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ANTOLOGÍA DE POESÍA COLOMBIANA CONTEMPORÁNEA

Fernando Vargas Valencia



POESÍA COLOMBIANA CONTEMPORÁNEA (I)
Selección: Fernando Alberto Vargas / Grupo Poético Esperanza y Arena.



ARTURO ARCÁNGEL (Bogotá, 1947)

SINSALIDA

Hoy me enteré de un niño
que pereció de frío
mientras nuestras almohadas rodaban por el piso
y hervían nuestros cuerpos desechando las mantas.

Hoy supe de una anciana
que llora sus dolores
mientras bebe el ajenjo difícil del olvido.

(Nosotros no los vimos
porque hay porteros grises
preservando este barrio de parias y mendigos)

Hoy aprendí a quererme
por si me acosa el frío.

Hoy aprendí a quererte
porque serás anciana.

Y aunque un poeta escriba, después, en otro siglo,
no nacerán estrellas,
ni crecerán los trigos,
no habrá vino en la lluvia
ni Dios existirá
 porque no habrá murallas
   ni represas tan sólidas
  que salven nuestros cuerpos
   del frío y el olvido.

(Esquelas de Otoño)
AUGUSTO PINILLA (El Socorro)

POEMA FILOSÓFICO

Siempre creí que fue
en conversaciones con Sócrates
o en paseos con Hölderlin
por las ruinas de soles sin olvido
donde surgió el oráculo
de que puede pensar lo más profundo
quien ama lo más vital,
pero ahí está tu trenza
que hace más imposible
la existencia de la muerte
y nada diré de tu mirada:
perdida en la pradera de la juventud,
nada de tu color,
sólo tu paso
extrañamente superior a la vida
idéntico a la belleza.

(El Libro del Aprecio)

JAVIER HUÉRFANO (Calarcá, 1959)

FUE POR TODO LO NO HABLADO

Si no fue la guerra
que cerró los ojos y nos dejó ciegos,
el silencio atrasó la voz en la campaña
y un amor a punto de vivir
cerró las alas de una ventana minusválida.

Poema es la rosa en las dispersas palabras
que juegan a decir algo,
y fue por la guerra
que volví a una calle a escudriñar rostros,
a un almacén de muertos bonitos.

Si no fue por todo lo no hablado
que una abrazo se quedó sin brazos,
ahora la muerte de los ojos
se sale de su mundo.

(Nunca es tarde para Olvidar)

FERNANDO CELY H. (Bogotá, 1957)

CONSOLADO CONSUELO

A María Consuelo

No imaginamos nunca
que la vida
tenía que hacerse a pulso
librando mil batallas ;
combatir contra el cuerpo,
combatir contra el alma,
combatir con la espada
de las ingratitudes
y el corazón abierto,
coraza y añoranza.
Luchar por la esperanza
de un pedazo de sueño,
por amores absurdos
por patrias mejoradas,
por subsistencias álgidas
prendidas de un lamento,
por cantos que son penas
por cantos que son llamas,
porque sí, porque el cielo
soga en ti siendo fuego.
De nuevo las razones
son sin razón y aliento ;
de nuevo no hay palabras
que decir bajo el alba.
Líbrate esta batalla
como sueles hacerlo :
con la fuerza brillante
de una estrella anunciada.
Somos sólo una brizna
de un extraño universo
que se nos da un instante
como humilde morada.
Tan frágil es la rosa,
tan fuerte una mirada....
¡¡¡Bien o mal Dios existe,
sin explicarnos nada ! ! !

(Cantos en el Ocaso de la Primavera)

ANDRÉS F. LIZARAZO, “Fantasma de Canterville” (Bogotá, 1983)

AQUELLOS CUERPOS QUE LA MUERTE VA CONOCIENDO

“Oh querida esperanza, también
ese día sabremos nosotros que
eres la vida y eres la nada”
Cesar Pavese

Voy frecuentando los libros y los cuerpos :
humanas formas de recordar el mundo.
Cuerpos aquellos que la muerte
va conociendo en sus formas
deslizan sus momentáneos miembros
al andamio más cercano: los libros.
Al igual que los libros
los huesos se extravían
deleitados en la barbarie.
Aferrada a los huesos
la carne traspasa el ojo del pergamino
y no logra salvarse.
Los cuerpos son sólo cuerpos
que se enamoran y cantan
y sufren el vértigo
de tener que decirse adiós un día.
Los libros no se callan y callan
se van hundiendo en los siglos
mordidos de nostalgias
y enrollados de pérdidas irremediables.
Sólo alusiones nada más que eso
los libros entrañan.
Los cuerpos se van siempre
(ha de saberse dónde)
y las almas juegan a podrirse
tristes, solas... no han de tocarse nunca.
Sólo los libros, lóbregas huellas inmemorables
que aguardan instantes fallidos
cumplen la función de nostalgia,

- más no los cuerpos - ellos vagan ungidos
como sombras en el crepúsculo.

