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GOLPE DE GRACIA (poemas de OSCAR PORTELA)

Sobre las orillas de la escritura: Oscar Portela

Oscar Portela

Argentina



Retrato de Oscar Portela por Francisco Madariaga

Mi coterráneo, porque lo soy con los correntinos, y especialmente, con los del departamento de Yaguareté-Corá y con los de aquellos otros que también tienen esteros, lagunas, palmares ; de las ciudades y pueblos como Taragüí. Saladas la del Negro Sargento Cabral, el Paso de los Libres., Loreto y otros de la meseta de Mercedes, y el sistema de Esteros y Lagunas del Iberá y también con los habitantes de los parajes donde iban a terminar las grandes tropeadas que partían de Corrientes, de las vaquerías coloniales haqsta las costas del Mar de los Castillos con sus lagunas y palmares— en Rocha de la Banda Oriental del Uruguay.

Bandidejo especial, que ha sabido conducir al Ser hacia un lila general.

Viva, pues, su camino de salvación lila. No tiene otro, antiguo embajador de la Hélade. Tribuno público de la romanía, periodista de la corte de César o de los campamentos de Aníbal, entre africanos quemados y asiáticos perezosos.

Santo andante por tabernas y correrías en las que, sólo a fuer de poeta, pudo comunicar, sin confundirlas, a la poesía con la filosofía.

Sacúdase toda muerte y dispóngase a organizarse en el Este y el Nor-Oeste Poniente. El Sur no se lo puedo recomendar a un jinete como usted, que nació muy cerca de los tigreros de la caliente alba coreana.

¿Recuerda que, en Corrientes, se los llama coreanos a los de Yaguareté-Corá ?

Póngase a trabajar en la síntesis de todos los resplandores. Los quebrantos, las "presentes sucesiones de difuntos", de todo aquello que le ha llevado casi hasta el borde del crimen contra usted mismo.

Entréguese al lila y abuse de todas sus hogueras y sus sombras, aunque corra el peligro de caerse, arrastrando el rostro por las arenas.

Éstas, seguramente, serán también de ese color.

AMENLILA debe ser en adelante la palabra con que firme sus escritos, desde misivas hasta poemas.

GOLPE DE GRACIA

poemas de OSCAR PORTELA

I

Paisajes vueltos a recorrer, alcoholes, insomnios,

extravíos, suicidios, desdoblamientos,

monólogos, silencios, letanías,

súplicas, ruegos, plegarias,

blasfemias, credos sobre

huellas donde se ciega la

mirada y se levantan sombras

sobre la lava ardiente del recuerdo.

Recuerdos donde el texto

llama a sombras de deseo,

cenizas, nombres, pétalos,

ciudades donde crece el

árbol de la locura

en el seno más ultrajado

de la razón, pálido circunciso

en el borboteo del agua que

asperja el ánimo de la

aurora donde nadie protege

ni indaga los signos

convertidos en cifras,

parajes, asesinatos - cometidos

en el ocaso de un siglo y en el

nombre del nombre,

y unas escrituras desde

donde puedas hablar

y hablas.

II

Mientras avanzas retrocedes

y no esperas sino el golpe

de gracia de la imagen final

donde buscas el poder de los

nombres, y no la salvación ni

el perdón, sino aquello que

sangra en la conciencia de

la imagen que te convoca al

borde del infinito,

por el que ahora aceptas el

son y el don de la locura

donde yacen

viejos cadáveres que sangran,

armonías ocultas, condenadas,

y tejes la ilusión de la

muerte, el texto no acabado,

abierto, que alumbra la

tempestad de la poesía

despojada de obra, hacia el

soplo inminente

que arroja todo al desamparo

oscuro del insomnio, o la

gracia donde mana el

cielo que espera el seco

golpe, el rostro de la pasión

que ha encontrado su asilo.

