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"La Realidad, El Lenguaje"

Rolando Revagliatti

Repblica Argentina



LA REALIDAD, EL LENGUAJE

El acto de extender penosamente la memoria y la imaginacin a unos signos y a unos sonidos que, repetidos, sern su representacin, como lo estoy haciendo ahora, aparece cuando somos capaces de hablar de ese proceso, como algo ya instalado e, incluso, cuando ya hemos olvidado, con gran frecuencia, el esfuerzo que ese logro comport. Sin embargo, para la historia de la humanidad, ese trabajo confiado al azar de la costumbre y a la urgencia de la necesidad implic cuarenta mil aos de aprendizaje, desde que los cazadores errantes por lo que despus sera Francia y Espaa, confiaron a unas imgenes y a unos gruidos probables la misin desesperada de acercar la comida a las manos que pintaban y a la boca que profera.

Signo y sonido, pese a ello, no hacan otra que iniciar su camino y podemos decir que el hombre no hizo, en su transcurso, otra cosa que poner los pies sobre las pisadas de uno y otro: cuando el vasto universo todava no albergaba la idea de que sujeto y objeto eran posibles de distinguir, el lenguaje –oral y escrito- se hizo necesario para esa operacin, a la que estimo no menos mgica que la atraccin de un animal o el alejamiento de un meteoro. Ya entonces, en lo remoto, surgi esa lenta comprensin de la posibilidad de vocacin de lo distante por el solo hecho de nombrarlo y la otra, simultnea, de una vez hecha la evocacin, presentarla a la imaginacin con todo el poder de simbolizacin que sa, su imagen, traa aparejada. S, all est el pez pintado en la proa de las naves egeas que resucit un vagabundo ciego cuando en su tiempo ya eran lo pretrito; el toro completo y lunar convocado por su sola cornamenta en las terrazas de un palacio de Creta; el perfil negro de la cabra monts en las vasijas del Elam, y el escorpin de oro que, junto al rostro de un antiqusimo adolescente, rey del Alto y Bajo Egipto, son como los primeros palotes de un nio que intentaba as retener los significados que, irremisiblemente, el tiempo arrasara con sus ignorados autores. Alguna vez, esas imgenes tuvieron su correspondencia en un sonido.

Y para el hombre, esas imgenes y esos sonidos, representacin de una realidad inapresable de otra manera, terminaran siendo –aunque se detenga a razonar en ello, no escapar al hechizo del lenguaje, ya que para el mismo razonar necesita del lenguaje- la realidad misma.

La realidad plstica del lenguaje ser siempre mucho ms moldeada que la otra, aquella que, es probable, a nuestra especie no terminar de revelrsele, que ya estar nuestra especie, como tantas otras, en el olvido. Ella y su engaoso instrumento habrn fracasado en su asalto.

Mientras tanto, nos queda ese propsito y ese destino probable. Un sentido como ste, entre los miles de sentidos que guarda un solo verso, fue tal vez el que hizo grabar en la primera de las doce tabletas de arcilla que representan el Cantar de Gilgamesh, versin escrita quizs de una epopeya oral mucho ms antigua, su ignorado autor, gobernante, hombre de armas o sacerdote del injusto dios Enlil:

El fue sabio entre los sabios,
penetr los misterios, supo el secreto de cuanto estaba oculto,
revel cuanto hubo en los das pasados, antes del Diluvio.
Su vida fue un largo viaje, aprendi sufriendo...

Con variaciones, estas caractersticas asignadas a un hroe son en nuestros das asignadas a los poetas o al menos, eso se espera que obtengan en su largo viaje. Toms Carlyle dice que los hombres siguen una secuencia de decadencia; son primero el hroe guerrero, luego el profeta, despus el escritor. Todo escritor encuentra grata esta ascendencia.

El esfuerzo por alcanzar este sueo de penetrar los misterios y conocer los secretos de cuanto se encuentra oculto, lo realiza el escritor por un camino que es, adems, su nica arma en el trayecto y tambin su meta ltima. Tal es el lenguaje. De su eleccin del mismo depender entonces por dnde quiere llegar el escritor, con qu poder y a dnde. Tambin, su cundo.

Este, como todos los libros, tiene ya marcado el lugar de su arribo. En otro tiempo era lcito decir que desde la primera lnea, por eso sonar demasiado determinista a los desasosegados partidarios de las frmulas que determinan el valor de lo presente, as que omitiremos nombrarlo. Estimativamente, pienso que ha llegado all, a ese sector de la realidad del lenguaje, con el lenguaje que deba usar. Como lo hizo el primer libro y como lo har el ltimo.

Lus Bentez

Buenos Aires, invierno de 1987


* ”La Realidad, El Lenguaje”, texto de Luis Bentez a modo de Introduccin de la primera edicin del libro “Obras completas en verso hasta ac” de Rolando Revagliatti (Ediciones Filofalsa, Buenos Aires, 1988).

Ver en línea : http://www.revagliatti.net

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