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YOKOHAMA EXPERIENCE

FRAGMENTO

Valentín Justel Tejedor

ESPAÑA



(…) mientras sonaban los armónicos acordes de la melodía zen Dinasty of Merci, Madeleine avanzaba por el pasillo entarimado de ipé, dejando atrás las fúlgidas mesas de níveo mármol, con caprichosas vetas rubescentes; las bellas celosías orientales con lignaria trama cuadrada, que en sus zócalos exhibían apaisados tapices de estera, con las pleitas trenzadas en color gríseo; también iba dejando tras de si, los hermosos ejemplares arbustivos de arce rojo, que parecían iluminar, con sus hojas palmeadas de intenso color rubí, aquel singular espacio, fascinante y exótico.
Al fondo del corredor, se distinguían varias cortinillas de un tejido amacigado tan diáfano, que parecía hecho de papel de arroz. Las verticales persianillas estaban laminadas por finas bandas horizontales de bambú, que entrecortaban el urbano paisaje exterior.
Al llegar Madeleine a la mesa donde la esperaba Stefano, éste se levantó súbitamente, dándole la bienvenida y besando sus encendidas mejillas. A continuación, Madeleine se sentó a su lado, en una elegante butaca de madera maciza con tapizado minimalista, en el que predominaban las tonalidades ocres y glaucas. Al aproximarse el camarero, Madeleine le pidió una ración de makizushi, y seguidamente comenzó a dialogar con Stefano de los avatares del largo viaje, que había realizado desde la romántica París, hasta llegar a la cosmopolita Tokio.
Tan pronto como el camarero le sirvió la especialidad nipona, Madeleine comenzó a degustarla usando los palillos de madera (hashi), en vez de los cubiertos occidentales. Stefano al verla sonrió tímidamente, sorprendido por la soltura que demostraba Madeleine, con aquellos utensilios de madera lacada.
Entonces, Stefano le preguntó:
 - ¿Dónde has aprendido a comer con palillos? Lo haces francamente bien.
Madeleine le contestó:
- Durante un tiempo cuando estudiaba para pagarme los estudios en Francia, tuve que trabajar en un restaurante asiático. Muchos clientes parisinos me pedían que les enseñara a comer con los palillos, pero yo siempre decía que no sabía, hasta que con el paso de tiempo no tuve más remedio que aprender.
- Yo fui la primera sorprendida, cuando vi que podía comer con palillos.
- Verás es muy sencillo, déjame, coloca éste aquí, en la curva que hay entre el dedo anular y el dedo índice, éste siempre debe estar fijo, sostenido por los dedos anular y corazón, tal y como si tuvieras un bolígrafo en la mano.
- Ahora sujeta este otro entre los dedos pulgar e índice, juntando su extremo con el del primer palillo, inténtalo y verás; al principio puede resultar complicado, pero una vez que te acostumbras, te resultará muy sencillo.
Stefano se echó a reír, mientras trataba de imitar la sorprendente habilidad, que tenía Madeleine con los palillos, sin ningún éxito, claro (…)
 

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