Cultura en Argentina (XXX): Credibilidad y justicia, asignaturas pendientes

La ira y la demagogia van de la mano. Se observa en Venezuela, en Cuba, en Bolivia. El estallido armamentista de Hugo Chávez y sus bravuconadas contra Estados Unidos, aprovechando la coyuntura del petróleo, son similares a las de Fidel Castro con Europa al expulsar a los legisladores que llegaron a La Habana para apoyar a los disidentes, o la oposición boliviana, con el cocalero Evo Morales y cierto sector del ejército al frente, que sólo conseguirán sacar al presidente Mesa pero no erradicar la pobreza endémica del país. Todavía no se ha aprendido que las modificaciones de fondo no surgen por ímpetus emocionales, sino por elaborados procesos racionales. Para cambiar la Historia se requiere de la cabeza fría y la mano caliente, como para escribir. Cualquier otro atajo equivale a los espejitos de colores de Colón.

Cultura en Argentina (XXX):

Credibilidad y justicia, asignaturas pendientes

La ira y la demagogia van de la mano. Se observa en Venezuela, en Cuba, en Bolivia. El estallido armamentista de Hugo Chávez y sus bravuconadas contra Estados Unidos, aprovechando la coyuntura del petróleo, son similares a las de Fidel Castro con Europa al expulsar a los legisladores que llegaron a La Habana para apoyar a los disidentes, o la oposición boliviana, con el cocalero Evo Morales y cierto sector del ejército al frente, que sólo conseguirán sacar al presidente Mesa pero no erradicar la pobreza endémica del país. Todavía no se ha aprendido que las modificaciones de fondo no surgen por ímpetus emocionales, sino por elaborados procesos racionales. Para cambiar la Historia se requiere de la cabeza fría y la mano caliente, como para escribir. Cualquier otro atajo equivale a los espejitos de colores de Colón.

Curiosidades vernáculas

También hay demagogos en Argentina. Cumplidos dos años de mandato, Kirchner viajó a Santiago del Estero para conmemorar el 25 de Mayo. Por primera vez desde 1810 un Presidente no asiste al Tedeum en Buenos Aires. ¿Kirchner temía la crítica de Jorge Bergoglio, y en consecuencia buscó un obispo adicto? Estando a pocos meses de las elecciones de octubre, que según sus propias palabras serán un plebiscito a su gestión, no dudó en señalar las virtudes de la descentralización. Lástima que la coparticipación, por la cual las provincias mantienen la obtusa macrocefalia de Buenos Aires, sigue a la orden del día.

Es curioso: Kirchner es uno de los presidentes argentinos que más enemigos se ha ganado entre partidarios y opositores, y en esferas que no le competen, como la Iglesia, el poder Judicial, los que luchan por los derechos humanos de Cuba. Y sin embargo, en su alocución del 25 de Mayo, clamó por la «unidad de los argentinos». Has lo que yo digo pero no lo que yo hago, establece un adagio popular. ¿Lo sugiere también el Presidente?

Cuba es un signo de interrogación. Kirchner decidió no viajar porque volvería con las manos vacías (léase: sin la doctora Hilda Molina), y el costo político sería peor. En un capítulo anterior hice notar que ir no es la cuestión (Castellanos, 29/04/05). Es la cuarta vez que se “posterga” el viaje. Fidel Castro se ha ensañado con la doctora; no tolera que, habiendo sido parte del régimen, haya osado pasarse a las filas opositoras, que sólo anhelan democracia. ¿Dónde se ha visto semejante desatino? El sistema cubano es el de Zanco Panco en Alicia a través del espejo: las palabras significan lo que yo quiero que signifiquen, «ni más ni menos». En cierta medida, la democracia argentina se acerca a ese estado ambiguo en donde hay elecciones libres pero donde, al mismo tiempo, desde la presidencia se alienta la disputa y la crítica a los que piensan diferente, sean periodistas, opositores o, incluso, gente del mismo partido.

