautista
PALABRAS EN HONOR DE GABRIEL MIRÓ
por Manuel Parra Pozuelo
MIRÓ Y SIGÜENZA
por María Rosario Mohinelo
Oleza
por Airam Lebasi
Alicante en Gabriel Miró
por Francisco Alonso Ruiz
PURA ANÉCDOTA
por Mati Bautista
“El caracol del faro” en las líneas de un acróstico
por Rafaela Lillo
GABRIEL MIRÓ Y EL POETA CANARIO ALONSO QUESADA
por Antonio Henríquez
UN ATÁVICO PASEO
por María José Arques Cano
Gabriel Miró: Acróstico
por María Amparo Benito Díez
Al busto de Gabriel Miró en su plaza
por Francisco Alonso Ruiz
ESPLENDOR Y DECADENCIA DE UNA CIUDAD: OLEZA
por Manuel Ruiz-Funes Fernández
La desnudez escapa de la púdica Oleza
por Manuel Parra Pozuelo
TRAS LOS PASOS DE NUESTRO PADRE SAN DANIEL
por Airam Lebasi
UNA TARDE
por Rafaela Lillo
IMÁGENES DE UN MUNDO MIRONIANO
por María José Arques Cano
EPÍLOGO
por Rosa María Monzó


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