Vivís en la opulencia, os enterrarán con oro, pero os faltará vida para morir con dignidad.
No le demos más vueltas al asunto. Que el teniente general, señor Mena, haya dicho lo que ha dicho en su discurso de la Pascua Militar, no tiene mayor importancia. Podrá parecer un atentado contra la democracia, pero es sólo un espejismo. Pese a que el Ejercito tiene las armas, los militares no son dueños de ellas. Hoy no es posible un golpazo, aunque conviene no poner nervioso al mando castrense. No pasa nada.
En las Fuerzas Armadas, como en nuestra sociedad, existen personas de diferente ideología y distinto modo de pensar, con la diferencia de que el pueblo puede opinar públicamente y los soldados no. Además, pienso que una sola persona, sin el respaldo político subterráneo de la derecha virulenta, no se atrevería a pronunciarse del modo como lo ha hecho el hombre de armas en cuestión. Allá la conciencia de cada cual, si es que la tienen quienes han osado crear un clima de crispación entre la ciudadanía.
España necesita un cambio estructural en cuanto a la unidad se refiere. Mantener “in hac lacrymarum valle” una actitud hostil contra quienes anhelan defender su idiosincrasia, es una barbaridad. ¿Por cuánto tiempo más, en un Estado de derecho, se puede sostener un clima como el de ahora, siendo así que, “in crescendo”, la sociedad española acentúa su división? Ello repercute de manera onerosa en la vida cotidiana, desde el rendimiento en el trabajo hasta la degradación política, ya de por sí hecha una braga. Pero, mientras el PSOE trata de sacar adelante el Estatut (con todos los fallos que se le quieran atribuir, y que yo mismo soy consciente de algunos de ellos), el PP. por un lado -representando a la derecha- y la Iglesia por otro, en vez de contribuir a la búsqueda de la unidad que tanto necesitamos, se empeñan en aprovechar esta coyuntura para medrar, puesto que a ellos lo que realmente les interesa es mantener los privilegios que siempre han gozado, desde que España es España, sin importarles para nada el pueblo. Esa es la razón, a mi entender, de lo que nos está sucediendo.
La auténtica solución, estoy convencido de ello, es que celtas, fenicios, godos, cartagineses, romanos, griegos, judíos y musulmanes, partes de nuestra sangre, se den la mano. Eso, o volver algún aciago día a las barricadas. Porque, como siempre, los de siempre están liando la madeja.
Nacido en Alicante (España) el 31 de mayo de 1935 Amante de la Literatura. Durante veinte años ha estado dedicado al sindicalismo, habiendo sido el impulsor de la U.S.O. en Alicante y posteriormente dirigente de CC.OO. Sus aficiones: Literatura, música y teatro. En la actualidad dirige la tertulia literaria del Casino de Alicante y, en colaboración con Raimundo Escribano y Pedro Fuentes-Guío está poniendo en marcha el Círculo de Bellas Artes de Alicante.
Publicó, en el año 1992 Crepúsculos y alboradas. En 1997, uno de sus más tiernos relatos fue incluido en la antología Nueva Narrativa Alicantina, de Ediciones Tucumán.
Además de colaborar en dicersas revistas y periódicos, César Rubio tiene tambien editados dos libros de poesías: Soy un círculo eterno y Sombras de mi soledad, ambos en 1991, y otro de breves ensayos La sombra del resplandor, publicado en el año 2000.
Ganador de varios premios literarios, este incansable escritor -que cultiva con igual maestría la narrativa, la poesía y el ensayo- tiene a punto de concluir una novela El vuelo de la Gaviota, e inéditos dos poemarios y un ensayo (Karma, reencarnación y panteismo), como asimismo un libro de relatos y otro de (...)