Portada del sitio > LITERATURA > Ensayos > V. LOS NIÑOS EN LA BIBLIA
{id_article} Imprimir este artículo Enviar este artículo a un amigo

V. LOS NIÑOS EN LA BIBLIA

Camilo Valverde Mudarra

España



El niño es, según la legislación, una persona en condiciones especiales de desenvolvimiento

Un niño es una persona, un ser humano joven, que no es adulto, que no ha llegado a la pubertad. Los pequeños se van desarrollando físicamente, hasta alcanzar la madurez psíquica a lo largo de dos décadas, en que adquieren el control moral de sus actos. En el seno familiar, el término designa un hijo.

El niño es, según la legislación, una persona en condiciones especiales de desenvolvimiento, que debe ser tratada como sujeto de derechos legítimos e indivisibles y que demanda atención prioritaria por parte de la sociedad, la familia y el Estado.

Los niños en riesgo viven situaciones de vulnerabilidad personal y social, por la ausencia o ineficacia de la familia y de los estamentos públicos. Son vulnerables a enfermedades, accidentes, diferentes formas de violencia física y moral y violación de sus derechos, porque les falta la protección de los adultos y los resguardos sociales o gubernamentales, sin asistencia sanitaria y alimenticia, por el bajo grado de escolaridad de la población y por la amenaza y sustracción de los derechos establecidos por la Ley.

1. Minusvaloración del niño

Los pequeños son los irrelevantes. En ellos están incluidos, en primer lugar, los niños (paidioi), los que son poca cosa (microi), los mínimos, los más pequeños (elajistoi), los débiles (esthenoi), los sencillos y pueriles (nepioi) y los últimos (esjatoi).

Los niños (paidioi), en el ambiente bíblico, contaban muy poco, no tenían importancia en la comunidad judía, y, por tanto, no se les prestaba la atención debida. El niño no estaba considerado legalmente como persona, por lo que no gozaba de la plenitud de los derechos humanos, hasta que no tenía la edad de estudiar y la capacidad de cumplir la ley. Era propiedad absoluta del padre que podía disponer de él a placer. Todo lo de la casa le pertenecía al jefe de familia: los hijos, la mujer, los esclavos, los animales domésticos, todo. Los niños apenas tenían valor alguno y el que tenían, se les daba en orden a que algún día serían adultos: entonces comenzarían a contar en la sociedad. La atención, que se les prestaba, no se debía a lo que eran, sino a lo que un día podían ser.

De esta minusvaloración de los niños, es una prueba la matanza de los inocentes (Mt 2,16) y la actitud de los apóstoles que los rechazan (Mt 19,13). El niño, hasta que no llega a la mayoría de edad, es igual que un esclavo; la fecha de su emancipación dependía de la voluntad del padre. "Mientras el heredero es niño (nepios) en nada se diferencia de un esclavo" (Gal 4,1). De hecho, al niño se le denomina indistintamente con la palabra "niño" (país) y con la palabra "esclavo" (doulos) en el relato del oficial de Cafarnaum, que, en Mt 8,6 pide a Jesucristo la curación de su niño y en Lc 7,2 pide la curación de su esclavo. Esta misma identidad de significado aparece en Mt 12,18, que traduce por "niño" (país) el hebreo "ebed" (esclavo) de Is 42,1.

La patria potestad facultaba a los padres para poder vender, como esclavas, a sus hijas menores de doce años, pero siempre a un judío, con el fin de poder rescatarlas en el caso de que el comprador o su hijo no quisieran desposarlas. En tiempos de penuria económica los judíos vendieron a sus hijos "para poder comer" (Neh 5,2.s).

Todo esto no significa que los niños fueran despreciados o abandonados a su propio destino o que no fueran queridos. Todo lo contrario. El amor de los padres a los hijos está muy constatado en la Biblia. El deseo de tener un hijo es lo más esencial en el matrimonio judío. Ahí está la ley del levirato que certifica la enorme desgracia de pasar a la otra vida sin tener un hijo. El inmenso amor materno está presente en las narraciones, más o menos míticas y legendarias, de Agar y de la madre de Moisés que no pueden ver morir al hijo de sus entrañas (Gén 21,16; Ex 2,2). Y ahí están las bellísimas metáforas de los poetas y de los sabios:

"Los hijos son plantas de olivo alrededor de la mesa" (Sal 128,33). "La corona de los ancianos son sus nietos, la gloria de los padres son sus hijos" (Prov 17,6).

