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Solemnidad de Todos los Santos

Camilo Valverde Mudarra

Espaa



El Vidente de Patmos, observando los hechos, revela el verdadero sentido de las persecuciones de la iglesia en el decurso de la historia.

Yo, Juan, vi a otro ngel que suba del oriente llevando el sello de Dios Vivo. Grit con voz potente a los cuatro ngeles encargados de daar la tierra y el mar, dicindoles: No dais la tierra ni el mar, ni los rboles hasta que marquemos en la frente a los siervos de nuestro Dios.

O tambin el nmero de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel. Despus vi una muchedumbre inmensa, que nadie podra contar, de toda nacin, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente: La victoria es de nuestro Dios, que est sentado en el trono, y del Cordero! … (Ap 7,2 - 4,9-14).

San Juan escribe el Apocalipsis, que significa "revelacin", hacia los aos 94-96, en unos tiempos, en verdad, adversos para los cristianos; la persecucin de Nern, que comienza con el incendio de Roma, hacia el ao 64, se extendi por el Imperio en tiempos de Domiciano. El Apocalipsis es, pues, un libro de clandestinidad, de lo que resulta en parte la dificultad de su interpretacin, y, a su vez, un texto de exhortacin y consuelo para los mrtires, que necesitan nimo y gran "paciencia"; la paciencia vive de la esperanza, de una esperanza invencible, que es algo muy distinto de la simple resignacin. Es el libro de la resistencia cristiana.

El Vidente de Patmos, observando los hechos, revela el verdadero sentido de las persecuciones de la iglesia en el decurso de la historia e interpreta los signos de los tiempos a la luz del Da del Seor. De ah que su exhortacin tenga vigencia en la actualidad. El autor, que no se interesa por la Geografa, sino por descifrar el sentido de la historia, se queda con la visin que tenan sus contemporneos de la Tierra; supone que es una gran superficie cuadrada, de cuyos ngulos proceden los vientos que recibe el hombre (cf. descripcin de Za 6,1-7. Como cree que Dios es el Seor y Creador de todo, piensa que estos malos vientos no actan al margen de la voluntad divina y estn controlados por cuatro ngeles, que obedecen a un quinto, que surge por el Oriente -donde nace la luz y se supona que procede la vida y la salvacin-, para que no suelten los malos vientos hasta que sean marcados con un sello todos los siervos de Dios. Se sabe que, desde antiguo, era costumbre del dueo marcar con su nombre o con una seal personal sus pertenencias; as se haca con los esclavos y con los soldados. El sello de Dios en la frente de los que le sirven es como una promesa: Dios proteger a los suyos en medio de la tribulacin; todo esto lo ha visto el Vidente, como si estuviera fuera del mundo y pudiera abarcarlo con una mirada; ha podido or tambin el nmero de los marcados con el sello del Dios vivo. Se trata de un nmero simblico.

El hombre moderno ya no percibe el simbolismo de los nmeros; una cultura cuantitativa y el abuso de las estadsticas y presupuestos los han "deshechizado". Pero la cifra de 144.000 no es un recuento de feligreses practicantes, sino la combinacin de dos nmeros perfectos, el 12 y el 1.000. Indica la salvacin universal, una multitud incontable, de todos los pueblos, razas y lenguas. El nmero 12 significaba la "totalidad", y el nmero 1.000 "muchedumbre". Israel es el pueblo de Dios. La "totalidad (=12) de cada tribu sera 12.000 miembros y la "totalidad" de Israel (con sus 12 tribus) sera 144.000 miembros, una "muchedumbre" (=1.000). De ah que este nmero signifique simplemente la totalidad de los elegidos y no una cantidad numrica determinada y conocida por nosotros. El vidente intenta decir que Dios protege a todos y a cada uno de sus elegidos. En medio de esta concreta opresin y constante amenaza, este creyente supera la ancdota del momento y se abre a la esperanza, al profundo misterio de la historia y escucha la palabra de Dios que lo interpreta. Slo ve y oye de esta manera quien espera contra toda esperanza humana, movido por las alas de la esperanza cristiana.

Mirando ms all de la historia, en su visin da un salto y, dejando atrs todas las luchas y persecuciones, muestra el triunfo del pueblo de Dios. Una muchedumbre incontable, de todas las razas, lenguas y naciones, con palmas en las manos celebra la victoria; esta hermosa utopa indica que el ideal de la humanidad es la superacin de todas las fronteras y de todas las discriminaciones, un pueblo festivo en el reino de la paz y de la libertad. En este punto, cabe afirmar que una sociedad sin clases es tambin el sueo de todo cristiano, seguidor de Jesucristo.

La victoria y la salvacin que se celebra se debe al Cordero y a Dios, a quienes la muchedumbre incontable y los ngeles tributan "todo honor y toda gloria". Es como una gran doxologa y una liturgia celestial que la iglesia militante, todava en la tierra, anticipa en sus celebraciones eucarsticas. Aunque todos han sido salvados por Dios y por la sangre del Cordero, Dios no ha ahorrado a ninguno de sus elegidos el pasar por la lucha y las tribulaciones de la historia. Y esto es lo que hace mayor el gozo de la victoria final.

El Apocalipsis del Nuevo Testamento describe los avatares de la historia de la salvacin desde la primera venida de Cristo hasta la segunda. En la lucha entablada entre Cristo y Satn, Cristo ya ha vencido; pero el poder del adversario sigue desplegndose sobre la Iglesia. La "bestia feroz" que sale del mar, el Imperio, y la gran "prostituta", Roma, son el instrumento de Satn para llevar su persecucin sobre la Iglesia. Es la hora de la prueba. Junto a la amargura del presente, el autor va presentando cuadros apocalpticos del final de los tiempos, que traen paz y serenidad a los atribulados, a la vez que sirven de acicate para continuar luchando en este mundo en la batalla de la fe. Al final, Dios vencer por medio de Cristo, que debe actualizar el plan de salvacin contenido en el libro de los siete sellos (5,7, 9).

Camilo Valverde Mudarra

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