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MUJERES ROTAS. EL LENGUAJE DE LA DEPENDENCIA EMOCIONAL

Diana Gioia

MUJERES ROTAS. EL LENGUAJE DE LA DEPENDENCIA EMOCIONAL



PRESENTACIÓN DEL LIBRO
MUJERES ROTAS
El lenguaje de la dependencia emocional

A.Emma Sopeña Balordi

Editorial Comares
2015

Jueves 3 de DICIEMBRE de 2015
19 horas
ESPAI CULTURAL FACULTAT DE FILOLOGIA
av.Blasco Ibáñez, 32
46010 Valencia

SINOPSIS

MUJERES ROTAS. EL LENGUAJE DE LA DEPENDENCIA EMOCIONAL ofrece un estudio del lenguaje de la dependencia emocional a partir de los personajes femeninos de cinco obras literarias contemporáneas.
Analiza los sentimientos de la pérdida amorosa, las emociones producidas por el abandono, el concepto de autoestima en relación con la dependencia, todo ello enmarcado en las corrientes psicológicas utilizadas en terapia cognitiva, resaltando las distorsiones y creencias irracionales que conducen a conductas trastornadas.

COMENTARIO DE LA AUTORA
Escribir un libro de psicología del discurso de 293 páginas de análisis de 5 obras literarias con más de 80 estudios especializados manejados y referenciados y cientos de citas clasificadas es una tarea que, lejos de dejarme exhausta, me ha preparado para comprender mejor la vida, mi propia vida y la de muchas personas.

Es difícil darse cuenta de lo que la dependencia emocional supone en las relaciones interpersonales y afectivas hasta que ocurre una ruptura. El ser humano tiende, por naturaleza, al apego. Necesitamos enlazarnos a las personas que nos rodean, a las que queremos y que, de una manera u otra, nos quieren. Pero cuando ese apego se torna ansioso sobreviene el peligro de no poder subsistir sin ese enlace, más bien sin el ancla.

El libro MUJERES ROTAS, EL LENGUAJE DE LA DEPENDENCIA EMOCIONAL es, ciertamente, un trabajo académico, pero apto para cualquier lector o lectora que se interese por el análisis de los sentimientos, para toda persona que desee acercarse a la comprensión de cómo funciona el desarraigo emocional. No es un libro de autoayuda, no da recetas de cómo salir de una situación de hecatombe emocional por una ruptura sentimental, pero sí examina con minuciosidad los pensamientos que pueden surgir en las mentes de tantas personas que sufren un problema semejante así como las emociones y sentimientos subsiguientes y las conductas que dichas cogniciones producen.

El libro no es pesimista, porque los problemas que la mente crea, la misma mente puede resolverlos. Y en este libro aprendemos cómo se pueden resolver.

INTRODUCCIÓN DEL LIBRO

En nuestro trabajo estudiamos el lenguaje de la dependencia emocional de cinco mujeres de ficción que refleja, desgraciadamente, la situación de muchas otras en la vida real. No trabajamos con testimonios auténticos, nuestro corpus está compuesto por discursos de cinco personajes literarios, pero es evidente que han sido escritos en función de unas situaciones que no pueden ser más realistas.
Habría estado fuera de nuestro alcance recopilar tal cantidad y variedad de testimonios de distorsiones cognitivas, pensamientos dicotómicos y creencias irracionales, inferencias arbitrarias o razonamientos emocionales, entre otros, provocados por una situación de abandono, por lo que al decidir escribir un trabajo sobre la manera de pensar de mujeres trastornadas por una decisión unilateral de separación recurrimos a estos cinco personajes cuyos discursos habíamos conservado en la memoria a través de los años, desde el primero de ellos, Monique (La femme rompue de Simone de Beauvoir), que marcó al inicio la trayectoria del trabajo tanto como Olga (el personaje de Elena Ferrante), que resultó ser tan impactante como el de Beauvoir. El personaje de Anna Gavalda (Chloé) no es tan rico en matices porque el libro no está dedicado exclusivamente, como veremos, a su situación de abandono. En cuanto a los dos textos españoles, el de Ana Diosdado (Paula) ofrece unos cuantos enunciados que se adaptan a las taxonomías, y el de María Dueñas (Blanca) presenta una situación paralela a las demás por lo que hemos podido aprovechar el relato de sus duros momentos antes de su andadura en EEUU.