Primero Kirchner alentó la «transversalidad», dejando de lado a su propio partido; luego se reconcilió con unos pero alejó a otros, rompiendo el cónclave justicialista del 26/03/04 en Parque Norte; sumó voluntades piqueteras y escindió otras; fustigó al periodismo gratuitamente, acusándolo de sus propios malos modales y sus yerros; terminó con el fantasma inconducente de la transversalidad, y por último, al menos hasta ahora, establece un plebiscito para octubre. Morales Solá hizo notar que es un riesgo innecesario (La Nación, 22/05/05, p. 29). Llama la atención que Kirchner desee distanciarse de Menem, pero durante los diez años de califato lo acompañó sin discutir, figurando en siete listas menemistas y votando a favor de la privatización de YPF.

¿Es el mismo Kirchner quien el 25/05/05 convoca a la unidad de los argentinos y quien el 10/03/05 llamó al boicot contra Shell? ¿Es el mismo quien, a través del ministro Julio De Vido, instigó a los piqueteros adictos para que «hicieran tronar el escarmiento» en la empresa angloholandesa? ¿Es el mismo que ahora dice que los cortes de calles son una agresión para los argentinos que quieren trabajar? ¿El mismo que hasta 2004 sostenía que no había que impedir las protestas callejeras y que dio la orden para que la policía no intervenga? ¿El mismo que subsidió a SW aún sabiendo que transportaba droga? ¿El mismo que fustiga selectivamente al periodismo por “inventar” las noticias? ¿El mismo que eligió seguir de vacaciones cuando los muertos de República Cromagnón aún humeaban y que ahora se encabrita porque la justicia liberó a Omar Chabán? ¿El mismo que avaló el recambio de jueces en la Corte Suprema pero se enardeció cuando esos jueces actuaron con independencia de criterio (léase: con un criterio diferente al presidencial)?

Estas curiosidades, tan propias del tercer mundo, caben en una misma persona por la inefable pero precisa ley del oportunismo. Las elecciones del 23/10/05 serán, ciertamente, un plebiscito, y Kirchner no quiere dejar nada librado al azar. Todo sirve a la hora de recolectar votos. Kirchner ha cruzado el umbral y explota la demagogia con pulso firme. ¿Es creíble después de tantos vaivenes?

No estamos solos

El afán populista obnubila. En Chile algún militar encumbrado no dudó en enviar de maniobras a los Andes a un grupo de conscriptos de dieciocho años con un mes de instrucción y sin equipo adecuado. Más de dos decenas de muertos dan la pauta de la insolvencia moral y militar. La barbaridad sólo es comparable con el caso Omar Carrasco en Argentina, y es de esperar que le signifique a los chilenos lo mismo que a los argentinos: el fin del servicio militar obligatorio.

En España, el gobierno de Zapatero, eximio en otras cuestiones, planteó un acercamiento a ETA, y obtuvo la primera bomba en tres meses en un barrio de Madrid. ¿No ha aprendido Zapatero de sus antecesores? Cada vez que el Gobierno español intentó una tregua para que ETA se desarme, la respuesta fue un nuevo atentado. Seguramente son unos pocos intransigentes, que provocan los atentados justamente para disuadir la gestión gubernamental, pero eso no quita que la experiencia debería incorporarse y no empezar desde cero con cada Gobierno.

La decisión de la justicia argentina en el caso Lariz Iriondo ha puesto sobre el tapete, una vez más, la elasticidad perniciosa de un sistema que se envilece a sí mismo. No es casual, entonces, que la ciudadanía descrea de la justicia. En el capítulo 11 de este libro, Los medios justifican el fin (Castellanos, 08/07/04), daba cuenta de una paradoja: el juez Baltasar Garzón, responsable de haber conseguido la detención de Augusto Pinochet en Inglaterra, solicitó la extradición del etarra Lariz Iriondo por un atentado de 1984. El juez Claudio Bonadío la negó, y los integrantes de Quebracho festejaron, mientras Hebe de Bonafini, Norman Brisky y Osvaldo Bayer se abrazaron, exultantes.

