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Relatos de antes de la mafia

Intentos de pensarse el pasado en Colombia

Albeiro Rodas

Colombia



En desarrollo...

Prefacio

Me pensé este título por un buen rato. ¿Época pre-Escobariana? ¿Será que los ilustres historiadores colombianos don Ramón de Zubiría y don Abelardo Forero Benavides estarían de acuerdo con semejante parodia de la historia? Después me niego a crear semejante expresión. Colombia no puede partir de semejante elemento como las mafias que es una epidemia de la que es necesario deshacerse.

Yo creo que Zubiría y Forero estarían de acuerdo en hablar de todas formas de una era pre-mafia. Los recuerdo muy bien de niño. Ellos en sus poltronas bogotanas frente a las cámaras de televisión rebrujando las páginas amarillas - ¿o rojas? - de la historia de Colombia, vistos pues por un puñado de televidentes, porque la mayoría del país no oye de historia, ni a Diana Botero, la nueva diva de los documentales del pasado que llena auditorios.

Claro que estarían de acuerdo. Porque Pablo Escobar escribió una parte de nuestra historia y la afecta todavía. Yo le voy a decir el por qué y le voy a comentar que si no asumimos bien esa parte de la historia, vamos a seguir perdiendo las esperanzas de la paz en nuestra patria de Bolívar (después les cuento porque llamo a Colombia la Patria de Bolívar, tan usada, tan remarcada esa expresión, por la Venezuela de Chávez).

Se me olvidaba - como buen colombiano - decir que Colombia no tiene memoria, según Fernando Vallejo, frase esta que pienso no es propia de él, aunque es el que más la utiliza en estos tiempos.

Debe ser por eso que los colombianos tenemos esa necesidad de escribir tanto, para combatir nuestra amnesia crónica. Ya lo decía Gabriel García Márquez: nos dió la peste del insomnio hace más de cien años de soledad. Ahí está pues el punto: Vallejo lo dijo, lo de la Colombia desmemoriada, pero García Márquez lo predijo en sus escenas subreales. Le encuentro aún sentido al subrealismo mágico, aunque yo mismo no sea tan subrealista mágico. Uno de Medellín no pueder serlo. Uno de Cartagena, de Santa Marta - en donde murió Bolívar - o de Aracataca, puede serlo. Como yo viví en Medellín y en Cartagena, sé lo que significa el subrealismo mágico y sé lo que significa el realismo paisa. Alberto Fuget se deleitaría en una excursión literaria entre Cali, Medellín y Cartagena y entendería porque las abuelitas van volando por ahí.

En la peste del insomnio que atacó a Macondo, la gente pierde la memoria y entonces, para no olvidarse, comienzas a escribir el nombre de las cosas en papeles y carteles para recordalo todo. Es eso, de eso se trata: nunca en Colombia encontramos la cura al insomnio y por eso nuestras bibliotecas - y el millar que tenemos por todas partes - están llenas de libros de todos los tamaños, colores y sabores.

Este año el Canal 4 de España hizo un documental sobre los sicarios de Pereira al que llamó Baby Sicario - muy castizos estos españoles ¿no cierto? Me gusta más La virgen de los sicarios, es más original y auténtico en contenidos. Lo cierto es que el periodista le preguntá a un niño de 14 años (estamos en 2010), que cómo empezó a ser sicario y este le respondió que con Pablo Escobar. Como Escobar fue acribillado en 1993 en un tejar romántico de Medellín, hace 18 años, entonces se me ocurren varias teorías: Este tan bien informado periodista puede tener genes colombianos - recuerden que Madrid está llena de colombianos - y por lo tanto, debe tener el gen macondiano de la peste de insomnia. O puede ser que Pablo Escobar es tan tenaz que sigue entrenando niños para matar después de su propia muerte. Pues bien, me quedo con esta última parte, porque creo que es eso: Escobar no ha muerto y vamos a pensar las razones de ello.

El comienzo del siglo XX, cambalache, problemático y febril en Colombia

Comencemos por este tango, que en Colombia ese género musical no es extraño, extranjero y argentino como muchos creen. Las mafias taparon muchas cosas de Colombia y enviaron al mundo una mala imagen. Hizo olvidar, esta mafia patrañosa, pendensiera y destructiva, que, por ejemplo, Medellín, la ciudad montañera, rubia y morena, semita y rezandera, es la capital colombiana del tango. Pregúntenselo a Manuel Mejía Vallejo en su obra Aire de Tango (1989) y pregúntenselo al Zorzal Criollo, Carlitos Gardel, que dejó su sangre en medio del Valle de Aburrá para que no quedara duda. Nadie sabe a ciencia cierta en dónde nació Gardel, si en Francia, Argentina o Uruguay. Pero sí es certero en dónde murió junto a Alfredo Le Pera y el Indio Aguilar ese 9 de agosto de 1936.

