Mientras mis parpados cansados
bailan un vals de medianoche;
mientras yo entre dormido y despierto
vuelvo a recordar este día que ha muerto.
Mis ojos viven cada trazo,
cada pincelazo, cada color
de aquel mundo tibio por el sol,
que con mis manos tracé.
Mis oídos se llenan de colores
al oír las cálidas notas
que mi tímida guitarra derrama,
transportándome por un instante contigo.
¡Gracias a Dios!
Este día pude con mis tristes ojos,
volver a verte, mi bella musa,
estos ojos que con la brisa nocturna
y el concierto de tristes violines
de unos cuantos grillos;
se cobijan con el manto de la noche,
con la tibia esperanza de volver a verte,
mañana.

