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EL FOTÓGRAFO DE LA FELICIDAD

Valentín Justel Tejedor

España



 

Harry había vivido una vida extremadamente peligrosa e intensa, dedicada a una profesión de alto riesgo, como reportero de guerra. En su memoria se almacenaban infinitas anécdotas y hechos, relacionados con la crueldad y la barbarie, que generan los conflictos armados.
 
En su retina, todavía parecía reflejarse un peculiar brillo, que pudiera evocar las desgracias y pesadumbres, a las que había tenido que asistir en primera persona. Para Harry la fotografía no ofrecía respuestas, pero si preguntas; era una forma más de interactuar con la realidad.
 
Así, cuando alguien le inquiría acerca de sus sufridos años como fotógrafo de guerra, únicamente respondía, que aquellos eran tiempos pasados, y que prefería centrarse en el presente, y olvidar aquellos terribles momentos retrospectivos.
 
Ahora, Harry llevaba una vida sosegada, y sin sobresaltos en el apacible pueblo de Castle Combe, donde había instalado en una preciosa casa con tejado de pizarra a dos aguas, ventanas en cuadrícula, y verdinas yedras trepadoras, situada en Market Cross, el corazón de Castle Combe, un pequeño negocio, dedicado a la venta de aparatos de imagen y sonido, así como un moderno estudio fotográfico.
 
Allí acudían los habitantes del pueblo para adquirir sus cámaras fotográficas, y en ocasiones para retratarse, por éste excelente fotógrafo; también acudían allí frecuentemente numerosas oleadas de turistas, buscando accesorios para sus aparatos videográficos. No en vano, esta población de la campiña inglesa tiene una singular y primorosa belleza.
 
Uno de aquellos días del mes de mayo de dos mil nueve, se presentó en el establecimiento de Harry, Eileen una mujer viuda, que iba acompañada de una de sus nietas, Brooke.
 
Eileen, había tenido una vida llena de desgracias y vicisitudes. Durante varios años sufrió episodios de violencia de género por parte de su marido. Una de sus hijas falleció en accidente de tráfico a la edad de dieciocho años, y todo aquello tenía reflejo en su bello rostro, el cual, acusaba cierta melancolía, que no trataba de disimular.
 
El motivo de acudir al establecimiento de Harry, era que su nieta Brooke, necesitaba unas fotografías para presentarlas en el instituto, con la finalidad de formalizar la matrícula.
 
Así, después de retratar a Brooke, Harry invitó a Eileen a que se hiciera unas instantáneas. Ella en un principió se negó categóricamente, pero su nieta Brooke, insistió de tal modo, que no tuvo más remedio que aceptar.
 
Harry, a través del objetivo de su cámara, como buen fisonomista, enseguida entendió que aquel rostro estaba inmerso en la apatía, la desilusión y el desanimo.
 
Pronto, salió del entorno de su cámara, y dirigiéndose a Eileen amablemente, le dijo:
 
- Debe Vd. sonreír.
 
Forzadamente, Eileen comenzó a esbozar una tímida sonrisa en su rostro.
 
Harry, le insistió:
 
- Debe Vd. sonreír de forma más natural, mire que si es necesario me pongo a bailar unos pasos de claqué, o me disfrazo de payaso, que lo tengo especialmente preparado para los niños renuentes.
 
- Con lo guapa que es Vd. debería tener una sonrisa de cine.
 
Aquella frase halagadora hizo brotar súbitamente su sonrisa, y también el enardecido sonrojo de su rostro.
 
- Así esta mucho mejor, no ve que a mi sólo me gusta retratar la felicidad de la personas, dijo Harry.
 
Eileen, quedó en que pasaría a recoger las fotografías en un par de días.
 
Así transcurrido el plazo, al regresar al establecimiento de Harry, el semblante de Eileen era algo menos cariacontecido que anteriormente. Harry percibió de inmediato, la mejoría en su estado de ánimo.
 
- Buenos días Sra. Eileen, ha quedado Vd. esplendida en las fotos.
 
- ¡A ver! Sí, es cierto, hacía mucho tiempo que no sonreía así, y eso quizá ha conseguido realzar la expresión de mi rostro.
 
- Bueno, imagino que Vd. habrá tenido también algo que ver Señor Harry, respondió Eileen.
 
- Ya le dije que me limitaba a captar la felicidad, y en una sonrisa aunque sea pequeña, hay grandes dosis de felicidad, ¿no cree Sra. Eileen?
 
- Sr. Harry para mi como Vd. dice, en estos momentos de la vida tan sólo pueden existir exiguos oasis de alegría, pues mi pasado es un plúmbeo lastre, del que no consigo desprenderme fácilmente.
 
- En ese sentido, le reconforta saber Sra. Eileen, que yo durante muchos años he trabajado como corresponsal de guerra, cubriendo informaciones en los cinco continentes y retratando el dolor más crudo e inhumano de los conflictos bélicos.
 
- ¿Y como tiene Vd. ahora ese espíritu tan optimista y vital Sr. Harry?
 
- Pues muy sencillo, cuando deje mi trabajo, me propuse un reto personal.
 
- ¿Cual?, preguntó con gran interés y curiosidad, Eileen.
 
- Pues que desde ese mismo instante, sólo pondría mi mirada en las cosas bellas de la vida.
 
- Por eso en mis fotografías solo se plasma la felicidad.
 
- Que bien suena eso.
 
- Verdad que sí, Sra. Eileen.
 
- Bueno Sr. Harry disculpe, le estoy entreteniendo sin darme cuenta.
 
- No me entretiene, me agrada mucho su conversación, ah!, y tome las fotos son un regalo.
 
- Muchas gracias, señor Harry.
 
- -Que tenga un buen día Sra. Eileen, ¡ah! y espero volver a verla pronto por aquí (…)

Este artículo tiene © del autor.

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