Gracias de nuevo, querida amiga, por tus palabras. Para mí también ha sido una gran satisfacción tropezarme contigo en mi camino poético, o tal ves sea que yo me he interpuesto en tu senda. Hoy, debido a mis habituales alergias primaverales, tengo algo de fiebre; pero ello no es obstáculo para que, mientras enchufo la cafetera y se hace el café que necesito, te dedique unos versos totalmente improvisados. Tanto en el teatro como en la poesía, me agrada improvisar. Para ti estos versos:
Te he encontrado, Diana, en mi camino.
Artemisa, mi diosa venatoria,
¿con qué arco luminoso has disparado
la flecha que se ha hincado en mi alma enferma,
el dardo con que hieres mis suspiros?
Amarga es la distancia entre los soles
cuando el Cielo dibuja sinfonías
en el albo silencio de la nada.
Mas dulce es la palabra que en los versos,
cual brisa acariciando la veleta,
arrulla mi poema improvisado.
Quisiera que en el río, junto a un sauce,
tu arco disparase hacia mi sombra
la flecha envenenada de un te quiero.
Para morir por siempre en los zarzales
en loa de los cantos ruiseñores.
Un abrazo.
César.
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