Portada del sitio > ESPIRITUALIDAD Y RELIGIÓN > LA SEMANA SANTA (1)
Grabar en formato PDF Imprimir este artículo Enviar este artículo a un amigo

LA SEMANA SANTA (1)

Camilo Valverde Mudarra

España



Crece en comunidades y grupos de creyentes la fuerza del Evangelio de Jesús

La Semana Santa, que se inicia con el Domingo de Ramos, celebra dos aspectos fundamentales del misterio pascual: La vida o el triunfo, con la procesión de las palmas y ramos en honor de Cristo Rey; y la muerte o el fracaso, con la lectura de la Pasión correspondiente a los evangelios sinópticos -la de Juan se lee el viernes-. Cristianamente, es santa, sagrada por su objeto y su sujeto; denominada antiguamente «semana mayor» es la semana que conmemora la Pasión de Cristo; es el tiempo de más intensidad litúrgica de todo el año y por eso ha calado tan hondamente en el catolicismo popular.

Desde el siglo V se celebraba en Jerusalén, con una procesión, la entrada de Jesús en la ciudad santa, poco antes de ser crucificado. Por ello, se denomina «Domingo de Ramos», aspecto victorioso o «Domingo de Pasión», aspecto doloroso. Lo que importa no es el ramo bendito, sino la celebración del triunfo de Jesús. El rito comienza con la bendición de los ramos, después, se proclama el evangelio. Por ser creyentes iniciados en la vida cristiana, pertenecemos al Señor y nos asociamos a su seguimiento. La Semana Santa empieza y acaba con la entrada triunfal de los redimidos en la Jerusalén Celestial, recinto iluminado por la antorcha del Cordero. El domingo de Ramos es inauguración de la Pascua o paso de las tinieblas a la luz, de la humillación a la gloria, del pecado a la gracia y de la muerte a la vida.

La Pasión de Cristo comienza bíblicamente con el prendimiento de Jesús; litúrgicamente, con la entrada en Jerusalén. Jesús no rehuye la muerte, pero tampoco la busca directamente. La misión de Jesús se comprende en referencia al Dios de la gracia y de la exigencia. Jesús viene a proclamar la inminencia del Reino y la buena noticia del Evangelio. El advenimiento del reino de Dios es el tema central del mensaje y de la praxis de Jesús

Los cuatro relatos de la Pasión siguen una sucesión parecida de acontecimientos, con cinco secuencias: arresto, proceso judío, proceso romano, ejecución y sepultura. Su estilo difiere del de cualquier otra obra literaria que narre el final y muerte de un héroe. Son, además final y comienzo de la vida y destino de Jesús, al que los discípulos llaman «Cristo» y «Señor» después de la resurrección. Según como se interprete y se viva la muerte y resurrección de Jesús, así se configurará el modo de ser cristiano. Jesús fue condenado a muerte y crucificado por blasfemo religioso y alterador del orden público. La muerte de Jesús se descubre fundamentalmente por la lógica de su vida; la interpretación esencial de la muerte de Jesús es teológica; la resurrección debe entenderse como toma de posición de Dios en favor de Jesús y, por tanto, como iluminación de la cruz.

El pueblo se ha identificado y se identifica a su modo con el Crucificado, más que con el Resucitado, quizá, porque su historia es una senda de sufrimientos. La teología pascual de la resurrección no le hace tanta mella; intuye en lo profundo una teología de la cruz. Pacientemente ha aceptado la interpretación teológica de la resignación o de la oblación de Cristo como víctima inocente que paga el rescate por todos los pecados. El pueblo venera a Cristo como «varón de dolores» sufriente y moribundo, con el que se identifica a través del llanto, como pueblo de oprimidos y desheredados, por esto, es el Viernes Santo y no la Pascua, la fiesta cristiana popular sobresaliente. La muerte de Cristo es símbolo de todo sufrimiento; muy en segundo plano queda la cruz como imagen del «Rey de la gloria» o del Cristo Resucitado. En ese Dios desamparado y cercano, no en el Todopoderoso Distante, encuentra alivio el pueblo al buscar la cura de sus sufrimientos mediante un sufrimiento divino. Naturalmente una cosa es el uso y abuso de la cruz como apaciguamiento de esclavos, y otra la aceptación popular del dolor y la muerte de Cristo, expoliado y crucificado por hacerse hermano y amigo de publicanos deshonestos, mujeres de mala vida, leprosos y extranjeros que no respetaban las leyes judías.

En la Semana Santa se descubren varios estratos; entre ellos, el estrato psicológico y el funcional constituyen las representaciones de los hechos históricos, la bendición y «procesión de los ramos», el lavatorio de pies, la consagración de los óleos y el monumento del Jueves y la adoración de la cruz del Viernes Santo, que son quizá las únicas dramatizaciones litúrgicas oficiales con sello popular. Por último, es muy visible el estrato de la religiosidad popular, constituido por la superposición de actos piadosos populares, como visitas a los «monumentos», hora santa, sermón de las siete palabras, viacrucis, procesiones, representaciones teatrales y actos de hermandades. Cuando la liturgia se clericalizó y pasó a celebrarse en latín, lengua muerta, el pueblo abandonó el culto oficial y construyó su propia liturgia. De este modo, la celebración pascual popular salió de los templos a las plazas, calles y campos enarbolando símbolos más accesibles, como han sido y siguen siendo los «pasos» de las procesiones.

El rechazo de Jesús como Mesías es evidente: es escándalo para las clases dirigentes religiosas, necedad y locura para el poder ocupante, decepción para el pueblo y desconcierto para los discípulos. Ahí radican los sufrimientos profundos de Jesús en la cruz, unidos a sus dolores físicos.

En la actual sociedad secular, crítica con las tradiciones religiosas mágicas o demasiado identificada con ciertas éticas de poder, la Semana Santa ha perdido ese aura de misterio tremendo e inefable de que le había rodeado la cristiandad. En cambio, crece en comunidades y grupos de creyentes la fuerza del Evangelio de Jesús, revelador de la justicia del Reino y del perdón de Dios. La lectura e interpretación de los relatos de la Pasión en relación a las celebraciones en las que se proclaman nos revela que la vida es camino de cruz -vía crucis-, a partir de una entrega al servicio de los hermanos que coincide con el servicio a Dios. Al menos esto es lo que puede deducirse de la lectura y celebración de la Pasión de Cristo en la Semana Santa.

Camilo Valverde Mudarra

Este artículo tiene © del autor.

594

Comentar este artículo

   © 2003- 2015 Mundo Cultural Hispano

 


Mundo Cultural Hispano es un medio plural, democrático y abierto. No comparte, forzosamente, las opiniones vertidas en los artículos publicados y/o reproducidos en este portal y no se hace responsable de las mismas ni de sus consecuencias.

Visitantes conectados: 19

Por motivos técnicos, reiniciamos el contador en 2011: 3397850 visitas desde el 16/01/2011, lo que representa una media de 532 / día | El día que registró el mayor número de visitas fue el 25/10/2011 con 5342 visitas.


SPIP | esqueleto | | Mapa del sitio | Seguir la vida del sitio RSS 2.0