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ANALISIS DE LA POESÍA DE OSCAR PORTELA

EL POETA Y LA INTEMPERIE

Oscar Portela

Argentina



La creación es el camino de este poeta argentino, originial, único, implacable en su desnudez interior, en su dedicación plena al arte sublime de la poesía.Quizá como conjuro para que no se cumplan las dos líneas del maravilloso Luis Cernuda "Tierra, tierra y deseo/una forma perdida".

Análisis de la poesía de Oscar Portela
por Norma Pérez Martín


Poeta correntino por su origen (nació en Loreto en 1950); sin fronteras por la proyección de su mensaje lírico, la poesía de Oscar Portela muestra al creador con un sello muy personal.

Lleva publicados hasta la fecha: "Senderos en el bosque" (1977); "Los nuevos asilos" (1980), "Autos de fe" (1982), "Había una vez" (1983), "Memorial de Corrientes" (1985), "Estuario" (1989), "Golpe de gracia" (1990).

Desde sus títulos, él aproxima al lector a una intencionalidad verbal encarnada, que, partiendo del eje natal, no se queda en él. Su vitalismo, su sensual temperamento poético lo llevan hacia la profundización panteísta y ritual de yo: afirma y devela su yo íntimo, conflictivo, luminosamente solitario.

Alfredo Veiravé señala, en el prólogo a "Los nuevo asilos": “No es ajena a las búsquedas la obra de otros poetas de su provincia. Francisco Madariaga y Martín Alvarenga, al igual que O. Portela, van del canto a la soledad, en una ruptura de la realidad”.

Lo esencial emerge desde la realidad situada. En "Senderos en el bosque" –afirma Veiravé- “los dioses fueron convocados por impulsos y exclamaciones de entusiasmo dionisíaco”. Y es que, en una indagación obsesiva (poética y racional, valga la paradoja) Portela se detiene en los elementos de la naturaleza lujuriosa de la Mesopotámica.

A partir de allí, espía los secretos, ausculta el misterio, se introduce hermenéuticamente hacia lo que el mismo llama “la Victoria del Mundo”.

El lenguaje barroco, a partir de un deliberado romanticismo, al que O.P. suma herencias surrealistas (como han insistido muchos críticos, refiriéndose a sus poemarios) constituye una máscara. Pero, yo diría, una máscara transparente, a partir del espejo que va reflejando poco a poco los enigmas. El poeta lo ha manifestado, señalando su lucha con el signo como una celebración ritual que no lo abandona.

Hace tiempo declaraba Oscar Portela: “Para mí, la poesía es un rito, no meramente verbal, textual, estos son el fuego, el agua y la madera de las que se conforma el signo, el significante: llamado y respuesta del poema”.

En el origen, a partir de su infancia, O.P. salta hacia el origen total. "Auto de fe" confirmará esta obsesiva constante en su lírica. En aquella ocasión, con motivo de la publicación de este poemario, el autor me escribió lo siguiente: “Había una vez" un niño al que castigaron por insistir en ser Niño y que termina preguntándose qué significado es ser niño”.

Su “lirismo es denso y extraño, torrencial y caótico”, como dice Abel Posse. Sin embargo, como tal lo afirma con exactitud Noemí Ulla, hay en la poesía de Oscar Portela”, un orden un armado juego situando los opuestos”.

Este creador correntino no descarta la cólera ni la entonación bíblica: desenmascara así su propia penuria existencial. Pero, en el libro "Había una vez" abandonará el barroquismo eufórico para entregarnos versos más descarnados, entre infancias con memorias dolientes, muertos-vivos y espectros con “materia de sueños”.

Las tres partes en que se divide este libro (Había una vez) anticipan la índole del derrotero poético-metafísico de Oscar Portela: Memorias de la tierra y el cielo – Memorias de la naturaleza y el tiempo – Memoria del espacio y el retorno. El brillo telúrico cantado con sutileza, no carente de fervorosas cóleras ancestrales, suma imágenes que se van abriendo en frecuentes e inusitadas polisemias.

El autor, discípulo fiel e incondicional de Heidegger, Novalis, Höelderlin, ahonda en la Poesía como forma de conocimiento, instaurando el cosmos, a partir del más minúsculo rincón fluvial de su provincia. Su caída en los abismos dramáticos del ser promueven en él acuciante análisis existencial.

El “niño solar”, como el mismo se autodefine (imagen que nos recuerda al poeta Miguel Ángel Bustos conoce la vibración trágica, entre las aguas bienhechoras).

Memorial de Corrientes ha sido calificado por la crítica como una “plegaria de los sentidos”. Los referentes constantes (agua-verano-luz-mariposas-tierra, etc.) impulsan los juegos metafóricos múltiples y, a veces, contrastes.

Oscar Portela insiste en su búsqueda en "Estuario".

