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EL PUEBLO ES EL QUE PONE LOS MUERTOS

Félix Ovidio Cubías

Honduras



 

Un golpe represivo y despótico es el que tenemos en Honduras, a partir del 28 de
junio, fecha histórica en la que la democracia fue cortada de tajo por las bayonetas
militares por órdenes de los halcones estadounidenses y del poder fáctico y
mediático entronizada desde hace tiempos en el poder político y económico de nuestro
país.
Ya se cumplirán dos meses desde esa fecha aciaga y la resistencia popular se
fortalece, pero también pierde hijos valiosos víctimas de la represión salvaje que
han desatado las huestes de Romeo Vásquez y Micheletti.
Por el lado del pueblo, la resistencia es pacífica, pero es reprimido y masacrado
poniendo los muertos. Por el otro, los militares tienen odio, sed de matar, y son
los que han retrocedido cincuenta años la historia patria, golpeando jóvenes y
mujeres que luchan con valentía contra los golpistas, llenos de indignación por la
violación de la democracia y la Constitución.
Comprendemos que los propósitos de la resistencia son los de demostrarle a los
violadores de la democracia que el pueblo está totalmente en contra de la asonada
golpista que nos tiene en una situación represiva, de zozobra e intranquilidad.
La resistencia pacífica tiene al gobierno de facto manos arriba y sus posibilidades
de consolidarse son muy pocas porque también cuenta con la repulsa internacional que
lo mantiene en el aislamiento total, que tarde o temprano lo llevará a la
ingobernabilidad.
Por supuesto que la resistencia pacífica no botará al gobierno impuesto por la
fuerza de las bayonetas, sólo manifestándose en las calles, desde luego, faltan
otros elementos para que el pueblo con su poder derroque al gobierno de fuerza de
Micheletti.
Por el momento, las organizaciones populares se han volcado a las calles, pero poco
a poco se desgastará el entusiasmo si no se cuenta con organización política,
disciplina, objetivos definidos y líderes que gocen de credibilidad ante las masas.
La resistencia pacífica tiene enfrente a un ejército bien armado dispuesto a matar
por defender los intereses de la oligarquía. Ellos no entienden de paz, solo de
guerra y violencia, por lo tanto la resistencia debe tener otras formas de lucha que
le garanticen el triunfo y que su lucha no quedará en vano. Pero esas formas de
lucha sólo pueden existir cuando se cuenta con un partido político con los cuadros
necesarios para convertir los planteamientos teóricos en acción práctica.
Es necesario agregar a la indignación popular la conciencia de la lucha con sus
objetivos ideológicos, políticos y económicos.
Todos los días tenemos mártires, encarcelados, perseguidos, desaparecidos y la
finalidad de la resistencia no se obtiene. ¿Estaremos todos los días con las
manifestaciones en las calles sin obtener el resultado que es el derrocamiento del
gobierno de facto? Personalmente creo que no, porque llegará el momento del
agotamiento general, falta de logística y alimentos, sin obtener lo que todos
queremos: volver a la institucionalidad y a la situación que teníamos antes del
golpe. La otra cuestión del problema es que la dirigencia del movimiento puede ser
encarcelada y perseguida y la lucha se estancaría por no tener la cabeza que es la
que plantea la estrategia y la táctica del movimiento popular.
Precisamente es lo que esperan los golpistas. Vencer la resistencia por cansancio, y
alargar la solución por parte de la OEA y la presión internacional para consolidar
sus posiciones y salirse con la suya, pues la indecisión del gobierno de los Estados
Unidos de resolver la crisis, les ayuda en sus propósitos finales.
Por lo tanto, si el pueblo es el que pone los muertos y golpeados, y los organismos
y gobiernos extranjeros no demuestran consistencia en su solidaridad, es necesario
elegir otro camino más convincente que ayude a resolver la situación.
Es urgente organizarse mejor en el partido político y en las organizaciones
sindicales y populares para tener la capacidad de dirigir un movimiento cuyo
propósito es derrocar a los golpistas y la toma del poder.
La lucha exige sacrificios y no es correcto sentarse en el quicio de la puerta a ver
pasar el cadáver putrefacto de los golpistas y sus adláteres. Al entusiasmo e
indignación agreguemos la organización de los trabajadores con objetivos claros y
concretos para que el combate nos lleve al triunfo de la guerra.
La guerra es contra los golpistas, contra los que se atrevieron sin importarles el
pueblo, a cambiar el curso de la historia del país, y esta debe alternar sus formas
de lucha, pasando de la pacífica al derecho que nos da la constitución de alzarnos
en un proceso insurreccional como una obligación que la Carta Magna le da al
soberano. Otro camino nos lleva irreductiblemente a seguir poniendo los muertos,
perseguidos, desterrados, desaparecidos, golpeados que ya suman muchos.

 

Por Félix Ovidio Cubías –
Email: ovidiocubias2001@hotmail.com
Vice Presidente de la Asociación Hispana de
Periódistas, Escritores y Locutores de Louisiana.
(A.H.P.E.L.L.A.)
Miembro de la Louisiana Press Association. (L.P.A.)
Miembro de la National Association of Hispanic Journalist con sede en Washington,
D.C. (N.A.H.J.)

Este artículo tiene © del autor.

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