¡VUELA, GOLONDRINA! ¡VUELA!
Gozosos son los blancos campanarios
del alma enamorada cuando sueña
con el murmullo alegre de la aceña
al difundir sus cantos legendarios.
Añejo son de mirlos centenarios
cruzando el cielo en vuelo de cigüeña
cuando la luz del sol brilla risueña
en los rosales de los santuarios.
Ríe el amor como una golondrina,
ligera por arroyos y trigales
en busca del favor de la mañana.
¡Vuela sin miedo! ¡Cruza la colina!
¡Saluda al viento, al sol y a los marjales!
Por ti tañe dichosa la campana.
SIN PALABRAS
Mírame a los ojos. Como yo te miro.
Clavando tus pupilas en mi anhelo.
Fundiendo tu ansiedad
en el crisol de mi añoranza.
Como yo te miro.
Siempre así.
Rozando tu mirada la piel de mis sentidos.
Mas si la angustia
y el pulso del silencio
te obligan a ser sombra de tu ayer,
dímelo sin gestos ni susurros.
Mirándome a los ojos.
Después clávame en la cruz
de tu silente soledad
y añádele al madero
el peso solemne de mi ocaso.
Pero mírame a los ojos.
Porque en ellos, los tuyos
que ayer fueron palabras atrevidas,
está el misterio de tu adiós
que quiero desvelar.