(La Muerte y su Piano)

MANUEL GUILLERMO PACHÓN (Bogotá)

GRAFFITERO

Dijo
que entre la espada y la pared
sólo cabía un chorro
de tinta atomizada.
Se definió
como una especie
de artista fantasmal,
torero clandestino
que en vez de banderillas
nos clavaba epigramas.
Ahora no dice nada.
Sólo nos quedan esas frases
que ni brocha ni lluvia
barren de la pared
  de la memoria.

(Rastro de Alas)

GUILLERMO QUIJANO RUEDA (Zapatoca, 1953)

CADENA PERPETUA

Como árboles
hay hombres que aferrados al destino,
atan sus raíces a la nada
y besan sólo el aire
que llega hasta sus brazos...
Desconocen del río su silueta,
la magia de su cuerpo vaporoso,
su alimento.
Sus anclas sólo visten el óxido
de un séquito de días infinitos.
La obsesiva soledad no les permite
ser abrigo de trinos y perfumes.
No saben de la vida...
tampoco de la muerte ;
son fetiches asentados a un único paisaje,
gris,
sombrío,
vestido de rutina.
Como árboles
hay hombres
que sólo han conocido
un único camino.

(Salmos de Medianoche)

LUIS (EDUARDO) DÍAZ. (Bogotá, 1957)

RESPUESTA
(o paráfrasis del ser o no ser)

En la madrugada azul
toca la campana de la soledad ;
alguien asoma sus ojos al nicho
que escogí para morir,
canta una canción nostálgica
para mi vida paria,
piensa que he derrochado
en el asfalto gris de la ciudad
el inmenso talento
de mi disposición para la lengua,
que la brillantez de mi diaria dicción
debería estar consagrada
en los grandes salones de la academia,
en los vanos actos
de los hombres de prestigio.
Yo, mientras tanto,
arrastro mi humildad
por el viejo barrio
y en el silencio de mi retiro
me abrazo a la modestia
con los harapos del abandono.
Al contemplar desde mi trono
la vanidad de los humanos,
me felicito, una y otra vez, de estar solo.

MAURICIO GOYENECHE, “Némesis” (Bogotá, 1975)

LUCIDEZ

Creo saberme un heredero de las parcas,
el cuidador preferido del secreto oculto,
un hechicero de sotana blanca
y bonete de fuego;
creo divisarme un sobrino de la noche,
el palpitar del último corcel de los vampiros,
un sortilegio de amuletos funestos
y risas de payaso;
creo ostentar el cetro de la tiniebla;
el hálito brumoso del recuerdo nefasto,
un puñado de almas infantiles
y amor ensangrentado;
creo poseer al fin el gran tesoro,
el divino sacramento de la muerte placentera,
un zenit de gemas preciosas
y mazmorras iridiscentes;
creo al fin tener un sentido,
un refugio en la perpetua obscuridad,
ser un demonio en la huida
el eterno sirviente del infierno....
¡creo al fin ser hijo de Dios!

DARIÉN GIRALDO H. (Bogotá, 1972)

EVANGELIO DE FICCIONES

Hoy los ahorcados
se beben el agua del pozo
la sed continua intacta

Los espejos rotos
han despeinado mi reflejo

Madre;
mira los muertos sobre las flores
míralos desnudos en la danza
en el rito del tiempo
bajo el empeine desolado de esta tierra
que va quedando sola

Decías:
Hijo, existen poetas que corren pos las praderas
y toman vino en catedrales desoladas
tú serás dueño del viento
de la lluvia
cantarás al girasol y al sueño

Pero no pensaste
que el viento traería lamentos y pregones
y que la lluvia sulfurosa
inundaría el vientre azul de los muertos
y que al girasol sólo se le canta en luto.

Y una tarde
la muerte allanó mi casa y
vi la sangre tibia mezclarse con el polvo
escuché en monasterios olvidados
las últimas súplicas y
en las calles crucificadas
me asombró la mirada del Hombre
perdida en el siglo;
salí de mis barrotes
pero sólo silencio
un sospechoso callar de las campanas.

Madre:
por eso hoy mi luna es negra
mi talismán es la roca y
la madrugada me dice algo más
que cielos y estrellas fulgurantes.

(Evangelio de Ficciones)

JAIRO PELÁEZ D. (Bogotá, 1957)

TIPOGRAFÍA

Se arropa con la sección
de tiras cómicas:
comentarios sobre política
y economía.

La madrugada prolonga su abandono
entre los índices de la Bolsa
y las encuestas electorales,
indiferentes a la esquina
y la alcantarilla.

No conoce a Blanca Nieves
ni a Caperucita.
En escena
los héroes son el hambre,
el miedo y el cuchillo.

Para qué más videos
si los niños del pavimento
no tienen caballitos,
si los niños del puente y del derrumbe
le juegan a la muerte.

Ayer, transcurrió en un féretro
sin tul ni encaje...
inmóvil,
con la encía despoblada
y el entrecejo perdido
en los ojos del enterrador.