El “jardín sin sombra”, “las derrotas de la sed”, “el Olor que expande el heliotropo” (nótese el uso de la mayúscula al apelar al núcleo semántico-simbólico de “Olor”) avivan el despliegue múltiple de un yo, más allá de la propia individualidad.

En tal sentido, la apelación a ese “tú” (desdoblamiento) que había presentado en otras páginas, se afianza, apuntando al yo lírico desnudamente con plenitud.

La trayectoria de Oscar Portela tiene doble mérito. Como dice Madariaga, Corrientes ya le debe mucho a Portela “por su cultura en acción”: ya que “él puede ser –por intermedio de nuestra América- poeta absoluto y absoluto hombre público”. En efecto, su canto en acción y su acción como funcionario en el área cultural no resultan incompatibles: complementan el ser y el existir de este creador.

Después de atravesar estremecedoras búsquedas a lo largo de sus libros, Portela publica, a fines de 1990, "Golpe de gracia", en Buenos Aires. Poemario órfico: tras el descenso de los infiernos, el creador busca la salida trascendiendo.

Poesía hecha de pensamiento con carnadura existencial, sin confundir los planos, ni las riesgosas instancias poético-filosóficas.

Mutaciones arrebatadas, combinaciones aprehendidas desde revelaciones ónticas, desde buceos abismales; su poesía es “síntesis de todos los resplandores”.

Libro excelente, digno de la más alta expresión de la lírica contemporánea. Oscar Portela asciende por el árbol de la locura y sabe que la indagación “ultraja la razón”.

La serie de nominativos candentes con los que introduce el primer poema acude a un pórtico esencial: alcoholes-insomnios-suicidios-desdoblamientos-monólogos-silencios. Y a partir de esta página se ofrece al lector cómplice la médula de su arte poética.

Poieis anunciada anteriormente y que, ahora, se condensa: "Nadie protege/ ni indaga los signos/ convertidos en cifras. Unas escrituras desde/ donde puedas hablar / y hablas". (ob. cit. p. 11).

La razón del ser y el ser de la razón de este título ("Golpe de gracia") avanzan por sus páginas: tejes la ilusión de la/ muerte, el texto no acabado,/abierto, que alumbra la/ tempestad de la poesía/ (ob. cit. p. 13).

No es casual la fractura de cada verso que obligan al intencional encabalgamiento tan explícito en el propio mensaje subyacente.

Además, la apelación a una segunda persona, que encontrábamos en otros libros de Oscar Portela, se enfatiza dramáticamente en el libro que estamos comentando.

No es que se desplace el yo lírico, más bien se vitaliza, se reduplica, desde el alimento confesional imperante en el poema.

El lenguaje de Oscar Portela se ha vuelto mesurado. Los elementos se condensan en diafanidad y angustia, a partir de una sintaxis ágil, sin subordinaciones ni amplificaciones: "Ritos y redes/ que no te dan/ consuelo e imágenes y nombres/ que aún esperan despojarte del sueño" (pág. 15).

En estos versos citados, el paralelismo que estructuralmente ofrecen las dos proposiciones relativas, se diluye a partir de la quiebra fónica que el autor establece como explícitos indicios de un estilo y un mensaje confluyendo armónicamente.

Podríamos hablar de una semiótica de la fractura y el ascenso, en conjunción perfecta.

El “hechicero del odio” desenmascara las apariencias. Sabe que los “desacuerdos” y las trampas están agazapados para dar el golpe: pero en la indagación del ser, en la hermenéutica que el artista aborda, los símbolos asumen la ordenación del caos: palabras en sabia combustión.

El niño, el espectro (opuestos asumidos) instalan el paraíso perdido en obsesionantes asensos y descensos recíprocos.

La locura, el viento, el desamparo, la luz, el canto, la orilla absoluta, los pájaros, la noche escalonan niveles de la añoranza, esa “belleza impiadosa” que lastima y libera al creador.

La referencialidad situada (espacio-tiempo) asoma, pero no constituye un juego anecdótico, ni escapismo ni merodeo por los esteros de la literalidad: más bien se ofrece como “la metáfora viva” que postula Ricoeur.

Tampoco será tan tangencial los referentes aludidos por el poeta de Corrientes; puesto que el hombre es un fluyente devenir en las aguas del tiempo. La “poética del espacio” indagada por Gastón Bachelard se ofrece plenamente en las páginas de Oscar Portela: lo minúsculo y lo mayúsculo conviven; lo pequeño y, a veces, tangencial, deviene en esencia, capaz de afrontar la eternidad.

“Posiblemente la alianza del deseo y la soledad a través de la armonía en la serenidad, es lo que quizás busco –dice Oscar Portela-. Yo no sé si esto lo encontré, continúa. No sé si el derrotero se conduce al poeta finalmente a través de la palabra, hacia un horizonte determinado, sea la sabiduría”.

