OSCAR PORTELA UN VOCÁN EN ESTADO DE ALERTA POR MARÍA DEL CARMEN SUAREZ
Viernes 7 de noviembre de 2008.

Oscar Portela: un volcán en estado de alerta

Por María del Carmen Suárez

Respiración, jadeo entrecortado en la planicie natal, cuenca, caverna primigenia " Golpe de Gracia” es un nacimiento: poesía de origen y poemas quebrados como la sofocación luego de una lucha encarnizada, palabra forzada hacia un sitio de entendimientos.

Portela escribe : “mientras avanzas, retrocedes”. Es el avance hacia la vida y un retroceso a la memoria de la “primera gesta del deseo del sueño del color” o contradice esa imagen para testimoniar qué “Nunca se regresa al lugar del cual se parte”.

Vaivén entre posibilidad y deseo de retorno a los reparadores asilos, a la “adolescencia, infancia, aún / indemnes a las incitaciones del terror de la locura de la noche más honda’.

Libro de rupturas, de huecos, de silencios. Poemas previos a la demarcación real, anteriores a la forma, segmentados por la visión múltiple más allá del concepto y más cercanos al abismo del vacío, poemas movedizos hechos de tembladerales y territorios de soledad y deseo.

La obra de Oscar Portela se ha ido armonizando llegando a condensar la sugestión de la palabra desnuda y desde este paraje insinúa y golpea con la luz de su fuego interior.

"Golpe de Gracia" es un volcán dormido en estado de alerta, similar a un animal registrando la posibilidad de ataque.

De éste modo nos mantiene en vilo, nos cerca desde una orilla donde la soledad entre ‘bronces de lilas/ sobrevolando otra vez/ lo que fue, no será y volverá” fundando sitios de esta manera:

“oh, reparadores asilos”, imágenes terrenales y derivas, deseos perseguidos desde siempre”.

Nudo, centro, corazón de su poética estos versos condensan los hilos secretos de su recorrido de vorágines. Tiempo detenido en el éxtasis del cuerpo que es palabra vuelta hacia las explosiones del universo primordial y

“exaltación de sombras móviles, espejismos de otras superficies”.

Momentos en que avizora la compleja fundación del misterio.

Rabdomante, ermitaño, o exaltado testigo de la modernidad, Oscar Portela salta desde el desierto de las salinas de su pueblo (Loreto en Corrientes) hasta la imagen del fin de un siglo que quiebra, destruye y repara.

Oro y deshechos, hojas marchitas y raíces nuevas, rotación de cuerpos sólidos y vacuidad en llamas, misterios encandilandos y ocultandos.

Portela registra, olvida y re-construye, altera y mezcla, se sumerge en los ríos ignotos de la palabra, buscador de potentes garras, de persistente rastreo, en el sombrío universo creador de gemas, a pesar de la torpeza de la mediocridad y el tedio cotidianos.

Oscar Portela es en suma un poeta que incita, nos abre a la gracia de la plenitud del verbo creando de éste modo en forma continuada un paraje de luces y sombras, transformando su poética a medida que avanza sobre el fulgor de la visiones que lo asedian.

Desde “Senderos en el Bosque” Portela ha elaborado una trama poética que cursa toda su obra. Los libros se sitúan sin embargo en una zona intermedia entre sol y oscuridad, en el deseo y la huida pánica del pensamiento que le permitieron escribir:

“alza la muerte dulcemente/ las palmeras radiosas de la vida”.

Se mueve pues en esa territorialidad que es un lento “drenaje de las pesadillas" como él mismo afirma.

Es una escritura ceremonial, una formula de alquimia que busca el fulgor de la sombra, la repetición del origen, del nacimiento o del renacimiento en la poesía.

La búsqueda del verbo que lava y purifica, de la palabra que borra la separación , y que constituye un retorno al desierto ilusorio.

En esa red Oscar Portela apresa la fuerza del deseo que diluye lo temporal, anula la individualidad liberando hacia un campo de unificación con el Universo. De éste modo pudo escribir:

“Pero más puramente en el olvido blanco/ estalla la memoria y lo consume todo”.

En el vértigo de la propia historia, del yo profundo, solo el lenguaje restituye por medio del itinerario mágico de la palabra primitiva todo orígen. Esta es su patria. El salto desde el deseo hasta la fuga hacia el lenguaje que aprisiona lo que ya ha acontecido y lo vuelve a alumbrar y dar a luz.

Oscar Portela zozobra en las aguas de la revelación:

“Mientras avanzas retrocedes/ y no esperas sino el golpe de gracia/ donde no buscas el poder de los nombres/ la salvación ni el perdón/ sino aquello que sangra en la conciencia de la imagen/ que te convoca al borde del infinito”.

Certeza pues del hecho que se esfuma, desaparece el resplandor que arrasa y diluye, el amor que culmina.

Esta poesía brota de la vivencia, de un tiempo natural donde el paisaje es por primera vez visto y nombrado.

“La Selección poética/ Selection Poetic”publicada ahora por “Correo latino” no hace sino confirmar - reuniendo un pequeño puñado de sus poemas y algunos de los muchísimos inéditos - lo que venimos sosteniendo desde hace tiempo a partir de un dialogo fructífero e intenso con su obra

La visión de una textualidad aprisionada en el deseo y la vigilia del que desde ese puente atisba el Universo, el silencio del grito y el atajo de lo innombrable.

CONSIDERACIONES FINALES

De éste modo la obra de Oscar Portela es un bello y solo libro, una mirada original y profunda que nos deja en un remolino, donde podemos encontrar la primera piedra, el primer sonido, el primer pliegue de los cuerpos.

Poesía iniciática, pues irrumpe desde una honda travesía por los senderos de la vida, del límite, de los bordes, para hallar el sentido.

Lealtad al cuerpo - como dijimos en otro comentario -, al derroche ilimitado de la naturaleza, el poeta crea un espacio partiendo del buceo más hondo, carnal, unificando el sueño y los espejos, lo palpable y lo invisible, como lo puramente virtual.

María del Carmen Suárez






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