¿Qué tiene que ver el tango con Colombia y su historia, ese aire danzante tan austral y sensual? Más de lo que los de este tiempo se imaginan. Mientras el tango resonaba en los bares viejos del Barrio Guayaquil y retumbaba en las aldeas andinas de la región paisa, muchos kilómetros más al norte, en donde Colombia se convierte en caribeña y morocha, otro aire entraba en ebullición de la mano de Francisco el Hombre.

Si usted se asustó mucho con La virgen de los sicarios, si algunos puristas y extremistas de lo fino se escandalizaron con las aventuras matonas de Alexis y su amante nostálgico, entonces no lea Aire de Tango, para que Jairo no le dé una cuchillada:

"Murió Carlitos, nacistes vos, le cogió rabia y queredera a esto de tangos y milongas. Desde patojo se las aprendió. Era dicha de las tías verlo de arranques de guapo a destiempo. Hasta que un tío marica le dejó un cuchillo".

El punto es que los paisas, los viejos, eran tan tangueros como cualquier porteño, mientras que en la Costa el vallenato se extendía como fuego de pueblo en pueblo con juglares como Guillermo Buitrago que, curiosamente, murió joven y en pleno ascenso profesional en 1949 (tenía 29 años). ¿Cómo es que siguen las sombras de Gardel y Buitrago por toda Colombia, cantando como si hubiesen grabado el año pasado su último album?

En el siglo XIX Colombia no prosperó. Lo único que ganó fue su independencia, firmada y sellada en la Constitución de Cúcuta del 30 de agosto de 1821. La República de la Gran Colombia fue más bien la gesta de un sueño, un idilio y un pegamento. No había intenciones de nadie por permanecer unidos a nada. Cada uno tenía su agenda. En nuestros países latinoamericanos, cada quien es un partido, una religión, una ideología y un proyecto. Todos nos queremos separar de todos. Pero esto es tela de otro telar.

Ya libre del compromiso de 1821, Colombia quedó sola cuando el 20 de octubre de 1831 firmó la carta de separación de la Gran Colombia. Ese es el hecho: se separó de sí misma y así sigue. Comenzaron sus cien y más años de soledad, como dice García Márquez. Comenzaron las mil y una guerra civil: federalistas contra centralistas, liberales contra conservadores, conventos contra masones, esta provincia contra esta otra... Mientras eso pasaba, la economía estaba estancada y el país aislado. La división de los partidos, como decía Bolívar, quedaría establecida por secula seculorum. El pobre siglo XIX colombiano cerraría con broche de sangre: la guerra civil más sangrienta del país, la Guerra de los Mil Días, tan macabra y desconocida en nuestro tiempo, que aún no se acaban de contar los muertos y que casi se convierte en guerra regional. La guerra que terminó de desmembrar a Colombia.

Es decir, Colombia comenzó en medio de guerra, pobreza y una profunda división política como nunca ha habido. De ese tiempo vienen muchos males hasta el presente, aunque muchos lo duden. Muchas familias cuyos descendientes gestarían las mafias de finales del siglo XX, tiene que ver en mucho con ese tiempo.

El país de las familias

Todos buscan hoy sus abolengos en Colombia. Por supuesto, todos miran a España a la que sienten como su cuna noble. Pero este afan contemporáneo de los árboles genealógicos, es una muestra de una teoría que tengo: en Colombia no hay división de partidos, ni de religiones, ni de movimientos, sino de familias.

Es posible trazar el descurrir histórico familiar de todos nuestros dirigentes, héroes, anti-héroes, villanos y pueblo criollo en todos los capítulos de nuestra historia.

Por ejemplo, aquellos que han ostentado el poder político y económico han sido, desde la independencia, las mismas familias. Por otro lado, los comerciantes, es decir, la clase media, se sucede en el negocio y, por último, los marginales son siempre los mismos: campesinos, minorías étnicas y desheredados.

Pero me quiero centrar en los comerciantes. Estos son sumamente importantes para comprender el desarrollo de nuestra historia entre la Guerra de los Mil Días y el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán.

 

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