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Escribo sobre "Leo y Escribo"

Eplogo de Simn S. Esain para la futura reedicin del poemario "Leo y Escribo" de Rolando Revagliatti

Rolando Revagliatti

Repblica Argentina



EPLOGO de Simn S. Esain para “Leo y escribo” de Rolando Revagliatti


Escribo sobre ‘LEO Y ESCRIBO’

Previatura

Comienza con una confesin. Sigue con otra. Revagliatti hermanado; tierno pero no esqueltico; de una manera esqueltica y tierna, lo confiesa al seor Pickwick. Tanto, que el diablo helado es destinatario. Todo, todo consta en los papeles de Revagliatti. De cada cual tiene anotado; de tanto en tanto se hace preguntas que son como pjaros; no estn lejos de un nido.
En la ciudad absorben la paradoja de que la materia libre viva sin estar muy atenta o sujeta al devenir de sus prisioneros. Batallones de uniformados por la neurosis se encargan de la conservacin de edificios y vas pblicas. Que la ciudad se pone en marcha no es metfora. Su ambiente es literario por inevitable. Tarde o temprano pasa por las pginas de un texto. Aun sin sospecharlo, cualquiera es un personaje.
Revagliatti lo ha sospechado de todos y trama probarlo. Arma otra mundana ciudad literaria con similares caractersticas a las de la ciudad real. Y sucede como si todos supisemos que aquella ciudad tambin funciona.
Revagliatti le escribe motivos, ancdotas, contradicciones, argumentos, sin recurrir a la epstola o al servicio de correos. Les da cuerda a sus habitantes; nos hace sentir que los palmea; los distribuye. Ni Parque Norte, ni Parque Chas, ni parque cerrado ni para cuando. Parque porttil.
Hace decir a Borges: Nadie es un energmeno; todos lo somos.
Como Buenos Aires, la urbanidad de Revagliatti crece. Se ampla y eleva. RR es el demandado intendente de este crecer.
Todo el mundo tiene algo de Buenos Aires a partir de ahora. Ese pas, ese comps.
Tanto, que me lleva a preguntarme por qu no le habr dedicado un poema a “Los Premios”?, de un tal Cortzar.
- Me asalt tu ciudadana – le dice a Norah Lange – Para los cronistas este mapa gentil –
Algo que catan los huesos de un porteo. Est Discpolo en la esquina. Esto lo dice todo.
…Ah! “Noches de las cosas, mitad del mundo” es, para m, el mejor de estos poemas. Sugestivamente lo es, para m.

Eplogo

Si Revagliatti se ha propuesto escribir algunas frases e ideas favorecidas por la lectura de ciertos libros no tengo nada que decir. Sobre todo de una lista tan heterognea como la compuesta. Prefiero pensar que ha intentado otra cosa. Dnde se para uno, cmo se ubica de cara a libros escritos, publicados y ledos, de la variedad de autores aqu reunida? Lo hace como puede, porque se lo plantea como un ejercicio personal.
Por qu digo esto? Porque los libros ajenos le arman semejante escenario para su condicin de duende. Prefiero pensar que Revagliatti se ha buscado un comportamiento antes que otra cosa. Se pone calzas oscuras, algo en la cabeza, y concita seriedad. Slo seriedad, y profesional. Ojo.
A este nuevo emprendimiento suyo, me pregunto: Lo habr iniciado a partir de unos cuantos buenos poemas, o de algunos poemas de su maldad?
Revagliatti me pone hiperblico. Me puede. Me antipodoyea.
Si suponemos que una biblioteca universal es algo parecido al cosmos, Revagliatti le ha devuelto el caos.
He distinguido un modo a partir del oportunismo de sus lecturas, al que agrega fcilmente el capricho de su plectro. Este es su estilete. Corta para ver como le sangra. Sabemos que RR es un cirujano frustrado que empez a practicar con una amiguita, y se distrajo. Como no hubiera podido ser de otro modo. El afanoso escalpelo es su herramienta favorita. Suea con hacernos un tajo desde la garganta hasta debajo del ombligo y ver cmo se vuelve afuera lo de adentro. Tajos aqu y all para ver como sangra el universo que supimos brindarle. Debemos agradecerlo.
Nio terrible; he aqu el universo concntrico de Revagliatti. Una persona de pie, esperando con algunas de sus tripas en la mano. Otras, tal cual ella, hasta donde la vista alcanza, completan el panorama.
Es uno de los libros. Un libro que cabe en otro. Este otro contiene un panorama de personas de pie, en espera, con puados de tripas tibias en sus manos, etc. En opinin de Revagliatti la gente no necesita morir. Todos somos como prototipos de escritor clebre. No necesitamos de la muerte y por tanto nos resistimos a ella con nuestras evidencias. Lo mismo pasa con los libros. Un tajo aqu, un tajito all y algn velo le descorren a la inmortalidad.
Como no poda ser de otro modo, la avaricia que le pertenece no se priva de nada. En un mismo plato hace coincidir vivos y muertos, talantes y talentos, ausencias y presencias. Ahora se ha servido una racin y le ha puesto aceite, y al aceite vinagre.
Creo que se ha preguntado: Si picar por qu no rascar? Si sentir por qu no devolver? Si leer por qu no morder? Y le ha salido esta catica para la calle Mjico.
( - Buenos das, don Leopoldo. Don Jorge, buenos das - )
Es que l siempre se coloca ms all. Lo pickwickea a Dickens! Cmo puede ser! Cmo no sentirse ultratentado a ponernos ms ac de Revagliatti! Si el nico asiento que te deja es a su izquierda. Se coloca detrs de la obra publicada por el autor, que ha quedado como al desnudo imposible despus de ponerse detrs de nosotros. Le arranca las tapas, que es como mirar desde la tramoya. Al autor no lo destituye, lo destitula! Lo acomete de entrada! Fijens! A ese cubo transparente pretende empinarse y asomarse. Para? No para sorprenderse ni soarlo. Para sorprendernos!
Si la culpa produce conciencia por qu no sentirnos culpables de que hayamos escrito o de que seamos escribidos?
En este trabajo Revagliatti ha jugado a que es posible. Como le quedamos desnudos y de espaldas, nos caricaturiza. Es inevitable que le salga. O le sale a l o le sale al otro, que es el juego que ms le gusta.
Y ya no puede taparse lo destapado. Yo le preguntara a Dickens si no se sentira.
Escrita y publicada, cada obra ha pasado a resultar una pilita de ropas que el empinado Revagliatti pisa, enumera o glosa de acuerdo a la luz que entre en la habitacin. Es capaz de tentarse con nuestros calzoncillos para hacerse de un ttulo.
Para disimular se muestra fro por donde lo miremos. Impvido. Lo dice y lo hace, necesariamente. l no re de las caricaturas. En el peor de los casos agregara una fotografa de su seriedad porque le pertinentea al que est detrs del que est detrs del que est detrs. Y que no se ve, ni se ve ni se ve.

Conclusin del eplogo:

Ah, no! Las Meninas, no! Detrs ests ti, no t! Entends?
Lo que nosotros diramos Vos! Vos!
Yo saba jugar a ‘la mancha’. Piedra libre para Revagliatti!

5.5.2008

Simn S. Esain


P.-S.

El poemario en cuestin cuenta con ediciones en soporte papel y con edicin electrnica diseada por Mirta Dans en http://www.revagliatti.com.ar pinchando sobre el respectivo enlace de pgina de inicio.

Ver en línea : http://www.revagliatti.com.ar

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Este artculo tiene del autor.

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