Portada del sitio > LITERATURA > Artículos literarios > EL MIEDO A LA PALABRA ESCRITA
{id_article} Imprimir este artículo Enviar este artículo a un amigo

EL MIEDO A LA PALABRA ESCRITA

Decir coño no es pecado

César Rubio Aracil

España



 No son pocos los escritores y escritoras que temen a la palabra escrita, aun a pesar de que, haciendo uso del lenguaje coloquial en tertulias o en familia, expresan sin rubor cuanto sienten, alejados del miedo al terno. ¿Por qué esa hipocresía en el momento de escribir, de manera especial cuando, en un contexto en el que cabe la palabra coño recurren a la perífrasis? Literariamente entiendo el esmero por la selección léxica, incluso en circunstancias narrativas de exigente ordinariez; porque, entre otras razones, un determinado sinónimo, adjetival o sustantivo, puede cubrir las necesidades expresivas sin exagerar el contenido del texto. Sin embargo, hay situaciones en que no es posible, por motivos sinonímicos, seleccionar una sola palabra capaz de suplir el contenido de la que se abandona, no en función de posibles diferencias semánticas importantes, sino en consideración a la envoltura psicológica del vocablo despreciado. La palabra coño es uno de ellos.

Para no errar, consulto el diccionario y encuentro un par de términos, vulva y vagina, considerados decorosos en términos generales. Los demás, Chichi, chocho, chumino, conejo y concha responden a modelos de parecida terminología malsonante. Ante una limitación tan estrecha ¿debo, como escritor, valerme únicamente de las dos primeras palabras referenciadas? Dependerá, como ha quedado dicho, del contexto narrativo, como asimismo del género literario en que se desarrolla la acción, o de si el narrador tiene la suficiente habilidad léxica e imaginación para transformar un vocablo grosero o malsonante, con sencillas imágenes, en lucida expresión. En poesía, a no ser una cuchufleta, no creo que quepa; tampoco tiene cabida en un ensayo serio, excepto como recurso excepcional; mas en novelas, relatos y determinadas escenificaciones, ¿por qué no, siempre que sea necesario o conveniente? No me imagino a un proxeneta hablándoles a las prostitutas en clave de cultismo. Por lo tanto, si estoy narrando una determinada conversación ocurrida en un lupanar, las palabras, vulva y vagina han de quedar descartadas, so pena de incurrir en error literario. Pero no sólo voy a incidir en el miedo al término o giro usado, sino también al temor per se a la palabra, especialmente cuando se trata de llamar a las cosas por su nombre.

Hace pocos días nuestro destacado político, Mariano Rajoy, dijo, a micrófono abierto y sin él saberlo (¡qué pena que no lo supiera al manifestarse del modo como lo hizo!), algo parecido a, “valiente coñazo lo del desfile militar de mañana”. Genial, no por el tópico sino por el contenido de su impresión, que hago mía. Pero, claro, lamentablemente un político de su talla no puede decir todo lo que siente, sea de derechas, de centro o de izquierdas; pero sí un escritor o escritora. Porque si la política es una farsa (una mierda, para entendernos mejor), la literatura debe ser sincera. Yo, pongo por caso, escribo con egoísmo: para mí, porque me satisface. Luego olvido el tiempo invertido en la escritura, los momentos gozosos de la creación y cualesquiera otras sensaciones y deseos vanos, preocupándome únicamente de que quien me lee me entienda. Si coincide con mis ideas, miel sobre hojuelas, y si está en desacuerdo con mis pensamientos, al menos habré pulsado en su cerebro algún resorte del entendimiento. Y como hoy me escuecen los dídimos por haber estado sentado varias horas ante el ordenador, la cabeza me da vueltas y el güisqui (aunque no suelo beber alcohol en demasía) me pide guerra, voy a dársela a los hipócritas que escriben en Internet, incluidos los de Mundo Cultural Hispano.

¿Qué coño pasa aquí? ¿A qué jugamos? Unos y otras luciendo un vasto currículo que bien quisiera yo saber de dónde lo han sacado, mientras, dándoselas de profesores, catedráticos de la quisicosa, poetas de relieve y maestros de las Letras, ni siquiera tienen el decoro de consultar el diccionario ni de usar el corrector ortográfico. Sí, en cambio, no se cansan de citar episodios evangélicos, de echar mano precipitadamente de la bibliografía filosófica, de mortificar la literatura con chorradas y de escoger títulos rimbombantes para sus paridas. Yo, no.

Comoquiera que no sé toda la gramática que necesito para escribir; en consideración a que quien me lee merece todos mis respetos; por estimar la soberbia un desacato al humanismo y, en definitiva, porque sólo aspiro a decir la verdad de lo que siento, me rebelo contra la pantomima de los creadores chungos.

Todos mis escritos publicables pasan por la criba de la escuela literaria de Internet, de la que soy alumno. Allí se me corrigen los errores sintácticos y de toda índole. Sólo entonces, cuando la corrección de mis trabajos ha sido completada, me aventuro a publicar en MCH y en METÁFORA. Lo hago por respeto a mi idioma, y en evitación de confundir a estudiantes y aprendices, consultores de Internet, para que puedan pulir sus trabajos sin excesivos errores. Más no puedo hacer. Fallos, claro que puedo tenerlos pese a tanto esfuerzo por mi parte como por parte de mis profesores; pero no falta de ética ni ambición de aplausos. Sólo decir la verdad –la mía- sin tener miedo alguno a la palabra.

César Rubio (Augustus)

Este artículo tiene © del autor.

466

Comentar este artículo

   © 2003- 2017 Mundo Cultural Hispano

 


Mundo Cultural Hispano es un medio plural, democrático y abierto. No comparte, forzosamente, las opiniones vertidas en los artículos publicados y/o reproducidos en este portal y no se hace responsable de las mismas ni de sus consecuencias.

Visitantes conectados: 4

Por motivos técnicos, reiniciamos el contador en 2011: 3460462 visitas desde el 16/01/2011, lo que representa una media de 415 / día | El día que registró el mayor número de visitas fue el 25/10/2011 con 5342 visitas.


SPIP | esqueleto | | Mapa del sitio | Seguir la vida del sitio RSS 2.0