La duda se agudiza, pero al mismo tiempo, el creador intuye la salida. No es precisamente, el camino de la razón el que le ofrece las respuestas.

La poesía es la vía del conocimiento profundo; lo saben los grandes creadores de la humanidad.

Poesía de Oscar Portela


Desde su paisaje natal OP (Corrientes, 1950) nos acerca a un universo intimista, reflexivo, sin hermetismos locales. A continuación una selección de poemas a cargo de Norma Pérez Martín.

IX

Ahora alabemos las alianzas
del corazón con los
relámpagos del abismo y los
templos del habla,
sediciones de superficies
donde ninguna salvación será
posible, oscura sangre,
tumores que la carne
sostiene, sonidos y
vértigos de lo que no sube
ni baja, sueños donde expira
la flor marchita de la suerte,
alimentando con agonías
y temores del ludibrio de lo
mismo a lo que el alma vuelve,
presa del sudoroso verbo del amor,
dolor de la noche de la razón,
soles donde estallan
las conmociones del abismo
superficies abandonadas
y caminos, venenos
que han rasgado los velos
de la locura, grafías para
ultimar el orden que
sostiene este mundo, golpe
del azar ahora desnudo, mutilado
hijo de la naturaleza más intensa
nunca demasiado divina en las
superficies de ultrajes
de la carne del clima.

(Del libro Golpe de Gracia)

VII

Desde tu corazón nadie me dice adiós,
líneas de fuego abiertas
en las botijas del clima donde
nadie despide y cada espacio
es ámbito donde mi espera se
libera para el adiós del nombre
bajo un rayo de luna porque el
poema es muerte, forma vuelta a
parir, orilla de aire y del azar
azul donde nadie te dice adiós
ni te retiene junto a estos ojos,
a esas bocas, a esos vientos y
a estos nombres que barrerá el
adviento, alguna vez algún
instante, algún olvido.
(Del libro Golpe de Gracia)

FÁBULA

A Lucía Carmona

No es por el oro por quien se consagra la fábula.
Sólo el azul bendice en la consagración de lo
amplio
¡Ah, luminosos espacios donde el corazón hace
habitable la amorosa discordia!
Sólo en tu cielo octubre, concibo un nombre para
pensar el cielo.
Amplio como mi corazón es el pensar que a veces
sostiene tanta atribulada belleza.
Empero el lila, perseverante encanto, trémulo
impone orden,
redime perdidos extravíos
del frenesí que estalla y cae y desea y olvida
la alegría que el azul bendice, las peregrinaciones
taciturnas, los cantos del gallo, los silbidos,
y la conmutación de la pena ya de oro
por quien se consagra la fábula del mundo.
(Del libro Memorial de Corrientes)

TIERRA

La tierra ebria sobre mí y yo en un carruaje azul
bajo las aguas. La tierra inmóvil como un amante
que duerme el sueño estremecido de las victorias
absolutas y yo en una volanta azul bajo las aguas
poseído por temblor de las especies bebiendo
con el oído de las aguas lamente del sexo del
viento que también quiere ser poseído por
tus temblores tierra
¡Al fin el sueño antiguo sopor de la caída!
La bella en el crepúsculo dorándose y cayendo
hacia el más sueño de los viajes sin retorno,
doncella convulsa en sus mareas queriendo
despertar desnuda por vencida por los ahogos
del amor.
¡Déjame así dormir sobre tus muslos
el sueño antiguo y poderoso! ¡Obsedido de música
y de mar ardo en deseo! ¡Este es mi ropaje!
¡Me estremezco de amor! ¡Este es mi aire!

(Del libro Memorial de Corrientes)

 

P.-S.

OSCAR PORTELA: EL POETA EN EL MUNDO
por Alejandro Drewes

Soledad como muy pocas la de la escritura. La de Oscar Portela en los caminos y en los laberintos de su poesía. Poeta a su pesar en el mundo,frente a una realidad que quisiera otra, de frente a los otros, en un tiempo de indigencia que abruma cuando no aterra.

Oscar Portela y su huella que persiste, en sus ensayos filosóficos y en sus indagaciones como periodista, en cada poema. El poeta detrás de la cámara deHerzog, ojo mirando al acechante vacío.

Rescatarlo hoy en estas líneas: al eximio poeta de "En carne viva", de "Claroscuro"; al que dialoga con Heidegger, con Nietzsche; al amigo de sus amigos. En memoria del presente, evocar su conmovedor homenaje a la sombra de Grecia.

En sus propios versos, retratado para siempre: Ulises sin retorno/olvidado de Itaca/aun sufriendo las vejaciones del corazón/ que intenta el canto.

A Oscar Poeta, al poeta y al amigo, a la aventura del filósofo en América,la luz cegadora al filo de los versos escritos con sangre de tiempo, en medio del viento del mundo y de toda pavura, estas palabras en sus cuarenta y cuatro años con las letras y la poesía..

Alejandro Drewes

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