POLÍTICA RATONIL

Me siento avergonzado. El espectáculo parlamentario sobre el terrorismo etarra me ha herido en el plumaje remero, anulando en gran medida mi libertad. Con un conjunto político como el nuestro: una izquierda sin grandes recursos dialécticos y atacada injustamente, una derecha insolidaria con su propio país y un nacionalismo ajeno a la evolución política europea, sólo podemos esperar el progreso de la mentira y la sonrisa hipócrita ante los prolegómenos del sufragio universal.

El PP, dispuesto en todo momento a nutrir sus intereses sin pensar en el sacrificio y el cansancio del pueblo, en vez de argumentar da coces, y en lugar de buscar soluciones antiterroristas parece congraciarse con el fracaso de una gestión merecedora de indulgencia, como se hizo por todas las fuerzas parlamentarias cuando Aznar, cediendo, aproximó al país vasco a no pocos terroristas encarcelados sin recibir censura alguna por parte de la oposición.

¿Quién no comete errores al dialogar con criminales descerebrados, máxime cuando éstos son conscientes del humanismo de la sociedad española incluso con los asesinos? Abolida hace años la horrorosa pena de muerte (¡bendita sea la humana permisividad!), los delitos de sangre no duelen a los desalmados. Si el triunfo de las democracias significa justicia y tolerancia, además de otros principios, ¿dónde está la responsabilidad del PP? ¿Prefieren los eternos “salvadores de la patria” la diatriba a la elegancia parlamentaria, precisamente en unos momentos de auténtico riesgo para la nación? Lo lógico, sensato y favorecedor de la concordia hubiese sido aunarse con el partido gobernante -responsable directo de la gestión antiterrorista-, ejerciendo el derecho a la crítica de una manera constructiva y no, con malas artes, buscando el voto partidista aun en contra de los intereses del Estado.

En mi opinión, uno de los fallos del PP radica en el mutismo de algunos de sus excelentes políticos, mientras otros segundones de sus filas ostentan el poder de la palabra, posiblemente dictada por quienes, a la sombra de la tribuna y abusando de su limitada responsabilidad, mandan en España tanto como Dios en el Cielo, si no más.

Nuestro presidente, a mi entender y a la intelección de muchos españoles, ha cometido errores y le ha faltado garra para reconocerlos, mas el señor Rajoy no ha sabido, o tal vez no ha podido, aprovechar la coyuntura para, además de construir, ganar un buen puñado de votos estables, necesarios por tratarse de la conveniente consolidación de una derecha civilizada, auténticamente representativa de las ideas e intereses de millones de ciudadanos. De esta manera, mientras al PSOE le favorecen las encuestas, casi media España -aun sin ser consciente de ello- añora el talante político de una figura como Adolfo Suárez, a quien Dios le tiene abandonado.

Así no vamos bien. En tanto en cuanto los políticos no se unan en lo sustancial para el bien común, tenderemos a esperar de la ciencia infusa el milagro de una reconciliación deseada y lamentablemente oscurecida por el egoísmo de los poderes fácticos.

César Rubio (Augustus)