2. El amor de Dios por los pequeños

El Dios de la Biblia demuestra una especial predilección por los niños. Dios los elige para grandes misiones como sucede en el caso de Samuel (1 Sam 1-3) y en la ternura con que prodigaba su amor a Israel:
"Cuando Israel era un niño, Yo lo amaba y de Egipto llamé a mi hilo” (Os 11,1).

Dios cuidaba de Israel "como de un niño en el regazo de su madre" (Sal 131,2); “como el padre se complace de sus hijos” (Sal 103,13). De hecho, era un niño, un recién nacido, pues acababa de salir del país de la muerte (Egipto) a los espacios de la vida, empezaba a vivir como pueblo independiente y libre. Israel fue siempre para Dios un niño muy querido:

"Podrá una mujer olvidarse del niño que cría, no tener compasión del niño de su vientre. Pues, aunque ella se olvidara, yo nunca me olvidaré de ti" (Is 49,15).

A Dios le agrada y quiere el culto y la alabanza de los niños: "Reunid al pueblo, convocad a la comunidad, juntad a los ancianos, congregad a los pequeños y a los niños de pecho" (Jl 2,16).

En la epopeya de Judit: "Todos los israelitas se dirigieron fervorosos a Dios y ayunaron rigurosamente. Los hombres y sus esposas, sus hijos, incluso pequeñitos, todos los israelitas, hombres, mujeres y niños y se postraron en el templo" (Jdt 4, 9,1 l). "De los labios de los pequeños y de los niños que maman te has hecho una fortaleza frente al agresor" (Sal 8,2).

Esta predilección de Dios por los pequeños, por los débiles y por los de segundo orden, es una constante en la Biblia. Dios elige a los que menos cuentan, a los últimos, a los olvidados, para hacerlos importantes, para ofrecerles su consideración, para encargarles grandes misiones y nombrarlos guías y dirigentes. San Pablo, expresando este concepto, escribe:

"Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para humillar a los sabios; lo débil para humillar a los fuertes; lo vil, lo despreciable, lo que es nada, para anular a los que son algo" (1 Cor 1,27-28).

Elige a la mujer estéril, para hacerla madre de un hijo de gran relevancia. Prefiere a Ana que se siente humillada por Penena (Gn 25,21); a Sara, despreciada por Agar (Gn 11,31; 16,1); a Rebeca, madre de Jacob (Gn 25,21) y a Raquel, humillada por Lía (Gn 29,31). Las esposas de los tres grandes patriarcas -Abrahán, Isaac y Jacob- eran estériles, y, en ellas, se cumplió el salmo:

"A la estéril, le da un puesto en la casa, como madre feliz de sus hijos" (Sal 112,9).

Elige a los menores: a Isaac y no a Ismael; a Jacob y no a Esaú; a Gedeón, " el último de la familia" más humilde de la tribu de Manasés; a David, y no a sus hermanos mayores; a Salomón, el hijo más joven de David: José es el preferido de Jacob y Efraim adelanta a Manasés.
Protege al débil contra el fuerte, al pequeño David contra Saúl, poderoso y de gran consideración; al humilde pastor, que es David, contra Goliat, el gigante.

Camilo Valverde Mudarra

Este artículo tiene © del autor.

40153

Comentar este artículo

   © 2003- 2014 MUNDO CULTURAL HISPANO

 


Mundo Cultural Hispano es un medio plural, democrático y abierto. No comparte, forzosamente, las opiniones vertidas en los artículos publicados y/o reproducidos en este portal y no se hace responsable de las mismas ni de sus consecuencias.

Visitantes conectados: 1

Por motivos técnicos, reiniciamos el contador en 2011: 2593152 visitas desde el 16/01/2011, lo que representa una media de 1031 / día | El día que registró el mayor número de visitas fue el 25/10/2011 con 5342 visitas.


SPIP | esqueleto | | Mapa del sitio | Seguir la vida del sitio RSS 2.0