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MIEDO Y PALABRA

Selección de poemas de Oscar Deigonet López Posas

Oscar Deigonet López Posas

HONDURAS



El fundamento de este poemario es el tema del General Francisco Morazán.
Mi general no cabe en la muerte, ( José Francisco Morazán Quesada) sigue viviendo, aunque hayan pasado 167 años de su fusilamiento en Costa Rica el 15 de septiembre de 1842, sin sentenciarlo, pues no se realizó ningún juicio.
Morazán el modelo para la lucha representativa por las libertades en Centro América.


 

TESTAMENTO

 

 

 

Se agotaron las cenizas

en este invierno,

 

y la angustia,

 

ha colmado el blanco salón

 

de mi carne.

 

Mis huesos,

 

se cruzaron

 

a la espera de la redención,

 

en el rincón de la inocencia,

 

creyendo en la eternidad,

 

de la justicia.

 

 

 

 

 

ELLOS

 

 

 

Torbellino de la noticia

 

en fuga,

 

que gastan palabras

 

 colmando un universo,

 

 hieren pájaros,

 

Caprichosos adolescentes,

 

que hacen caminar el mar

 

entre la espuma azucarada

 

de la cortesía.

 

Mensajeros del diablo

 

que alzan sus manos

 

como pidiendo perdón

 

a un dios maravilloso.

 

 

 

 

 

 

 

AMIGO LEJANO

 

 

 

La lluvia de mis cabellos

 

es incesante.

 

Mi ego,

 

Se ha vuelto senil.

 

Y mi paciencia,

 

tiembla más,

 

en los días de inocencia.

 

En esos momentos,

 

casi no recuerdo

 

cuando liaste bártulos.

 

De ves en cuando, eres

 

el actor de algún sueño

 

de camisas rotas,

 

de canicas, 

 

o pájaros al vuelo.

 

Yo, te recuerdo,

 

como a un padre.

 

Te guardo memoria

 

en las cornisas,

 

y he repetido,

 

las historietas

 

del viejo Valentín. 

 

 Tú mi amigo,

 

fundiste la esperanza

 

 de la angustia,

 

en una parvada

 

de gorriones esmeralda,

 

y volaste,

 

 para nunca volver.

 

 

 

 

 

 

 

PRIMAVERA

 

El fusil cantó

 

su mejor canción y,

 

 las golondrinas, volaron,

 

dejaron en el alma,

 

esa alegría

 

del paladín.

 

Jóvenes

 

de piedra en mano,

 

competidores

 

 ensangrentados,

 

gases lacrimógenos.

 

 ¡Cómo han llorado los años! ,

 

Esperando tu testamento,

 

Por ahí.

 

 ya se escuchan

 

los cañones;

 

Se dobla el monte

 

cae la empalizada

 

caen los hombres.

 

La tierra es de sangre,

 

sangre que enfría los fusiles

 

del general.

 

Voraz caballería

 

que escupe fuego,

 

son mis oficiales,

 

alma en mano

 

 matan canallas,

 

amedrentan cobardes.

 

En la acometida,

 

cae la noche,

 

cae el telón.

 

 

 

   MI MUERTE /          El deseo de un paladín/

 

 

 

Ha de ser dulce

 

como un haz de luz.

 

No portará en sus designios

 

la obsesión y el dolor

 

de un castigo,

 

 urdido por el amor.

 

Pasará por mí, a las nueve

 

como en la conclusión

 

de una cita,

 

cuyo fondo será

 

el ensueño de una noche

 

de caviar y champaña

 

así, no sabré

 

si mi corazón,

 

 dejó de latir;

 

que no tenían ya,

 

importancia alguna;

 

y, a esa hora, a las nueve,

 

no hay servicio de hotel,

 

ya habrán apagado la luz.

 

 A Salvador Madrid,

 

 en su inagotable Slovenxia.

 

  

 

La evasión de las tristezas

 

He decidido

 

 evadir

 

 la tristeza,

 

y encuentro

 

que solo es,

 

la falda blanca

 

de una dama inculta.

 

 

 

El templo de mi general

 

Mi general

 

No cabe en la muerte.

 

Flota en el viento

 

con aliento juvenil.

 

Al oír el bronce,

 

sabe que es la hora.

 

Acompaña a las viudas

 

de sus mejores soldados

 

y juntos hacen votos

 

por mejores tiempos.

 

Las viudas en sus jaulas de luto,

 

mi general como mártir,

 

yo con mi cabeza de fuego.

 

él lanzándome,

 

bolas de nieve.

 

Así se nos ha ido la vida.

 

El en sus altares

 

las viudas y yo,

 

abriendo caminos.

 

 La muerte me acecha.

 

 

 

La he visto,

 

saltando ,

 

salpicándose a si misma,

 

con mi agua,

 

viene alentando

 

tormentas,

 

cínicas tormentas

 

al fin.

 

 

 

Los recuerdos afloran como un amanecer de mayo

 

Hoy, has vuelto

 

algo extraña.

 

Luces seniles esconden

 

tu rara apariencia.

 

Tu cabellera,

 

erguida

 

en otros tiempos

 

se alza gritando

 

el ritmo indisoluble

 

de tu alma.

 

 

 

Recuerdo

 

Recuerdo:

 

Tú fuiste

 

quien derramó

 

en mí,

 

todas las furias

 

del mes de abril

 

agitando las manos

 

en un triste adiós.

 

 

Tiempo de mensajes

 

Una música diáfana

 

que sale del templo,

 

me dice

 

que Dios vendrá hoy,

 

a las siete de tarde.

 

 

 

 

 

La muerte me acecha.

 
 

 

La he visto,

 

saltando ,

 

salpicándose a si misma,

 

con mi agua,

 

viene alentando

 

tormentas,

 

cínicas tormentas

 

al fin.

 

 

 

 

 

El aviso fatal del último día

 

 

 

Dices que ella acaricia

 

tus cabellos durante

 

largos días de lluvia.

 

Siendo esto así,

 

anclas tu barca

 

y buscas almohada

 

llegada la noche.

 

 

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