De ninguna manera debe entenderse que creamos que este tipo de dependencia es exclusivo de las mujeres aunque la literatura sobre el tema demuestra que el porcentaje es mucho mayor en las mujeres que en los hombres pero puesto que en la experiencia afectiva de muchas mujeres se encuentra este tipo de adicción, estudiarlo desde la perspectiva femenina es la opción que hemos elegido para comprender los motivos que impulsan este comportamiento. El problema es más frecuente en las mujeres pues, por lo general, todavía hoy no vamos a esconderlo en muchas culturas se las educa como seres bastante dependientes e incluso incapaces de valerse por sí mismas en muchos aspectos de la vida diaria. Se las forma según las relaciones afectivas en las que el vínculo lo es todo. Se les estimula la parte concerniente al hogar y al cuidado de los hijos, y se les inculcan temores e inseguridades: se les ofrece la dependencia como forma de vida. Se crean así unos patrones de conducta en las mujeres: maternal - con conducta de atención extrema y sobreprotección hacia el hombre, e infantil, con conducta inmadura necesitada de protección del hombre. Por otra parte, se puede hablar de modelos de comportamiento familiar: complementario, simétrico y paralelo. El primero
significa que uno es activo y el otro pasivo. El modelo simétrico se basa en que ambos tienen los mismos derechos, las mismas responsabilidades, las mismas libertades pero tiene una característica común: ninguno de los dos cede. [En el modelo paralelo] ambos tienen los mismos derechos y las mismas libertades, pero también saben ceder. (Stamateas, 2011: 53-56).
Respecto a la identificación de femenino con pasividad y masculino con actividad, Michelena recurre a la expresión biológica más elemental: la fecundación, en ella
el óvulo espera (pasivamente) la llegada del espermatozoide, mientras que el espermatozoide ha de buscar (activamente) el encuentro con el óvulo. Así se forja la historia de amor entre el óvulo y el espermatozoide. (Michelena, 2008: 26)
A los hombres se los impulsa más, por lo tanto, a ser independientes, a tener éxito profesional, a tener el control, a dominar y a saber arreglárselas fuera del hogar. Cuando tienen carencias tienden a suplirlas, sobre todo, a través del trabajo, del deporte y de los amigos, aunque no busquen la intimidad con ellos. Las mujeres, por el contrario, tienden a aferrarse a su pareja. Por consiguiente, la mujer es más propensa a presentar adicción a las relaciones, es más afectiva por naturaleza, necesita mucho más la seguridad de una relación; pero ello no quiere decir que no haya casos igualmente disfuncionales en cuanto a las relaciones afectivas en los hombres. Veremos más adelante que esta apego a la pareja no guarda necesariamente relación con la dependencia económica.
La práctica de unos hábitos culturales diferentes para los varones y las mujeres deteriora la aptitud de éstas para el amor puesto que se les fomenta la dependencia afectiva, de tal manera que muchas mujeres lo que en el fondo de ellas mismas desean y ambicionan en la vida es ser amadas. Por lo tanto, las mujeres así configuradas están dispuestas a hacer cualquier cosa para lograr que alguien las ame según los patrones que han aprendido y la concepción del amor que se han forjado. Tratan de controlar esa dedicación y la manipulan porque la vida de su pareja le pertenece por llegar a considerarla su propia vida, y tratan de convertir a esa persona en su amor perfecto, el que satisfaga todas sus necesidades y llene el pozo sin fondo de un amor insaciable. Tratan de evitar que se aleje, quieren que no cambie o que cambie según sus propias necesidades y tienden a crear dependencias hacia ella en los demás. El hombre del que dependen afectivamente significa lo que siempre han imaginado que sería el amor; y, en realidad, lo que necesitan no es al hombre del que dependen sino la idea de ese hombre, llegando a forzar las circunstancias para crearlo.
Estas circunstancias vitales se plasman en el lenguaje, que expresa las emociones y los sentimientos en una escala positivo-negativo y en magnitudes variables según la intensidad. Por ello, en cada emoción y en cada sentimiento expresados se descubren dos componentes, el cualitativo, que seleccionará las palabras para describirlos según un signo positivo o negativo, y el componente cuantitativo, que elegirá elementos lingüísticos que expresen la magnitud, tanto para lo negativo como para lo positivo.