III

Tal vez podrías junto a las

voces que te colmaron cuando

quietísimo yacías como serpiente

ante densas visiones, estar todo

ensalmado por la palabra ser,

y luego pálido y enterrado

en noche que huye, azotado por

el color que hábilmente

desposa con la escritura

blanca del misterio, a salvo ya de

ritos y redes

que no te dan

consuelo e imágenes y nombres

que aún esperan despojarte del sueño,

viendo tan solo desfilar

pálidas gramas, nubes, cielos,

vacías estaciones entre tú

y tus ojos inmóviles

ya casi ciegos.

IV

Nosferatus.

Y te absuelvo del círculo

del llanto orlado por las

sombras de luz impura que

niegan las tinieblas,

espejo donde

culmina la voz del infinito

que domina tu anhelo, señor

del laberinto dormido bajo

la oscuridad del mar, donde

pulo las caries del deseo

mortal, la sombra de los

viajes que retoman, claridad

esfumada donde no puedo

despertar hacia el profundo

sueño de la vida. Porque la

fábula domina : ley es la

luz que abraza las tinieblas,

la claridad que nos oculta

sin dispersar los sueños en

el denso bautismo de las

bocas que no pueden vivir y

ahora cantan.

V

Vuelos de imágenes, olas de

mares repetidos, profecías,

remotas márgenes del mar,

nocturnas joyas de luz poseída

por el instante que huye, aliento

del amado pronunciado los nombres,

cantados en los asilos del alba

del amor, desnudo y ebrio del polen

de los cuerpos donde nadie maldice

las copas derramadas de la luz

que ahora en soledad

abre estos cantos, diciéndose a

sí mismo otros nombres y rostros,

otras playas en dehiscencia

absoluta con desnudez de mar.

VI

La soledad que ha prohijado

la palabra a la deriva de la

sombra de un sueño con un

golpe donde se cierra el

círculo del relámpago que

gira en tomo a sí, y en soledad a

la deriva del sueño que

podría de pronto ser el

sueño de la deriva del

corazón del otro,

transposición de luz de la

esperanza que ha expurgado

de sí la soledad amplianda

el eco de la primera gesta

del deseo del sueño del

color : empero volvería a

repetirse la voz de los

mandatos, los ecos de las

en el color

del agua donde ebrio me

echaría a dormir el sueño

del maullido, ..... y aún estoy

conmigo junto a ti Am

los colores de

l

los sueños del otro y hablo

con estos devenires del

clima encandilado en el

fulgor de las lágrimas donde

se cierra el círculo y ya

nada es posible,

salvo los estremecimientos

de la locura enterrada bajo las

huellas del azar,

de los largos crepúsculos y los

abismos, superficies, cumbres

de la imposible soledad,

y el tierno brote del paraíso

donde podré

rezar después la soledad del vértigo y

el azorado mar azul del canto

del ahorcado.

VII

Desde tu corazón nadie me dice adiós,

líneas de fuego abiertas

en las botijas del clima donde

nadie despide, y cada espacio

es ámbito donde mi espera se

libera para el adiós del nombre

bajo un rayo de luna, porque el

poema es muerte, forma vuelta a

parir, orilla de aire y del azar

azul donde nadie te dice adiós

ni te retiene junto a estos ojos,

o al adviento, alguna vez, algún

instante, algún olvido.

VII

Abre los ojos de la memoria a los

desacuerdos de la memoria de la

muerte, imágenes donde arden colores

que sangran , inundaciones del dolor

de la locura y paisajes donde

tiemblan exilios que arden en el otro

donde yacen mis ojos,

definitivamente ciegos al desamparo

de la repetición, enterrados bajo cielos

abiertos y albas condenadas

al martirio del desacuerdo del

lenguaje ¿Estoy ahogándome bajo

fantasmas trémulos ? ¿Soy el auriga

del rosa en los encantamientos del

concepto ? ¿Me perfumo en las

sublevaciones frente a las

provocaciones del Uno ?

¿Rezo todavía

y canto sobre las muertes y los

embrujamientos del crepúsculo, donde

yace la tribu sedienta del todo ?

