Una macuto estropeado debajo de la cama. Una maleta color del tiempo deslucido, de los días apagados, de las horas sin vida.
Un macuto con olor a rancio, a humedad, a recuerdos mustios, a pasado añejo. Y él .Él. El otro. Él que no sabe de dónde es ni a donde va. Él que no tiene la piel blanca, él que no tiene el pelo liso, y habla otro idioma, él que no reza porque ya no sabe en que creer.
Él. No es él. Es un ser que viene de la hambruna y se dirige hacia la nada de los países modernos donde el hombre es hombre si alcanza el éxito material.
Emigrante, balsero, patero. ¡Qué importa! Venga de donde venga es carne de cañón. Lo juzgan como el culpable de los males del país, de la delincuencia, de las mafias. Cuando los demás tienen miedo le achacan la alta tasa de paro, la delincuencia, la inflación. Si la nación está en bancarrota, él es el malhechor.
Sobrevive en guetos dónde le relegan porque no tiene suficiente dinero para pagarse un alquiler y dar de comer a los suyos. Le acusan de ser un paria, un maleante que te plantará un cuchillo en la próxima esquina.
Que no le den contrato basura y le paguen como a los blancos, vivirá en una casa decente con sus hijos que vestirá de punta en blanco en vez de esperar la santísima caridad.
Tiene pavor a que le pongan una estrella en el pecho, una estrella negra, para distinguirle de los buenos, de los puros, de los que le tienen miedo cuando ya no tienen argumentos. Le causa espanto esta ola de antipatía, odio, patriotería y xenofobia que ruge sobre la mar sangrienta. Pavor despierta en su alma de extranjero estas ondas encrestadas de fanatismo y discriminación que le condenan por ser diferente.
Su piel oscura es la osadía que Dios o el diablo le han dejado como huella para que todos crean que él es el responsable de la decadencia de un país que pierde sus valores, como otros pierden su vida saltando vallas electrificadas, cruzando mares asesinos.
La muerte embalsama su vida. Antes, mientras y después le acecha para llevárselo en un santiamén hacia un país donde ya no será el otro.
Harmonie Botella, profesora agregada de francés, publicó su primer libro: Ojos que no Ven, en 2002. Su segundo libro: Otros Caminos, prologado por Enrique Cerdán Tato, es una abanico de cuentos y poesías. Más tarde, en 2005, publica una serie de retratos de mujer en su obra: Algunas Mujeres (Ed. Celya). En el 2006, escribe unos cuentos infantiles: Cuentos para Rubén y Malena (Ed. El Taller del Poeta) a beneficio de la ONG Pequeños Príncipes. Ha participado en diferentes antologías: Mucho Cuento (Ed. Tucumán), Relatos urbanos (Ed. Ecu), Voces de Periferia (Ed. Belgeuse)... Además de sus cuatro libros, Harmonie tiene varios artículos, cuentos y poesías publicados en diferentes revistas y periódicos: Le Français dans le monde, Pacomova, Voces, Baquiana, Webalia, El Celador, Mucho Cuento (Ed. Tucumán), Club de Libros, Mecenas, Frutos del Tiempo, Xaloc, Cervantes Virtual, Auca, The Big Times, Destiempo, Mundo Cultural Hispano, Perito... Colabora con algunos periódicos: La Illeta, Vega media Press... Actualmente, es presidenta de la Asociación de Nuevos Escritores de El Campello (Anuesca), miembro de la Asociación Española de Escritores y Artistas de Alicante, de Poetas del Mundo, (...)