A veces, los mayores ( y estoy hablando de edad cronológica), tiramos la mirada hacia atrás y nos damos cuenta de la sinuosidad del camino del poeta.
Si nos detenemos en la actual condición innecesaria de la poesía y de ese extraña y fatal pulsión que nos lleva a hacerlo a pesar y contra de todo, debemos reconocer que cada día es más dificil hacerse escuchar como poeta.
Cuando esto sucede, cuando hacemos ese balance de nuestros propios pasos, es el momento de darle paso a la generosidad que tal vez encontramos o no en nuestro pasado, de la solidaridad que tal vez ejercieron o no para con nosotros y por sobre todas las cosas, llega el momento de no pasar por alto la obra de un poeta nuevo, que solo se empeña en escribir sin levantar su voz y sin evaluar su propio trabajo, porque no hay tiempo para otra cosa que paga ganarse la vida, porque el día termina y el sueño y el cansancio tienen que resignarse para dar paso a la poesía.
Los poetas jovenes, en su mayoría, llevan una doble vida: la lucha por lo cotidiano y la de poeta. La primera genera y alimenta a la otra. Imposible sería lo contrario, ya que sabemos que con la poesía no se come.
Hay que reconocer que se ha dado un salto enorme en relación a la posibilidad testimoniante de la poesía de hoy y la de varias décadas atrás, que se esmeraba en métricas y rimas , buscando denodadamente la armonía del ritmo y la palabra bella. Hubo siempre poetas que decían a su antojo sin ajustarse a ningún cánon, pero eran los menos.
Hoy , el poeta es un ser casi anacrónico, pero libre, un ser que busca a sus pares para sentirse escuchado y lo hace eligiendo en libertad y sabiendo que la poesía no es el pan de cada día en este mundo de realidades en el que vivimos.
Es más, un poeta es como alguien que se desnuda y camina por la calle sin que nadie se de vuelta para mirarlo.
Pero más allá de todo, insistimos, seguimos haciendo poesía, continuamos estrechándonos entre nosotros y valiéndonos de todos los medios para podernos comunicar y convertir cada día en un milagro de expresión poética.
DE LA PROFUNDA TAREA
Normand Argarate nacio en 1964 en la ciudad de Córdoba. Su familia se establece luego en Villa María, ciudad en la que crece y en la que aún vive, transita, palpita, disfruta y padece.
Nunca se sabe si nació él antes que su poesía o fue a la inversa. Pero las interrogaciones se estrellan contra su silencio. Ese silencio es natural, como su poesía y como la seriedad con que encara la vida y todo lo que hace para vivir.
Es trabajador de la cultura, periodista, narrador, ensayista y esencialmente, poeta.
Publica sus trabajos en los medios de la provincia y del país.
Además de su libro “Mujer en el jardín”, que lo pone de pié ante su determinación de construirse en la poesía que tanto ama, publica en el año 1985 un libro en colaboración “Tomad y bebed”
Se entrega luego a uno de esos largos silencios de los que él disfruta, Pero ya no hay modo de no darse a conocer, ya no hay manera de silenciar. A la poesía hay que darle el lugar que pide. Y él lo hace, porque de ese modo responde a su propio impulso.
Sigue empeñado en desentrañar los secretos de los grandes de la literatura y de la filosofía , pero sobre todo, desentrañando sus propios secretos con fatalismo oriental.
Se asume a si mismo, más allá de una humilde postura ante su propia producción poética, actitud que lo caracteriza.
Publica en el año 2000 su libro “La belleza de los gestos inútiles” del que fueron extraídos los poemas que siguen a este comentario.
Queda mucho por decir de Argarate y lo que damos a conocer en este momento, nos deja ver un destello solamente de su maravillosa y “profunda tarea”.
FRAGIL
Es tan frágil esta condición,/
Este pasar fugaz, casi imperceptible./
La vida es un amor simple,/
crece en la luz, se alimenta de agua./
De la misma manera/
las manos elaboran el pan,/
al calor de los cuerpos./
Los niños conocen desde siempre/
El invisible secreto de la belleza./
Darse al aire y soñar./
DE LA PROFUNDA TAREA
Hokusai pinta una hoja./
Cien años demanda su tarea./
Con paciencia elabora/
las finas nervaduras/
los ínfimos detalles./
Al final se estremece./
Nunca sabremos/
si la hoja o su mirada./
TESOROS
Cavando en la arena su propia tumba/
el amante busca los restos del amor./
Encuentra piedras de colores,/
diáfanos niños de la luz./
Más allá, el río pasa/
arrastrando lentas maravillas./
TATUAJES
El hada que embellece tu cuerpo/
resplandece con intensos tonos de verde/
y la cabellera roja, exalta esa piel,/
intimo pétalo de suaves reminiscencias./
La curvatura del vientre que apenas ondula/
un aire profundo,/
se mece, inquieta, por la proximidad/
abismada de un beso./
Acerco mi rostro y respiro el fruto,/
núbil aún,/
insustancial como el deseo,/
y lleno de gozo como la gratitud/
DYONISOS DESCAMISADO
Entregado a las pasiones de la vida/
chapoteó en el fango de los barrios/
y besó besos oscuros, profundos,/
siempre por primera vez./
Allí educó sus manos,/
en la rapiña de los mercados/
en la habilidad tramposa de sus cartas./
Esas cartas anuncian una mujer del futuro./
Sale del agua como la diosa del amor/
y la noche se hace piel./
El brillo astral recorta su perfil/
en el azul eléctrico de los trópicos./
Es la hermana egipcia,/
la boca delirante de los oráculos,/
la voz del pueblo que sube,/
como el rumor de lo que nace/
de lo más profundo de la tierra./
PAPEL DE PRENSA
El poeta, detrás de su máquina de escribir,/
escribe su negro corazón sobre los gatos./
Escribe historias policiales, en un diario de provincia/
y después del trabajo, durante las noches,/
enciende sus cigarros de caya resinosa./
Con los dedos manchados de marrón/
por el dulce tabaco, escribe sus historias./
Historias de amor./

