Dos poemas sin nombre

este cielo de tangos y jilgueros

no tiene por qué estar allí en un patio

lo instalan unos rumores de la tarde

lo evocan como real algunas siestas

y tánto no viví

tánto he buscado

en palabra o recuerdo

como mío

cielo de sueños

que acontece adentro:

la dama que se inclina

y lamparitas

mugrientas y vencidas

cuando la negra noche

se autopista

esa estela de bólido que cae

cuyo color se ve aún desde lo lejos

se hace a cuerpo puro

a entraña en fuego que veloz deshace

en pirueta final algo alguien alguno

guarda memoria o canta

que esta ceremonia vale un día

por aquello que no brilla

y desvanece

frente a la opaca certidumbre

atesora aquella hebra de luz

y su momento