ANDRES NANCLARES (Frontino, Antioquia)

HILANDERA

En la noche, hecho un ovillo en el corazón del vendaval, defiendo mi bastión de palabras envenenadas. El deseo de apagarme, de sumergirme, de hacer invisible mi indomable ser secreto, viaja en el vaho de mis comtemporáneos. Desde el sitial de mi soledad, hilandera de lo desconocido, te erijo guardiana de mis desobediencias.

(Esta Tiniebla que me Alumbra)

MARÍA DEL SOCORRO JARAMILLO (Medellín)

ELEGÍA DE AUSENCIA

Con las manos
y la esperanza envuelta
  en la mortaja,
  entretejo mis temores.
Te esperé como las sábanas
  a la incertidumbre,
desdoblando agonías
  en frías madrugadas.
Te lloré tantas veces,
pájaro de mal agüero,
que cuando por fin llegaste
celebré tu visita.
¿No hubo lágrimas para la muerte?
No. Las gesté en vida
y para el último instante,
tuviste por cirio, hijo mío,
  una pálida sonrisa.

(Paisajes de Ausencia)

CARLOS MAYO (Bogotá, 1950)

MINIBESTIAS DE LA IMAGINACIÓN

A veces un prurito de palabras se instala en la atmósfera del cuarto
anida sobre la dermis de los textos
salta a los rincones ovalados del calzado
a las mantas, auscultando sus tibiezas.
Busca succionar la tranquilidad de los cuerpos en la noche.
Prurito de palabras fabricado al calor de los que duermen
abre lagos rosados en el cuello
bordea glúteos y piernas
y la espada del poeta que reposa entre libros.
El prurito de palabras ataca la piel del que escribe cuando sueña
puede incitar el recodo de una oreja
o trotar, en un asalto, por la piel de la cintura
siempre deja hollada su memoria en hinchazones
y cuesta gotas de sangre, que se atestiguan
en las paredes de la alcoba y entre las libretas.

(Espacios del Afecto y Algunos Vacíos del País)

JOSELÍN DUARTE (Ibagué, 1957)

PALABRAS EN LA OSCURIDAD

Dame un hilo de luz
sólo un instante
para ver el firmamento
y el sol,
padre del día.

Rasga por completo
la oscura venda
que la luz y el resplandor me ocultan.
Quita las sombras
que en espesas tinieblas me sepultan.

Ayer triste viví
los besos, fuego de mis padres.
Sentí inmersos sus labios
pero nunca vi cómo grababan.

Con afán vuelvo al recuerdo
sin transgredir
el destino que me asiste.

Siento que no existe
mayor prueba que la mía:
solo, en la tierra,
a través de la cárcel de mis ojos,
contemplo el universo oculto.

(Naufragio Terrenal en Primavera)

ÁNGELA SUÁREZ (Bogotá)

FICCIONES

Sólo era un artesano de ficciones,
sólo era un espejismo
de formalismos breves.
Un acorde de bruces,
de imágenes geográficas.
Su árbol
sólo existe en la musa retenida de infancia,
en la piel de su antigua casita subversiva,
de su tejido, esfinge de recuerdos,
de su dormida lluvia;
pretextos de un ayer ensimismado,
del alma de sus huellas de grafito,
de tu vinilo, amor,
mi precipicio.


JAVIER MARTÍNEZ (Bogotá, 1963)

SEGUNDOS

La araña hizo su casa
en el segundero de mi reloj.
¡Astuta!
¡Ambiciosa!
Con su red da vueltas al círculo,
atrapa mis sueños,
desprecia el tiempo,
en movimiento trabaja.
¿Por qué en el segundero de mi reloj?

 (El Amor Vestido de Asfalto)


FERNANDO ALBERTO VARGAS, “Le Profetus” (Bogotá, 1984)

SERIEDAD GASTADA

Todas las pretensiones de ser libre
Se han entregado en dádivas a las soledades;
No tenemos esperanza
En un lugar donde
Somos déspotas con nosotros mismos,
Donde somos nuestros propios muros;
Cadáveres y espantos.
Generalmente,
Uno se hace a la idea de que es profeta
Para excusar el orden inútil de las cosas
En una especie de clarividencia.
Pero tú te me fuiste
Y no puedo hacer nada
para que vuelvan tus sonrisas hipocondríacas,
Tu metafísica del sur,
Tus radicales expresiones de excitada.
Podría sumergirme en los libros,
En la vieja televisión de la que tanto hablábamos.
Pero estás tú en la palabra repentina,
En el Cortázar que no conociste,
En las repeticiones de los abecedarios.
Si por lo menos tuviera tu color entre los dedos,
Pero te toqué sin pretensiones de salvador,
Mucho menos de verdugo,
Y sólo me queda tu instante cruel
En el que te me presentabas como un sueño apenas.
No podré quedarme aquí todo el tiempo,
Esperándote como un adolescente desorejado,
Como los sultanes esperan las uvas
Para clavarlas en los sexos de sus esclavas.
No puedo derrumbar los muros que construimos,
Ni buscar tu cadáver en esta ciudad de gatos y telarañas.
Sólo me queda mi pretensión de ser libre:
Tú te llevaste mi soledad
Y estoy desamparado.

(Narcisismos Distantes)

Este artículo tiene © del autor.

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