ADORMIDERA

La soledad, blandiendo un cortafrío,
me pisa los talones por la casa,
sobrevienen las fauces del impío
abrazo de avidez, demencia crasa.

Aborda mi ropero en desafío,
lencería que en ti purga su tasa,
la seda, tafetán, escalofrío
en su mórbido ardor, frígida brasa.

No complace la música a la fiera,
insolente, corrompe con su boca
vocablos de embeleso hacia el envite.

¿Alguien columbraría mi desquite?
La postración se hará robusta roca,
un sorbo libaré de adormidera.

“La adormidera produce una droga,

de la que se dice cura,

aunque mata como un sable…”

Esto aseguraba el célebre médico chino

Li-Shi-Chang allá por el año 1578 …