¿Soy el hechicero del odio de tu

cuerpo donde libero tiernos genocidios,

humillaciones, resurrecciones, infiernos

oprobios, maravillas o sólo espero ya la gracia

del crimen en el texto infinito del

saber, donde suspendo las manifestaciones

repetidas de los desacuerdos y trampas

de la memoria de la muerte ?

IX

Ahora alabemos las alianzas

del corazón con los

relámpagos del abismo y los

templos del habla,

sediciones de superficies

donde ninguna salvación será

posible, oscura sangre,

tumores que la carne

sostiene, sonidos y

vértigos, de lo que nada sube

ni baja , sueños donde expira

la flor marchita de la suerte,

alimentando con agonías

y terrores del ludibrio de lo

mismo a lo que el alma vuelve,

presa del sudoroso verbo del amor,

dolor de la noche de la razón,

soles donde estallan

las conmociones del abismo,

superficies abandonadas,

y caminos, venenos

que han rasgado los velos

de la locura, grafías para

ultimar el orden que

sostiene este mundo, golpe

del azar ahora desnudo, mutilado

hijo de la naturaleza más intensa

nunca demasiado divina en las

superficies de ultrajes

de la carne del clima.

X

Los desacuerdos que manan de los

desacuerdos del sol,

de los paisajes, sus aromas, la palabra

que cultiva los desacuerdos del

desacuerdo buscando algo más que el

acuerdo de los sonidos y las natalidades

más allá del desacuerdo del desacuerdo

para borrar los surcos del

desacuerdo, que podría ser llorado por

los desacuerdos del olvido penetrando

como serpiente en la humedad de la

vejez, y el alarido blanco de los

parajes de la carne alimentando las

armonías del desencuentro.

¡Ah, sienes embebidas en el dolor del corazón !

¡Blanca bebida del que espera la hora

del desacuerdo final, la hoz sobre

los ojos que piden la hora del descanso,

al amparo de ecos del lenguaje

que el alma crea en la esperanza de l a poesía y el dulce acuerdo de su

nombre, los agudos dolores que

romperán la esfera de la repetición

del desacuerdo, y los sonidos del

llanto o las imágenes que tu cuerpo

escondía en las brasas, aguas del pájaro

que canta enterrado bajo los

acuerdos del desacuerdo del acuerdo

final. El negro grito que cortará los

hilos del cautivo de las carnicerías

del desencuentro, serenamente desollado

en los estuarios donde sangran los

cuerpos, las lenguas, las fuerzas no

virginales, no incorruptibles del

desacuerdo del desacuerdo.

XI

Dormido bajó las grandes lluvias

del invierno, hirviendo en los

rojos calderos del verano, masticando

los prohibidos frutos del deseo

en la infinita soledad de quien

no ha invocado la ausencia, el

gusto amargo, la ácida pulpa de

los nombres, velaba

no despierto, no dormido,

en éxtasis de tiempo ensimismado

y en los cantos de tierra jubilosos

las locuras del viento, las visiones

encendidas sobre el fulgor del

vértigo que cae, infante

que no ha despertado al sueño

de la muerte

aún no liberada, transfigurada

por la visión donde se

vierten lágrimas de una noche

que no quiere alejarse, porque

aspiraba a ser en otras noches

el resplandor del vértigo donde se

puede dormir y se puede morir,

cuando el viento mueve dulcemente los álamos,

espectros en la memoria temblorosa

de la fragilidad del desamparo (a veces

sonriendo para que el niño se repita)

surgido de la simiente

y el fragmento de los

espectros que alguna vez

le fueron entregados.

XII

Hoces, sahumerios, crematorios, mares

devueltos en pos de sí, muerte que nos

proteges contra el exilio del cielo

no medido donde renovamos fiebres

abiertas a la ansiedad del

infinito, suave como una mano

que huye tras la línea de amor y

marca la grafía del vacío de Dios

o su presencia en la muerte

que soporta y devuelve

al cielo dones y secretos, presencias

donde grita la sed de la escritura

que despoja de nombres,

signos no visibles, fantasmas

de la repetición, huellas remotas,

mientras se aleja el año por el

cual te sostienes bajo el cielo

que mueve suavemente lágrimas,

vértigos, sopores que hablan

maravillosamente y protegen,

cuando el otoño llega y es

otoño.

