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Juan Martín Tinajero

El Desamor I, II, III

Carlos Reyes Lima

España



Él, A espero el tiempo de tres semáforos para levantarse del banco de la plaza.

Texto: El desamor 1.

Por Juan Martín Tinajero

Él, B espero el tiempo de tres semáforos para levantarse del banco de la plaza.
Una y otra vez se preguntó el por qué “A” y “B” ya no podían ser pareja; ni siquiera amigos en el mundo anónimo de faceboock. Recordó a la actriz Anna Magnani en VOCE UMANA o L` AMORE de Rosselli, aquella película vista una tarde en un cine club perdido. Para esperar una llamada de amor no voy al cine, dijo B. Cuando A, una tarde le contó el argumento.
Así se enamoró de un amor viajero, que quería ser pasajero del mundo. B solo quería viajar. A solo quería leer, ver películas y viajar a su interior.

Dos rutas. Nunca A y B tuvieron una ruta C de tránsito. Uno vivía de las experiencias ajenas, de la imaginación de otros, alimentando sin pensar su propio cuento, reconstruyendo diariamente una historia por contar; B vivía en lo que recorría sin destino geográfico, llenando sus ojos del paisaje real, con argumentos de colores, de luces de geografías por descubrir.

A nunca olvido la película de Roberto. Y, no la puede olvidar pues espera un mensaje de
Facebook que nunca llega.

Texto: El desamor II

A abrió el libro en cualquier página, un libro común, comprado en un aeropuerto. Libro nunca leído para B. Siempre recitado en el interior para poder, algún día, recitarlo en voz alta y ser personaje de Ray Bradbury, un bombero salvador de historias.

A no podía dormir, su memoria se movía sobre el cuerpo de B, una ecología conocida, cómoda. A quería atrapar ese recuerdo, detenerlo, pero sabía que todo lo que se detiene, se muere para sí. Todo lo que se va muere en uno y resucita en otras caricias, en otros abrazos, al principio incómodos y al final los cuerpos se hacen hábito, prolongación de otros, ropa para el frío del corazón.
A también tenía la intención de plagiar a Bradbury y ser el Hombre Ilustrado, tatuarse el cuerpo con la historia de su amor. A, sospechaba que los tatuajes dan dolor. Un artista podría utilizar su cuerpo como un lienzo para contar y dejar, a otras lectoras, leer su cuento con B. Y un día dejaría que la lluvia borrara su tatuaje, así se liberaría del dolor, de su pasado.

A tenía esa certeza en las nalgas, esa manera de presentir el miedo, podía sin necesidad de horóscopos, ni bolas mágicas saber el momento justo cuando B hacia el amor con otro, cuando era acariciada en los lugares comunes que, una y otra vez, visitaron como viaje de intimidad.

A se llevó las manos al bolsillo y, encontró el sexo de B, húmedo. Con los puños cerrados intento guardar el último aroma del amor. Dejo de dormir.

Marzo 2016

El desamor III

Medio Marzo 2016

Una lluvia menuda estaba en su ventana. Se despertó en un sitio extraño, la radio no está encendida en las noticias, el ruido de la cafetera no avisaba su olor, la tetera no silbaba, para la infusión de B y el sonido del agua cayendo, salpicando; B y sus cremas, B vistiéndose, B buscando combinaciones en su ropero, B auscultándose en el espejo las cervezas del fin de semana. Todas esas cosas cotidianas no estaban presentes.
A no había dormido, era hora de cerrar los ojos y soñar con las sencillas razones perdidas. Encendió la radio la muerte de Berta Cáceres en Honduras lo traslado a un mundo de violencia exterior, donde las ideas se pagan con la vida. Ya en el mundo se paga una cuota de hambre naciendo pobre, en la muerte qué se pagara.

B en algún momento dijo: que me entierren en la tierra, es bonito morir y degradarse en ella. A sembró un árbol en su jardín, A ya está enterrado en el jardín.

Esas ideas de mañana, ya no las podía compartir, en el medio desayuno, en la no sobremesa de los horarios.
A apago la radio. Puso la cafetera, espero. Ni el ruido, ni el olor eran el mismo. B no estaba allí para escuchar las malas noticias de la radio. El café no sabia igual.

La vida siempre comienza cada mañana y en la noche te acuestas sin futuro sentimental.

Ver en línea : El desamor

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