EL ESCANDALO DE LOS PEQUEÑOS

Amigos todos:
Como siempre, la Palabra de Dios habla al creyente día por día, preparándolo con la ayuda del Espíritu Santo, para librar el buen combate (cfr.: San Pablo) contra el Malvado o Príncipe de este Mundo, sea cual fuere la forma o circunstancia en que éste manifieste su apego a la confusión, a la contradicción, a la mentira, al error y a la desunión entre los hombres de buena voluntad…

“Jesús dijo a sus discípulos: ‘Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo (…) Porque cada uno será salado por el fuego. La sal es una cosa excelente, pero si se vuelve insípida, ¿con qué la volverán a salar? Que haya sal en ustedes mismos y vivan en paz unos con otros”. SAN MARCOS 9, 41, 49-50.

“Vivimos un tiempo en que el escándalo de los pequeños se enseñorea en la sociedad. ¿Qué hacer?” ‘
¿Qué hacer cuando, después de demostrar fehaciente y permanentemente transparencia de obrar, lealtad, sinceridad, responsabilidad, capacidad, rectitud, ética y honorabilidad, somos destrozados por los desplantes de los intolerantes, burlados por la doblez de sus comportamientos equívocos, heridos por la soberbia de los que abusan de su autoridad y de los que no buscan humildemente la verdad que habita en el otro sino que se sienten dueños exclusivos de ella, porque la verdadera Verdad aún y a pesar de lo reflexionado y disculpado setenta veces siete con ellos, no habita en sus astutos, hipócritas o necios, o, lo que es peor, endurecidos corazones de piedra? ¿Qué hacer frente a la hormiga tanteando y definiendo al elefante de lo existencial?
¿Qué hacer cuando se trata de hombres que intentan y no logran conducir sus vidas en coherencia con lo que insinúan predicar?
¿Qué hacer con los que se desdicen a cada rato de sus buenos propósitos y manejan el contrato social, la autoridad conferida por la comunidad, las normas de la moral y de la ética, las leyes y las reglamentaciones, y el propio Evangelio al que dicen adherir, pero todo relativizado y conforme sus propios intereses, enfoques o miradas parciales, unidimensionales y pontificales sobre la realidad; que juzgan y prejuzgan a los demás desde un trono de barro? ¿Que se olvidan de lo que hicieron y cómo actuaron en las mismas circunstancias en que actúan los que ahora resultan difamados por ellos?
¿Qué hacer?…
¿Qué hacer?, porque, después de todo, el que esté libre de culpa que tire la primera piedra..
¿Abandonar en el intento de transformar las conciencias y los corazones con la Luz del que no puede ser engañado ni confundido por nuestras pobres apetencias personales de falso prestigio o poder? ¿Dejar de perdonar y odiarlos, porque confunden bondad con debilidad de carácter, y cuando uno se les enfrenta con la firmeza y las razones del alma orante -que no pueden vencer porque la Verdad vale por sí sola-, se ofenden (encima) y le niegan a uno la palabra, y el saludo, y le hacen sentir más marginado que antes con sus calladas enquinas…?
¿Que hacer?
‘Amad a vuestros enemigos; orad por quienes os persiguen y calumnian; porque si sólo amais a los que os quieren, ¿qué mérito hay en ello?, nos manda Jesús Misericordioso…
“¿Que hacer?”. El Padre Berislao Ostojic, OFM, también nos ayuda y nos alienta:
“Pues hemos de renovar nuestra fidelidad a Cristo y trabajar sin descanso en anunciar el Evangelio. Que las dificultades, aun las persecuciones si las hubiere, no apaguen el amor al Señor y el servicio al hombre. Jesús nos anima y promete una recompensa que ya podemos gustar aquí en la tierra. Proclamemos la verdad y seremos libres”.
Sí, Padre Berislao, hay que amar hasta que duela. Somos semillas de cruz…

Ref.: CRISTO HOY (19-05-05) – Tucumán (Argentina)
Un abrazo fraterno. ¡Animo! Muchas bendiciones y buen fin de semana para todos.-

ADRIAN N. ESCUDERO – Santa Fe (Argentina), agosto 2005