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"Efectos de una Teatralidad Manifiesta" por Diego Mileo

Rolando Revagliatti

Argentina



 

 

 





“EFEC­TOS DE UNA TEA­TRA­LI­DAD MANIFIES­TA”

 

por Die­go Mi­leo

 

 

En­trar en el mun­do de cla­ves del tea­tro de Re­va­gliat­ti es ac­ce­der a una po­si­bi­li­dad que no se ago­ta en la lec­tu­ra de es­tos tex­tos mul­ti­pli­ca­dos en su tex­tua­li­dad, don­de lo es­cé­ni­co se con­vier­te en un de­sa­fío. ¿De dón­de sur­gen esos se­res mi­tad es­pe­jis­mo mi­tad co­ti­dia­nei­dad que pue­blan es­tas his­to­rias de lo­cu­ra, fu­ria, co­mi­ci­dad y muer­te? Los te­rri­to­rios de lo ima­gi­na­rio tie­nen su pro­pia ace­le­ra­ción, su pro­pio en­tra­ma­do des­do­blán­do­se en jue­gos que no ce­den su en­cla­ve ni su iden­ti­dad. ¿Qué es en­ton­ces “Tra­ve­sía” si­no una for­ma de far­sa im­po­si­ble? Mu­jer “ser­vi­do­ra de es­ce­na” acla­ra Re­va­gliat­ti, co­mo si pu­die­ra ser otra co­sa en la es­cla­vi­tud de la pa­la­bra di­cha. O “Co­mi­da” don­de el hom­bre es rey, in­di­ca­cio­nes del au­tor que re­mi­ten al ver­da­de­ro ar­gu­men­to (por­que la ver­da­de­ra his­to­ria es­tá en la in­di­ca­ción y no en lo in­di­ca­do). Mez­cla de es­pec­tros que unen a “mon­ja”, “hi­jo”, “mo­zo” o “ca­ba­lle­ro es­pa­ñol” (así sin el ar­tícu­lo pa­ra que la pre­ci­pi­ta­ción sea ma­yor) en la ex­tra­ña ma­qui­na­ria que se ti­tu­la “Chis­te Tris­te”. De­no­mi­na­cio­nes que no ce­san: “sen­ci­lla”, “li­te­ra­ta”, “ado­les­cen­te vo­lup­tuo­sa”, “ven­de­dor de es­pi­ra­les”. De ahí, que el se­cre­to es­tá a la vis­ta (más exac­ta­men­te en los bor­des del afue­ra) y no va­le nin­gu­na in­ter­pre­ta­ción del tex­to, es­to se­ría lo fá­cil, lo inú­til, lo pre­vi­si­ble. Con­vie­ne bus­car las raí­ces de lo ima­gi­na­rio en la cor­te­za mis­ma pa­ra así po­der sa­car el di­se­ño des­de den­tro del pai­sa­je.

El “es­pec­ta­dor-lec­tor” no de­be caer en sus pro­pias tram­pas que aso­lan los re­co­rri­dos de la obra re­va­glia­ten­se.

Se su­ce­den en­ton­ces, en es­te li­bro de uni­dad mi­na­da, to­das las es­ce­nas que el au­tor no de­se­cha en la es­truc­tu­ra fi­nal.

¿Por qué de­cir que es­to que Re­va­gliat­ti es­cri­be es só­lo tea­tro? ¿No se­ría más jus­to lla­mar­las “vi­sua­li­za­cio­nes” del len­gua­je? ¿En­tre­jue­gos? ¿Sue­ños? ¿Va­ci­la­cio­nes del al­ma? ¿Fá­bu­las per­ver­sas?

Es­pe­cu­la­cio­nes de es­te es­cri­to que “se pe­ga” al li­bro co­mo una fal­sa pis­ta, úl­ti­mo es­pas­mo ar­ti­fi­cio­so de la men­te. Pa­la­bras que quie­ren ce­rrar al­go pe­ro ter­mi­nan por rei­ni­ciar el tex­to. ¿In­fluen­cias? Las me­jo­res: el sín­dro­me bec­ket­tia­no mi­na las pa­la­bras de R.R. co­mo una siem­bra im­po­si­ble. Aho­ra só­lo que­da vol­ver a le­er, o par­ti­ci­par de la no­che po­lar de la lec­tu­ra de lo eva­nes­cen­te, la pe­sa­di­lla del más des­pier­to, la úl­ti­ma “fin­ta” al bor­de del in­fier­no.

 

P.-S.

Edición electrónica de "Las piezas de un teatro" se halla disponible gratuitamente en http://www.revagliatti.net y en bibliotecas virtuales. Las cinco piezas que conforman el volumen ("Chiste triste", "Comida", "La cabeza", "Lo llamaremos por el numerito", "Travesía") se hallan, además, en www.mundoculturalhispano.com y se pueden buscar y leer individualmente.

Ver en línea : http://www.revagliatti.com.ar

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