XIII

rillas, límites móviles para

adentrarse a la noche del no saber,

orillas para tentar orillas,

abismos, superficies donde abismaron

huellas y se perdieron pasos,

orillas circulares como heridas sobre

la frente, orillas de húmedos párpados,

orillas que se respiran en la

noche más honda, orillas, superficies

de lo que se presiente iluminado

con el fósforo de los huesos

de orillas, sacramentos más

vastos que reflejos donde la luna

enciende las ternuras del oro y

empieza la noche o el alma,

sabe a solas el sentido del límite,

orillas de mares , sombras donde

comienza el cielo naufragado en las

lágrimas de las otras orillas que

reposan absortas frente al límite

cierto de la orilla absoluta.

XIV

¡Nunca se regresa al lugar del cual

se parte ! Oh, reparadores asilos,

imágenes terrenales y derivas, deseos

perseguidos desde siempre, ensayados

todos los modos de la liberación, y los

conjuros que desposeen de certeza,

para mover el canto hacia donde

siempre has triunfado, pero nada

abolirá el movimiento

del azar : adolescencia, infancia, aún

indemnes a las incitaciones del

terror de la locura de la noche más

honda, donde la soledad burla tormentos

de pasión frente a dioses, orillas, asilos,

raudos pasos, búsquedas de lo

absoluto de la tierra, y luego

olvidos mojando las orillas del alma

escarnecida por las vanas esperas.

La exaltación de sombras móviles,

espejismos de otras superficies donde

la salvación podría realizarse y sin embargo

estás aquí, sin abismos ni

cumbres : paisajes limitados, condenadas

orillas, las horas de la sombra

más corta, el mediodía que a la visión

perturba, y se encanta en penuria,

superficies de tierra, mundo,

historia de carne y de deseo,

abismos donde se ahogan sombras

del pensar, límites donde puede

alabarse contra la estéril gesta

de fundación de un mundo

acechado por todas las gacelas

que conducen tu sombra, y escribirás aún,

si es necesario desde el lugar del

alma del texto que te nombra, y

callarás también cuando tu cuerpo ceda

bajo redes sin huéspedes que canten

desde la superficie por el alma

asombrada, aunque en el fondo auscultes

toda la noche, orillas,

hacia el latir más claro de todas las

estrellas.

XV

De soledad entre bronces de lilas

sobrevolando otra vez

lo que fue no será y volverá

una y otra vez en el estertor

del canto que nos manda con

silencios oscuros de vendimias

de soledad y sollozos,

porque no se puede dormir ni

se puede soñar aquí, donde se

alelan los frutos del deseo

entre clarines rosas bajo un azul

que se demora para exaltar a

los ausentes, consentimientos

que largamente esperan el regreso,

tal como florecen en la

soledad que los astros alzan

para ti bajo estos soles

embebidos de belleza impiadosa.

¿Me suicidarás o canto sin memorias ?

El tiempo de tu dolor confundido

entre ocasos donde aún

tiembla la sed, el espectro

solísimo ahogado en luz

de idea, donde esteriliza todo verbo.

Soledad de locura.

Sentimientos que no vendimiará

el verano porque aún

la boca del salmo está vacía,

inútil cielo azul sobre memorias

ecos de siriríes en las

sombras donde estará mi tumba

y al rosa cándido, el doloroso

rosa que espera el Dios

 

P.-S.

La poesía porteliana es, por definición, la forma en palabras de un cosmos que le pertenece, un cosmos que contiene sus propias claves y sus muy personales objetivos. Lo que, desde luego, no es poca cosa frente a las vacilaciones, los cambios imprevistos de rumbo y las caídas en el vacío, más o menos evidentes, que señalan los intentos de otros autores. Luís Benítez ( Buenos Aires ) .

Ver en línea : GOLPE DE GRACIA poemas de OSCAR PORTELA

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