LAS NUEVAS MISERIAS DE LA FILOSOFÍA

por Oscar Portela

Como Martin Heidegger lo previó la filosofía se ha convertido en tarea de profesores. Esta nueva forma de escolástica – marginada de las nuevas formas de un saber al servicio de formas del poder instrumental del totalitarismo de la técnica – esconde su cabeza como el avestruz.

Como Martin Heidegger lo previó la filosofía se ha convertido en tarea de profesores. Esta nueva forma de escolástica – marginada de las nuevas formas de un saber al servicio de formas del poder instrumental del totalitarismo de la técnica – esconde su cabeza como el avestruz.

La filosofía – así,en abstracto – no habla porque jamás habló sino en las formas de los nombres propios. Muda no es sino cobarde y estéril reflexión desconectada de los tiempo del mundo.

Son los hombres llamados en otro tiempo filósofos (amigos de la verdad) quienes ahora callan, se humillan, mercantilizan sus discursos, los pulen o codifican al servicio de las imágenes del mundo en boga que imponen los mercados de la cultura planetaria.

La verdadera valentía reside en el pensar cuestionador, no solo en el compromiso para y con la acción, sino en el compromiso con el ser que dona de sentido a toda acción, a travéz de una aletheia capaz de modificar sustancialmente nuestra visión de la imagen del mundo.

Esa aletheia que Heidegger reivindicaba como la verdadera acción cuando es ya revelación de un mundo.

Nuevas formas de servidumbre se enseñorean ahora sobre el talante en el temple de toda verdadera interrogación filosófica. El pacto secreto de no dejar hablar a los espectros, el miedo a una realidad que se ha escapando así de las mallas de la razón o la perdida de un logos capaz de dominar al mundo y acuñarlo en una lengua perdida, sumado a las culpas por aquellos holocaustos que la razón no había previsto, hacen al sentimiento de inferioridad ante los destellos de la razón cumplida en la instrumentalización de la técnica que silencia el habla especulativa, o la vuelve soliloquio estéril de los limites del lenguaje encerrado en sus propios limites.

La palabrería adopta en nuestro tiempo formas patéticas. La mayoría de los filósofos de los países marginales, son además funcionarios que aspiran al poder político, el más volátil humo del ser que escapa aún a los dictados de la técnica.

En ésta situación, la filosofía no es más interrogación ni construcción de la realidad a partir de los limites que la critica traza, para recibir en sí lo no pensado o lo no pensado mismo se vuelve la válvula de escape que permite asistir al nacimiento de una erística de la sofistica, cargada ahora sí, con todas las armas con las cuales había sido vencida por la razón.

Filosofía de la impotencia del pensar, el pensar mismo es vituperado como un arrastrarse atraído por la gravidez de la tierra. La tierra que Nietzsche había soñado ingrávida y volátil como la danza de los dioses.

El pensar es desde su partida de nacimiento “langagement” para la sobrevivencia de esa raza de decadentes a los que Nietzsche llamaba todavía filósofos. Funcionarios de academias o lectores de grandes editoriales, los filosofas – no la filosofía – hace mutis por el foro. Deserta de las grandes causas, de los grandes relatos, no busca ya al hombre con una linterna en pleno día.

¿Pero es la filosofía quien calla? No son los filósofos quienes maquillándola de un lenguaje esfumado en la interioridad vacua de un discurso lanzado hacia un afuera ilimitado prefieren hacer un recuento de los fracasos del logos, avergonzados e impotentes para fecundar nuevas zonas de una realidad que los enceguece con los flashes de imágenes demasiado duras, demasiado impenetrables, para ser asumidas como la materia que da forma a una vida y se convierte en destino cuando la filosofía ventriloquea, desde los genitales de un pensador? También Nietzsche afirmaba : “toda filosofía, no es sino autobiografía”.

Y en ella olía aquel pasado piadoso de una teología a lo Tubinga y necesitaba todavía justificar la historia como el dedo de Dios sobre la tierra. Pero la verdadera filosofía habla allí donde lo Universal encarna en la singularidad de una experiencia de vida.

Entonces “ello “dice, “ello” dicta, “ello “asume sobre sí peligrosamente el destino del mundo. Entonces ello (la filosofía) crea valores y no solo es la arquitectónica de una razón que sirve a los dictados del miedo.

Filosofía funcionaria del Estado, del olvido, de la pulsión suprimida, de la cartilla en blanco, de un olvido doblemente consentido que no se sabe a si mismo ni se recrea en sus propios pliegues de las culpas del fracaso de un logos que finalmente ha triunfado en los holocaustos y en una vergonzosa confutación de la historia.

¿Pero es la historia solo una ficción de la filosofía? Son el fin y las estrategias teleológicas solo espejismos de la razón y miedos de la razón dialéctica a la falta de toda finalidad en el origen del conocimiento, que no sea la de perpetuar la especie y las ilusiones de los grandes relatos que han convertido al hombre en un demente funcionario del lenguaje de la técnica, producto de la liberación por el logos?

¿Había una vez un animal orgulloso que se convirtió en el amo del ente e hizo de sí mismo materia de virtualidades que se volatilizaron nombres, objetos y sujetos, fines, causas y efectos, copias y originales?

Si los filósofos callan, si no hablan desde el corazón más profundo de una constelación epocal, si sienten las vergüenzas y el miedo de una historia que le es y les fue adversa a los sueños de la razón, no por eso la filosofía debe callar.

Habla a pesar de los filósofos, habla allí donde su silencio es más pertinaz y es más riesgosa su pasión de saber. Si hemos elegir entre la verdad y la vida dijo Nietzsche, debemos elegir el que la especie perezca.

La especie como tal parece no correr sino los riesgos de un excesivo celo por la razón pura-práctica.

Sigue creyendo el hombre que puede ser un buen administrador de los “real” cuando el mismo a desaparecido y es ya solo una imagen invertida de sí mismo, codificado en programas de software, funcionario de la técnica, materia prima de su propio consumo. Pero los filósofos no parecen advertirlo enfrascados como están en resolver las aporias de una razón que continúa develándolos como la amable disputa por la “cosa”.

Empero en que consiste la cosa de la filosofía sino en proponer al corazón del hombre las visiones que den nuevo fundamento a otra edad en la historia de este ser de lejanías, de este ser que no es sino el animal “que puede prometer”.

¿Es todavía el hombre un animal que puede prometer? No están ya todas las promesas cumplidas? ¿Es la filosofía capaz todavía de ser la respuesta que toda promesa requiere para esperar una nueva edad del mundo?

Existen filósofos, hombres digo, capaces de responder en nombre de sí mismos , de sus nombres propios e impropios a las promesas con renovados bríos preguntando sin esperar respuestas, pero dando respuestas por el solo hecho de continuar preguntando.

Porque la pregunta sin concesiones, es en sí ya la respuesta en forma de plegaria del pensamiento cuando el desierto crece y con el los nuevos fumaderos de opio de la razón en la que el hombre puede perder su sombra, ahora sí, definitivamente.

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