Marco de análisis
Para realizar nuestro estudio de la dependencia emocional nos servimos de un marco de análisis lingüístico que procede de la corriente psicológica cognitiva en sus aplicaciones en psicoterapia, ya que establece unos paradigmas de codificación lingüística en los que los discursos de las protagonistas son reconocibles.
Veremos que las diversas corrientes cognitivas se basan en la idea fundamental de que las emociones y las conductas tienen su origen en procesos cognitivos, aunque la biología de los seres también afecte a sus emociones y conductas. La mayoría de las creencias que propician conductas disfuncionales son automáticas, una especie de normas subyacentes de cómo debe ser la vida y el mundo, creencias que contribuyen significativamente a los trastornos emocionales. El filtro establecido previamente será muy resistente al cambio y hará que la conducta sea, hasta cierto punto, predecible en su razonamiento emocional. Las evaluaciones de las situaciones se muestran irracionales por presentar demandas extremas hacia los demás y hacia uno mismo (las cosas / las personas deben ser de una manera determinada por las necesidades absolutas que se sienten), por ser tremendistas y por valorar a los seres (y a sí mismos) de manera globalizante por medio de las conductas. Estas evaluaciones se basan en creencias de necesidades imperiosas de amor, demostraciones de valía, dependencias y búsqueda de soluciones milagrosas.
El marco de análisis elegido nos permitirá trabajar las distorsiones cognitivas del corpus, así como las consecuencias emocionales derivadas de dichas distorsiones (emociones, sentimientos, comportamientos y estados) y la primacía de la alteridad en el ser dependiente.
Hemos estudiado la perdida amorosa, la angustia insufrible que provoca el abandono y la (auto)agresividad que puede derivarse de este, el miedo paralizante y los sentimientos de profunda tristeza. Tras el abandono suele producirse una depresión pues la energía que se ha invertido en el enojo y el resentimiento ha generado tal ansiedad y estrés que a la persona no le quedan fuerzas para sobrevivir. Asimismo hemos analizado diversos conceptos de importancia capital para comprender el proceso del duelo por abandono: la autoestima y su dilución en la pareja, el apego tóxico a esta, las posiciones subordinadas y la sobreinvestidura del otro, síntomas todos ellos de una posición de dependencia emocional.
Las corrientes cognitivas nos han permitido realizar una taxonomía muy completa de creencias irracionales, como la demanda exigente, el tremendismo, la baja tolerancia a la frustración y la valoración totalizadora. La cognición distorsionada de la realidad trastoca los sentimientos sanos en insanos, por lo cual se siente depresión en vez de tristeza, ansiedad en vez de inquietud, culpa en vez de dolor, ira en vez de disgusto o vergüenza en vez de desilusión. Las personas dependientes emocionalmente que han sido abandonadas personalizan, catastrofizan, sobregeneralizan, polarizan, se autoinculpan, piensan de manera anticipatoria y tendenciosa y se obsesionan. Su imaginación inmoderada les hace ver lo que no tiene por qué existir y esta visión aumenta el miedo de manera desproporcionada, las vuelve agresivas y las sume en la incertidumbre. Las consecuencias, como veremos, no solamente son de índole comportamental sino psicosomático.

Corpus
El corpus de nuestro estudio lingüístico lo constituyen, pues, cinco mujeres rotas de edades, épocas y situación familiar diferentes, cuyas vidas, ligadas estrechamente a las de sus respectivos maridos, quedan cuando estos deciden abandonar el hogar conyugal.

Monique, La femme rompue de Simone de Beauvoir, creada en 1967, tiene dos hijas mayores y emancipadas.
Chloé, de Anna Gavalda (Je l aimais), surge en 2003 y también tiene dos hijas, pero pequeñas, que viven con ella.
Olga, de Elena Ferrante (I giorni dell abbandono), data de 2002, tiene un niño y una niña, más mayores que los de Gavalda, pero que ni siquiera han llegado a la adolescencia.
Paula, de Ana Diosdado (Camino de plata), de 1990, tiene igualmente dos hijos pero ya emancipados.
Blanca, de María Dueñas (Misión Olvido), de 2012, que tiene igualmente dos hijos emancipados.

Encontraremos, en ocasiones, los mismos ejemplos aplicados a taxonomías diferentes. El pensamiento - y su expresión lingüística - no es unívoco ni biunívoco, es complejo, expresivamente multifuncional, por lo que un enunciado puede manifestar diversos estados psíquicos y emocionales de la enunciadora, de ahí que lo analicemos de acuerdo con esos diversos estados que hemos percibido.
La decisión de incorporar al trabajo todos los enunciados que se corresponden con las taxonomías, tanto en su diversidad como en su reiteración, pretende reforzar la comprensión de las mismas, un sentimiento o emoción expresado de múltiples formas. La distribución en cuadros permite fácilmente la elección de leerlos en su totalidad o pasar al siguiente epígrafe.
Hemos añadido las traducciones publicadas para los dos textos franceses y el italiano.

Ver en línea : COMARES

Este artículo tiene © del autor.

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