El doble rasero de esta conducta es grotesco. Estos argentinos son los mismos que festejaron cuando Pinochet fue encarcelado. El cinismo acomodaticio argentino pregona una rebeldía infantil y selectiva: Pinochet debe ser encarcelado por genocida, pero Lariz Iriondo debe quedar en libertad por sus atentados con bombas. Ahora España espera un gesto político de Kirchner para que extradite al terrorista. ¿Lo hará el Presidente así como lo hizo con Chile? La demora en resolver el tema despierta la suspicacia: con Chile se trató de un nazi confeso; con Iriondo, de un criminal “de izquierda”.

La misma sociedad que permitió el desastre de República Cromagnon al llevar a menores es la que hoy se lamenta por la excarcelación de Chabán. Resultaría desvergonzado si no fuera en realidad criminal. ¿Cuál es el parámetro de esta sociedad escindida, enferma y complaciente? María Julia Alsogaray fue encarcelada por presiones del ejecutivo, que necesitaba un chivo expiatorio. Pan y circo al mejor estilo romano; el triunfo de la demagogia por sobre la razón y los principios. Y, como se trata de acomodamientos según convenga, y no de bases jurídicas, cuando los nuevos jueces determinan que hay que liberarla surge el escándalo. Nadie, sin embargo, señaló el dislate de la encarcelación. Y, no obstante, nos quejamos de la justicia.

Si la justicia está sujeta a los vaivenes emocionales del Presidente o algunos allegados, no sólo se corrompe la institución sino que además se llega al riesgoso estado del Far West, en donde bastaba que el más fuerte, cuando no la turba enloquecida, determinara un culpable para linchar. Sabemos que eso no es justicia. ¿Lo saben Kirchner, Ibarra, los demás funcionarios y los familiares de las víctimas de Republica Cromagnon?

La ignorancia

Eugenio Zaffaroni le hizo notar a Kirchner que la justicia no es un apéndice del ejecutivo. ¿Cuándo comenzó a independizarse? ¿Con esta puja? De ser así, hay que reconocer valentía en Zaffaroni, Hilton, Argibay y Fayat. Sólo con valentía y convicción se puede salir a contradecir al Presidente que impulsó sus cargos. Pero si no hay consenso, de poco servirán sus voces aisladas. La justicia no es un conjunto de normas, sino una forma incorporada en los ciudadanos. De nada sirven las normas y las leyes si los ciudadanos no las acatan.

La demora de la justicia argentina en resolver los casos de la AMIA, la embajada de Israel, o la explosión de Río Tercero, desnuda nuestra idiosincrasia. Si criticamos la inacción pero al mismo tiempo se sigue premiando a los corruptos, hay algo que no funciona. O bien somos imbéciles, o bien nos seduce autoinfligirnos el barbarismo de la ignorancia. Sea lo uno o lo otro, perdemos nosotros. Mientras tanto el alcoholismo en Argentina ya es considerado una enfermedad pediátrica, y 11.000 profesores de la UBA, el 37 %, trabaja sin cobrar el sueldo (cfr. La Nación, 23/05/05, tapa). Y el Gobierno insiste en aportar sólo el 0,17 % del presupuesto a cultura, frente al 1 % que sugiere la UNESCO. La decisión política es clara: apostar a la incultura. Seguimos bajo la admonición de Sarmiento: civilización o barbarie. Y seguimos eligiendo mal.

© Carlos O. Antognazzi.
Escritor.

Publicado en el diario “Castellanos” (Rafaela, Santa Fe, República Argentina) el 03/06/2005, y en el periódico “El Santotomesino” (Santo Tomé, Santa Fe), de junio de 2005. Copyright: Carlos O. Antognazzi, 2005.