A Isidore Ducasse (Conde de Lautréamont)

El Lector (que no siendo lector)

le abre la garganta

(crea una raja en la que introduce

el arma, rápidamente irreconocible)

El Lector

(impulsado por su iniciativa

o inclinación analfabeta)

le abre la garganta

al volumen

(y así sustrae la urgencia de esos

exudados de animales marinos)

Su despliegue crea la garganta

(la condición que alberga

-rápidamente irreconocible-

el arma)

Ejecuta el desgaste

(y así promete la temporalidad

los plazos de la insanía)

con destreza aciaga

El volumen carga

(contra, frente, ante).